Fumando espero

Las últimas estadísticas conocidas nos dicen que en Baleares fumamos más ahora que hace unos pocos meses, cuando entró en vigor la llamada ley antitabaco. Yo, por mi parte, sigo fumando ahora más o menos igual que antes, es decir, nada, pero no creo que este pequeño detalle personal afecte en lo esencial al resultado de dichas estadísticas. Seguramente, en ese incremento del consumo debe de haber influido la bajada de los precios de las cajetillas, pero también pienso que es muy probable que ahora fumemos más porque, por unas razones u otras, cada vez tenemos mayor estrés, cada vez estamos más y más estresados. Y desde pequeñito he oído decir que fumar relaja, aunque también es cierto que ese supuesto beneficio podemos atribuirlo a otras actividades físicas, incluida esa en la que la mayoría de ustedes seguramente está ahora pensando, que es el comer, claro. El poder de relajamiento del tabaco debe de ser, con todo, muy fuerte, porque aunque todos sabemos que fumar no es bueno para la salud, aun así seguimos fumando. Quizás sea porque como decía nuestra querida Sara Montiel en el famosísimo tango Fumando espero, fumar es no sólo un placer genial, sino además también sensual. De la letra de esta muy sugerente canción, tal vez sólo sería hoy cuestionable la parte que afirma que “mientras fumo, mi vida no consumo”, sobre todo si leemos las breves y contundentes advertencias que aparecen en todas las cajetillas de tabaco. Como todos tenemos hoy estrés, incluidos al parecer algunos bancos, quienes no fumamos intentamos superar nuestra angustia, nuestra tensión o nuestro malestar consumiendo, por ejemplo, bollería industrial en cantidades industriales, y valga la redundancia, tomando todo tipo de ansiolíticos, consumiendo alcohol sin medida o cayendo en otro tipo de adicciones igual o más perniciosas. Al igual que ocurre con el tabaco, todos sabemos que, por ejemplo, no es bueno comer un donut tras otro como quien se fuma una cajetilla, pero hay días en que uno ya no puede más, y necesita estar como drogado, aunque sea de grasas saturadas, para poder aguantar cómo le explota laboralmente su empresa, o cómo le agobia su familia, o cómo le deprimen sus amistades dándole sólo malas noticias. Como esta situación no tiene, por ahora, visos de cambiar o de mejorar, he empezado a plantearme muy seriamente el dejar de lado mi ración diaria de chocolate con leche y almendras, y empezar a fumar, aunque sólo sea para que alguien me diga al oído aquello de “Dame el humo de tu boca./ Anda, que así me vuelves loca”, o, ya puestos a soñar, “Corre, que quiero enloquecer/ de placer,/ sintiendo ese calor/ del humo embriagador,/ que acaba por prender/ la llama ardiente del amor”. Aunque cosas así me temo que sólo nos las podía decir nuestra Sarita Montiel.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

17

07 2011

La publicación de comentarios está cerrada.