Baila para mí

No sé si estarán ustedes de acuerdo conmigo, pero pienso que gran parte de las tensiones actuales, de los “malos rollos” políticos y mediáticos o de la crispación casi continua que a veces parece vivirse en nuestro país, se deben a que, se diga lo que se diga, aquí se hace muy poco ejercicio físico de carácter lúdico. Que se baila muy poco, vamos. ¡Con lo bueno para la salud que es bailar! Yo mismo, cuando estoy un poco tenso o algo nervioso, entro en mi habitación, conecto el equipo de música, me pongo los auriculares y me pongo a bailar. En esos instantes, para sentirme algo más acompañado, me imagino que los peluches que tengo diseminados por los anaqueles de las estanterías también se ponen a bailar conmigo. Y así, de este modo, soy un poco más feliz. En esto del baile y de la danza, yo soy más bien de gustos clásicos, así que sin desmerecer en absoluto los sugerentes movimientos de Kim Basinger en Nueve semanas y media o los de los protagonistas principales de Full Monty en el momento cumbre de la película, mis preferencias cinematográficas musicales se centran, esencialmente, en filmes de excelentes directores como Stanley Donen, Gene Kelly o Vincente Minnelli, que entre otras grandes virtudes tuvieron la de hacer cantar y bailar a los protagonistas de sus maravillosas películas en la calle y en otros espacios públicos. Quizás, por ello, también me he imaginado o me he visto a mí mismo bailando en la calle junto con otras personas, al igual que ocurría por ejemplo en Siempre hace buen tiempo, Melodías de Broadway 1955 o West Side Story. Puestos a imaginar, me imagino también ahora, por ejemplo, a nuestro querido alcalde, Mateo Isern, bailando en el eje cívico de Blanquerna, pero sólo en la parte que aún es peatonal, claro, mientras que nuestra querida ex alcaldesa, Aina Calvo, lo haría en el eje cívico de Santa Catalina, lugares sin duda mucho mejores y más seguros para bailar que, sin ir más lejos, cualquier carril bici de nuestra querida ciudad. Por lo que respecta a nuestro querido president, José Ramón Bauzá, a veces pienso, escuchándole hablar, que debe de bailar mucho, aunque sea en la intimidad, porque siempre le veo afable, sonriente y de buen humor. Es por eso que, muy humildemente, me atrevería a recomendar a la mayor parte de nuestros políticos y tertulianos más mediáticos, que estuvieran algo más en la calle o que, al menos, bailasen un poco más, para ver si así, con algo de suerte, se les podría cambiar un poquito esa cara -o esa prosa- tan avinagrada que casi siempre suelen tener. Creo que fue el maestro Luis García Berlanga quien en una película suya hizo decir a uno de sus protagonistas que, pese a la fama de ser como pueblo una nación de gentes muy alegres, España es, en realidad, un país básicamente de estreñidos, algo que yo diría que incluso parece haber empeorado hoy, a pesar de que cada vez compramos más y más yogures y bebidas de soja… Así que nada, a bailar se ha dicho, o que al menos alguien lo haga para nosotros, como cantaba, hace ya algún tiempo, Objetivo Birmania. “Baila para mí, cha, cha, cha. como tú sabes. Baila para mí, baila y no pares. No es difícil”. Mis peluches y yo, ya lo hacemos ahora para los duendes…

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07

07 2011

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