Los peligros de la pasión

Gracias a la filosofía, al cine y a la literatura, y en ocasiones gracias también a Sálvame Deluxe, ¿Dónde estás, corazón? o incluso a las páginas de las distintas secciones de los periódicos, hemos sido conscientes en mayor o menor medida de los peligros ciertos que conllevan algunas pasiones sexuales o amorosas cuando son llevadas o vividas prácticamente al límite. Sin embargo, hasta ahora parecía faltarnos una base científica sobre la que poder fundamentar esa idea. Por fortuna, desde hace unos pocos meses contamos con el riguroso estudio A detailed look at sex injuries, en el que se nos habla, desde una perspectiva que podríamos considerar como más o menos inédita, de algunos de esos peligros ligados de manera directa a nuestra vida afectiva y sentimental, en concreto, de los relacionados con los posibles daños materiales y lesiones físicas que puede llegar a provocarnos el frenesí amoroso cuando se encuentra más o menos fuera de control, que, por otra parte y valga la redundancia, suele ser, me temo, lo más habitual. Según dicho estudio, los objetos que pueden resultar más dañados durante una noche de pasión y de lujuria son la base de la cama -algo sin duda previsible-, así como también botellas, vasos de vino y tazas de té -nada se dice, en cambio, del café-, además de marcos de fotografías, cajones de las mesitas de noche, floreros, sillas, paredes, puertas y ventanas. Así que en algunas habitaciones, si no se va con un poco de cuidado, una noche de lascivia puede llegar a ser lo más parecido al paso de un huracán o de un ciclón. En el citado estudio, muy completo y detallado por lo demás, se enumeran también los diez lugares que, en principio, serían los más peligrosos para intentar hacer el amor, citándose, por este orden, el sofá, las escaleras, el coche, la ducha, la cama, una silla, la mesa de la cocina, el jardín, el baño y el armario, que es casi tanto como poner seriamente en entredicho la viabilidad de la mayor parte de nuestras posibles fantasías eróticas y sexuales, aunque también es cierto que no se habla, por ejemplo, ni del suelo, ni del cuarto trastero, ni de la lavadora, ni de los ascensores, ni de otros lugares más o menos públicos. En cuanto a las posibles lesiones físicas que podemos sufrir en los momentos de mayor arrebato y ardor, la lista del estudio incluye esguinces de tobillo, torceduras en muñecas y rodillas, magulladuras en los hombros y en los codos, lesiones en los dedos, problemas musculares, molestias lumbares, tortícolis y quemaduras. El estudio nos dice que cada día en el mundo 240 millones de personas hacen el amor, y que al menos un tercio de ellas puede sufrir algún tipo de lesión por este motivo a lo largo del año. Si pensamos que ese impresionante balance de daños y de lesiones de todo tipo puede presentarse tras una sesión de sexo que podríamos considerar como perfectamente normal y tradicional, habrá quienes a partir de ahora reivindiquen como más seguro, con razón, el mundo del fetichismo, el parcialismo, el cuero negro, las ataduras, el sadomasoquismo, los tacones de aguja y el bondage.

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04

06 2011

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  1. postulante a hada #
    1

    Aish… esta costumbre española tan arraigada de separar y que tantos problemas nos ha traído, sobre todo en algún que otro momento de la historia, tendríamos que hacerla desaparecer. Mejor es un conglomerado de cosas, una alianza de civilizaciones erotico-festivas. Por ejemplo: unas ataduras vs unas laceraciones. tacones de aguja vs alguna pequeña hendidura que otra. una sesión de sadomaso vs una visita a urgencias de Son LLátzer…de todas formas, en el estudio faltan moratones, arañazos, un par de bocados…es extraño que no estén incluídos, ¿será que ya no se consideran lesiones? je ne sais pas.