Un recuerdo de Simon & Garfunkel

A principios de los años ochenta, mi madre estaba muy preocupada por mí, porque veía que en aquella época yo no tenía, en sentido literal, ningún amigo, nadie con quien poder hablar o con quien salir de vez en cuando a dar una vuelta. Un día, mi madre se puso en contacto con una amiga suya cuyo único hijo se encontraba en una situación personal muy parecida a la mía. Ambas pensaron que quizás sería bueno que los dos nos conociéramos para ver si de este modo podría acabar surgiendo una amistad. Así que, finalmente, un día quedamos ese joven y yo para charlar. Recuerdo que me pareció una buena persona, y recuerdo también que me llamó especialmente la atención el hecho de que a pesar de tener más o menos mi misma edad, unos veinte años, fumaba en pipa. En aquel tiempo, yo creía que sólo fumaban en pipa las personas un poco más mayores. El encuentro fue agradable, charlamos sobre diversas cuestiones, y cuando nos pusimos a hablar de música, él me dijo que su grupo favorito era Simon & Garfunkel. Curiosamente, era un grupo que en aquel momento yo aún no conocía mucho, a pesar de que ya entonces me fascinaba por completo la mayor parte de la música soul, rock, pop o folk de los años sesenta. Fue gracias a un pase en televisión de El graduado y a Radio 80 “Serie Oro” como empecé a conocer cada vez más a este popular dúo norteamericano, que con el tiempo acabó gustándome también mucho. Como es sabido, la excelente banda sonora de esa gran película de Mike Nichols es obra, al menos en parte, de Simon & Garfunkel, con canciones ya míticas como The sound of silence o Mrs. Robinson, aunque quizás la canción que más me gustaba del filme, y seguramente también del dúo, era Scarborough Fair, que más adelante supe que no era una composición suya. Si fuera posible poder vivir en el interior de una canción, como vivimos en una ciudad o en el interior de nuestra mente, quizás viviría en esa hermosísima canción, porque me provoca una agradable sensación de sosiego y de paz, de paz conmigo mismo y con el mundo, porque me arropa y me acoge como lo haría una nana, a pesar de que se trata de una triste y melancólica canción de amor, cuyos orígenes se remontan al siglo XII. Cuando se rodó El graduado, yo tenía apenas tres añitos. Pero si también fuera posible poder vivir en el interior de un año concreto, o tener, al menos, la posibilidad de viajar en el tiempo hasta regresar a él, 1967 no sería un mal año para mí. Cada vez que luego he vuelto a ver El graduado, he sentido que aquella época tenía algo de mágico, de especialmente creativo, algo que luego, muy poco tiempo después, pienso que en cierta forma se acabaría perdiendo, quizás ya para siempre. O yo al menos lo siento así. Aquella amistad que mi madre y su amiga deseaban tanto para sus respectivos hijos no llegó nunca a cuajar, pero no por culpa de aquel joven que conocí entonces, sino seguramente porque en aquel momento de mi vida no sabía aún muy bien qué era lo que quería hacer o qué camino tomar, y por eso prefería seguir estando solo. Pero aun así, siempre estaré en deuda con aquel joven que fumaba en pipa y era una buena persona, con aquel joven que me redescubrió a un gran dúo formado por dos buenos amigos, Paul Simon y Art Garfunkel.

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07 2011

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  1. loli #
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    Recuerdo la primera vez que los escuché en un guateque junto a los que eran mis amigos por aquel entonces.Desde entonces siempre que estoy melancolica me los pongo y siempre termino con alguna lágrima.