La luz de Jorge Berlanga

En cierta ocasión, la gran pensadora María Zambrano escribió que leer al maestro José Ortega y Gasset “daba ganas de vivir”. Esa valoración tan ajustada y certera la hice mía desde la primera vez que la leí, y desde entonces me ha gustado utilizarla para referirme también a todos aquellos filósofos, escritores o periodistas que han sido capaces de provocar siempre esa misma maravillosa sensación en sus lectores. Jorge Berlanga era, para mí, uno de esos pocos seres escogidos por los dioses que, con sus palabras y sus reflexiones, hacen nuestra vida más agradable, más plena y mejor. En sus textos y en su trato con los demás, Jorge Berlanga irradiaba siempre esa luz que solo poseen muy pocas personas, una luz hecha a un tiempo de bondad, de inteligencia, de elegancia y de amor a la vida. La mirada del autor de Un hombre en apuros, la odisea de un caballero moderno sobre las diferentes cosas que pasan o han ido pasando en nuestro país, era una mirada limpia, a veces algo descreída, pero siempre compasiva hacia los seres más desvalidos o más indefensos de nuestra sociedad. Desde sus inicios como columnista y escritor, había creado para nosotros un personaje literario inconfundible y entrañable, el de un dandi solitario, amante de la noche de Madrid y de su melancólico amanecer, sin suerte con las mujeres, especialmente fascinado por las femmes fatales, al que además los amigos daban algún que otro “sablazo” de vez en cuando, un ser que aceptaba cada una de sus derrotas sucesivas sin perder nunca la compostura, ni la educación, ni esa finísima y brillante ironía británica que le caracterizaba. Jorge Berlanga sabía, como saben los grandes maestros, como sabían también su padre Luis García Berlanga o su hermano Carlos, que solo hay dos o tres cosas sobre las que no hay que reírse nunca: el sufrimiento de los demás, el desamparo de los más débiles y la soledad de quienes no tienen a nadie que les pueda ayudar o acoger. De todo lo demás, en cambio, se puede y se debería de poder hablar o escribir siempre con una sonrisa en los labios. Empecé a leer a Jorge Berlanga en ABC y seguí leyéndole en La Razón. Aún recuerdo aquellas contraportadas en que en ocasiones coincidían Cecilia García y Jorge Berlanga. Qué delicia. Sólo con ver que ese día había un artículo de ambos, ya resultaba suficiente para alegrarme y ponerme de buen humor durante toda la jornada. Ya nunca más podrán repetirse páginas como aquellas. “El mundo en el que vivo es peor desde que ayer Jorge lo abandonó a los 52 años”, ha escrito hoy en El País Marcos Giralt Torrente. Así lo siento hoy también yo. “En los años largos de la transición democrática, la expresión más célebre en la España que amanecía era ‘De Madrid al cielo’. Despacio, sin prisas, como era él, Jorge empezó ayer a recorrer ese camino”, ha escrito, por su parte, Carmen de Carlos en ABC. Estoy seguro de que es así. Es solo que todos los que le quisimos y le admiramos sentimos hoy una profunda pena, porque el cielo, tristemente para nosotros, esta vez no pudo esperar.

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06 2011

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  1. Natura #
    1

    SENTO AQUESTA PERDUA.
    CAL QUE RECORDEM I SAPIGUEM DUR AL DIA A DIA AQUELLA FRASE QUE ENS HA DEIXAT QUE DIU”NO HAY QUE REIRSE NUNCA DEL SUFRIMIENTO DE LOS DEMÀS,DEL DESAMPARO DE LOS MÀS DÉBILES Y DE LA SOLEDAD DE QUIENES NO TIENEN A NADIE QUE LES PUEDA AYUDAR O ACOGER”
    ANIMS