Esta noche vi llover

Mis doloridas cervicales casi nunca me engañan. Cuando intuyen que va a llover, se suelen poner tensas enseguida, y entonces me empieza a doler la cabeza de una manera muy característica y especial, a modo de confirmación o de anticipo de la lluvia que muy posiblemente llegará poco tiempo después. Así me ocurrió ayer de nuevo, a media tarde, con el inicio de una fuerte jaqueca, pero entonces dirigí mi mirada hacia el cielo y vi que estaba completamente despejado. Un poco después, volví a mirar al cielo, y sólo vi unas pocas nubes blancas. “¡Vaya, esta vez mis cervicales no han acertado!”, pensé, con una extraña mezcla de duda no desvanecida del todo y de resignación. Pero no, mis sufridas cervicales no se habían equivocado, era sólo que esta vez se habían adelantado un poco en su percepción entre física, mental y adivinatoria. Esta pasada noche, en torno a las tres y media de la madrugada, finalmente empezó a llover. De hecho, fue la lluvia la que me despertó, una lluvia tranquila y suave, que es la que a mí más me gusta. Entonces, como suelo hacer siempre en ocasiones así, la empecé a contemplar desde la ventana de mi cuarto, y luego desde el comedor. Parecía como si ya nos encontrásemos al final del verano, a punto de ver llegar ya el otoño, pero no era así, porque todos sabemos que aún nos esperan semanas y semanas de mucho e intenso calor. Pero bueno, ahí estaba yo esta madrugada, contemplando esa lluvia tranquila y suave que no te impide pasear si quieres hacerlo, aunque no tengas paraguas, esa lluvia que parece acariciar o jugar con las hojas de los árboles, esa lluvia que por unos instantes nos hacer creer que es posible vivir en un mundo un poco más sereno y en paz. Como estaba ya algo desvelado y no podía dormir, encendí la televisión, y justo en ese momento estaba empezando en el canal TCM Clásico una de mis películas favoritas, Rebelde sin causa, del maestro Nicholas Ray. La desdichada y trágica historia de los tres adolescentes protagonistas del filme, Jim (James Dean), Judy (Natalie Wood) y Platón (Sal Mineo), siempre ha conseguido conmoverme, sobre todo por la sensibilidad y la valentía con la que está tratada, y ayer lo vovió a conseguir. Viendo esta mítica película, es inevitable acabar pensando también que en la vida real los tres actores morirían muy jóvenes, sobre todo James Dean, y además de manera también trágica. Cuando la película acabó, aún seguía lloviendo. Estaba muy contento de que la lluvia me hubiera despertado unas pocas horas antes y de haber vuelto a ver Rebelde sin causa. Era una sensación entre melancólica y mágica. Mis pobres cervicales, por suerte esta vez, habían acertado de nuevo.

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30

07 2011

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