Este mundo es una ruina

¿Cuánto tiempo hace que no vemos, leemos o escuchamos una buena noticia? Poco más o menos, hará una eternidad. Es abrir la televisión, la radio o el periódico, y ponerse enseguida de mal humor. Así no hay manera de disfrutar del café con leche con cruasán o del pinchito de tortilla mañanero. Es que se te atragantan. Las bolsas caen. Las primas de riesgo se disparan. Los mercados nos asfixian. Paris Hilton ha roto con su novio. A Belén Esteban le embargan un chalet por presunto delito fiscal de 300.000 euros. El gato al agua ya no se mete tanto con José Luis Rodríguez Zapatero. Paris Hilton parece haber encontrado otro nuevo novio. Telecinco e Isabel Pantoja se reconcilian. Esperanza Aguirre dice que no tiene “un p… duro”. Alfredo Pérez Rubalcaba parece ser que ya no se va a llamar así en las próximas elecciones. El bar al que voy siempre no tenía el otro día mi helado de nata y chocolate favorito. Hasta nuestras familias y nuestras amistades más cercanas parecen haberse contagiado, salvo contadas excepciones, de ese clima de pesimismo y de derrotismo general, porque últimamente son incapaces de contarnos ya algo mínimamente bueno, tranquilo, hermoso o esperanzador. Más o menos, como ocurre también hoy con la mayor parte del periodismo de opinión, las tertulias y los programas de debate. En fin, que no salimos de una, y ya estamos o nos metemos en otra. Si una noticia es mala, la otra parece ser aún peor. En nuestro país, raro es ya el mes en que, además, no vivimos un lunes o un martes “negro” a nivel económico, mientras los otros días de la semana no parecen tener tampoco mucho mejor color. Si no fuera por el Alprazolam o por el Tranquimazin, habría días en que no sé si podríamos levantarnos de la cama o recostarnos en ella. Sólo nuestros queridos famosos y famosas de toda la vida -o del último cuarto de hora- no parecen darse del todo por aludidos por esa cascada continua de malas noticias, pues, por lo que vemos, siguen con su intensísima vida cotidiana, con sus fiestas, sus viajes, sus compras, sus amores y sus desamores, y sus canapés. Pero como también es cierto que los “sablazos” son cada vez más difíciles, que las exclusivas no se pagan ya tan bien como antes y que en todos lados parece haber problemas de liquidez, no puedo sino llegar a la conclusión de que es verdad que los ricos también lloran, aunque también sea verdad que las penas con pan son menos. Sea como sea, ese mundo de glamour sigue siendo, aún hoy, muy diferente al nuestro real de cada día. Porque el mundo en el que vivimos la mayor parte de nosotros, parece ser hoy una completa ruina. Tanto, que hay días en que uno quizás sólo desearía poder gritar: “Por favor, paren el mundo, que yo me bajo”.

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07 2011

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  1. Natura #
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    Ja ho deia el meu pare”et poses malalt quan llegeixes els diaris o mires els informatius…”Per tant ,quan llegim els diaris o miram informatius ,”tot es vell i mal de coure” com diu la dita.Si optes per no estar al corrent del dia a dia,per tant no llegir premsa ni informatius,”tot va bé i millora” com diu una altre dita.
    L´escrit està fet amb un to d´humor que m´agrada.Salutacions