Sol y nieve en es Molinar

Gracias a dos muy buenos amigos, Malén y Luis, descubrí hace unos pocos meses la existencia de un lugar muy agradable -y económico- para ir a tomar un pa amb oli de vez en cuando -por la crisis, muy de vez en cuando-, la freiduría Sol y Nieve, en es Molinar. La pasada semana, la familia que hasta ahora regentaba el local nos dijo que no le han renovado el contrato de alquiler y que, por tanto, no tendrá más remedio que marcharse, e intentar empezar otra vida en otro lugar, que en su caso será en la Península, a miles de kilómetros de aquí. Cuando a mis dos amigos y a mí nos dieron la noticia el pasado domingo, sentimos una gran pena y tristeza, porque el Sol y Nieve se había ido convirtiendo, poco a poco, en nuestro lugar favorito de entre aquellos en los que solemos quedar. El local se encontraba dividido en dos espacios independientes conectados sólo por una puerta en el centro, supongo que como consecuencia de la puesta en marcha de las sucesivas normativas antitabaco, aunque es verdad que ahora ya nadie puede fumar, ni en una parte ni en otra, ni casi ya en ningún sitio. Cada uno de esos dos espacios contaba con una televisión de plasma en la pared. El primero de esos espacios, el que estaba más próximo a la barra, solía estar siempre bastante lleno de gente a la hora a la que solíamos llegar, normalmente antes de las nueve de la noche, y en la televisión podía verse, salvo contadas excepciones, la retransmisión de un partido de fútbol o de un acontecimiento deportivo. En el segundo espacio, en el que nosotros nos sentábamos de manera invariable, a menudo solíamos ser los únicos clientes. En el televisor que correspondía a esa parte del local, era habitual que nos encontrásemos, también salvo contadas excepciones, primero con Bob Esponja y sus amigos, y luego con Los pingüinos de Madagascar, entre otras razones porque siempre había niños mirando la pantalla o corriendo y jugando por allí. Normalmente, pedíamos un pa amb oli de queso, siempre muy bien preparado, y a veces lo acompañábamos de unos chipirones o de una pequeña ración de ensaladilla rusa. Como todo estaba muy bien de precio, cuando nuestra economía se encontraba un poco mejor que de costumbre, incluso nos permitíamos el pequeño lujo de pedir un postre. A Malén, a Luis y a mí nos gustaba mucho ir al Sol y Nieve, esa es la verdad, nos sentíamos muy a gusto allí. A partir de ahora, tendremos que buscar otro sitio en el que podamos sentirnos tan bien, en el que nos atiendan con tanto afecto y en el que los precios sean, además, igualmente razonables. Me temo que no será demasiado fácil. De un tiempo a esta parte, incluso en las pequeñas cosas del día a día, esas pequeñas cosas que a veces nos entregan o nos ofrecen algo muy parecido a la dicha o a la felicidad, también casi todo son ahora malas noticias.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

03

08 2011

1 Agregá los tuyos ↓

El comentario superior es el más reciente

  1. 1

    haces muy bien en hablar de cosas banales,porque lo tuyo no es hablar de cosas serias ya que a menudo dices muchas tonterias,como por ejemplo el otro dia hablando de politica.