Siempre soy el visitante un millón

Si usted es una persona acostumbrada a navegar con una cierta frecuencia por las páginas y por el mundo de Internet, seguramente le habrá ocurrido ya en alguna ocasión lo que a mí. Entra uno en una página al azar, por ejemplo sobre cómo hacerse millonario sin trabajar, sobre los orígenes lejanos y remotos del Australopithecus o -para qué vamos a negarlo- con fotos algo subidas de tono de nuestra actriz o de nuestro actor favorito, y resulta que un pequeño recuadrito situado en el margen derecho de esa misma página nos da la enhorabuena porque somos el visitante… ¡un millón! Preveyendo ya quizás nuestro más que probable escepticismo ante un anuncio así, sobre todo en estos tiempos tan extraños, en dicho recuadrito se nos dice que “no es broma” que somos el visitante un millón, y a continuación se nos indica que si hacemos un “click” justo en ese momento tendremos un regalo seguro e inmediato, que normalmente no se nos especifica. Nunca me he considerado una persona especialmente afortunada en cuestiones del juego y del azar, pero resulta que en todas aquellas páginas en que he entrado y en que ha aparecido un recuadrito semejante, siempre he sido, curiosamente, el visitante un millón, y nunca, en cambio, y por dar una cifra, el visitante quinientos mil o el dos millones y medio o el siete mil setecientos setenta y siete. Así que supongo que por ese escepticismo del que les he hablado, nunca me he decidido a hacer el “click” que tan educadamente se me reclamaba. En el mundo virtual y en gran medida aún desconocido de la red, los regalos, de haberlos, seguramente deben de ser mayoritariamente virtuales, con el riesgo añadido de que uno termine siendo estafado o de que acabe formando parte de una lista de las personas más buscadas por la Interpol. En cambio, en el mundo real, en el de verdad, en el de toda la vida, nada resultaba tan agradecido hace ya algunos años como ser realmente el visitante un millón o el visitante diez millones de, por ejemplo, un destino turístico, una cadena de hamburgueserías o un sex-shop. Estoy seguro de que todos recordamos haber visto en alguna ocasión imágenes de la entrañable llegada a nuestra isla de aquel turista hasta entonces desconocido que, sin él saberlo, había tenido la suerte de completar una cifra millonaria, exacta y redonda, al habernos elegido como destino para pasar sus bien merecidas vacaciones. Así, si resultaba que eras, por ejemplo, el visitante un millón o el visitante cincuenta millones a Mallorca, nada más bajar de la escalerilla del avión te bailaban entonces un bolero o una jota, en Son Bonet o en Son Sant Joan, y te regalaban una ensaimada, y te entregaban un ramo de flores, y te hacían unas fotos con las autoridades de la época. Y además, a lo largo de toda tu estancia te trataban como a un rey o como a una reina. ¡Ese sí que era un buen regalo! En fin. Volviendo de nuevo al triste mundo virtual, por ejemplo al de esta columna, le puedo dar mi palabra de que usted no es, ay, el visitante un millón de este blog, ni tampoco el de una cifra más o menos cercana. Pero no sabe cuánto le agradezco que lo haya visitado. Lo único que siento es que ni los duendes ni yo podamos hacerle también un regalo.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

28

07 2011

2 Agregá los tuyos ↓

El comentario superior es el más reciente

  1. ulls #
    1

    Em record quan jo era petita, la foto del diari d´aquella senyora amb pamela,que de dalt de l´avió,li regalaven el ram de flors per esser la turista…………
    A mi avui m´ha tocat virtualment el regal del millón!No son unes vacances ,ni un ram de roses …però si és un graciós escrit.
    Gràcies per aquesta nova inspiració tan matinera.

  2. 2

    el premio es el virus.=)