Nuestras películas favoritas

El viejo sueño de cualquier buen aficionado al cine, el de poder disponer de una pequeña cinemateca o videoteca esencial en casa, ha sido finalmente posible en estos últimos años gracias a la generalización del uso de los dvd y a la edición en este formato tanto de los estrenos más recientes como de los grandes clásicos de la historia del cine. Dependiendo de nuestras preferencias, de los metros cuadrados de nuestro piso y de nuestras disponibilidades económicas, es posible poder encontrar hoy en muchos hogares de nuestro país una especie de curioso batiburrillo de títulos cinematográficos, en el que suelen convivir sin mayor problema películas consideradas unánimemente como obras maestras, junto con packs con lo mejor de nuestras estrellas favoritas, filmes que no pudimos ver en el momento de su estreno, obras correspondientes a las etapas iniciales del cine, grandes éxitos de taquilla, alguna que otra excentricidad o rareza, y, sobre todo, películas que a nosotros nos gustan de una manera muy especial, aun a sabiendas de que tal vez su calidad no sea excesiva o de que quizás nosotros -y a lo mejor unos pocos seres extraños más- seamos los únicos que amamos esos títulos concretos de una forma casi incondicional, que, por otra parte, es como seguramente deberíamos de amar siempre. En ese último grupo tan específico o peculiar de películas suelen estar incluidas muchas de aquellas que vimos por vez primera en la infancia, tal vez en Sesión de tarde o en Sábado Cine, o quizás en la primera juventud, en algún ciclo de La 2 o en programas como Cine Club. Es cierto que muchas veces compramos ahora esos títulos vistos en el pasado, en nuestro pasado, siendo conscientes de que es posible que hoy no nos vuelvan a gustar tanto como ayer, pero supongo que en el fondo eso no nos importa demasiado. Porque al volver a ver, por ejemplo, toda la saga originaria de El planeta de los simios, o algunas de las películas más exitosas del llamado “cine de catástrofes”, o los títulos esenciales de algún director que nos fascinó o nos enamoró hace años, quien está viendo esa película de nuevo no es, en sentido estricto, el triste adulto que somos hoy, o no del todo, sino más bien lo que queda de aquel niño o de aquella niña que esperaba con ilusión la llegada de cada sábado por la tarde como quien espera también la llegada de los vencejos, de un obsequio o del verano. O también lo que queda de aquel joven soñador de veintitantos o treinta y pocos años que quizás soñaba con llegar a ser algún día director de cine. Tener un dvd en casa con uno de esos títulos, es, en cierta forma, como querer tener siempre a nuestro lado algo que nos recuerde quiénes fuimos en ese momento de nuestras vidas en que tal vez aún éramos dichosos, o en que quizás pensábamos que en un futuro aún podríamos llegar a ser felices.

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09

08 2011

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