La libertad de todos

El movimiento del 15-M, también denominado de los ‘indignados’, fue desde el momento mismo de su creación muy heterogéneo, si bien las distintas sensibilidades que lo integraban parecían tener, al menos en sus orígenes, el mínimo común denominador de una crítica a las carencias de nuestra democracia y al funcionamiento actual de los partidos políticos, sobre todo en estos momentos de grave crisis económica. Esa fue la idea que impulsó las distintas acampadas habidas en las principales plazas de nuestro país, con las que se podrá o no estar de acuerdo, como se podrá o no estar de acuerdo con algunas de las propuestas iniciales de este movimiento, pero lo que nadie podrá negar es que las primeras iniciativas fueron, tal y como defendieron sus promotores, efectivamente pacíficas. Sin embargo, conforme han ido pasando las semanas, una parte de los ‘indignados’, hasta ahora mínima, ha empezado a protagonizar episodios violentos, que por ahora han culminado con los incidentes vividos hoy en las inmediaciones del Parlament de Catalunya, más propios de grupos anti-sistema o de la kale borroka que no del espíritu inicial del 15-M. Lo que todos hemos podido ver u oír hoy a través de las imágenes de televisión ha sido cómo a nuestros legítimos representantes democráticos, así como a funcionarios y a periodistas, se les acosaba, se les intimidaba, se les impedía el paso, se les empujaba, se les insultaba, se les golpeaba, se les pintaba con spray, se les amenazaba de muerte, y se les lanzaban piedras y botellas. Incluso se ha intentado robar el perro guía a un diputado invidente. ¿Es así como estos ‘indignados’ creen que se mejora una democracia? Yo más bien pienso que es todo lo contrario, que es así como actúan siempre quienes intentan acabar con ella. Nunca ha habido una democracia perfecta, ni en España ni en ningún otro país, y nunca la habrá. Lo que sí puede haber, y de hecho ha habido en los últimos veinticinco siglos, son avances y mejoras, junto con algunos trágicos e indeseables retrocesos. Lo que hemos visto hoy quiero creer que es rechazado radicalmente por los verdaderos ‘indignados’, porque es la imagen misma del terror, de la barbarie, una imagen que nos recuerda o nos retrotrae a la violencia callejera que practicaban los nazis, los fascistas o los estalinistas. Hay muchas cosas que mejorar en nuestra democracia, empezando por la lucha contra la corrupción. Y si hay abusos en determinadas decisiones políticas se deben denunciar, incluyendo una posible actuación desproporcionada de las fuerzas del orden en un momento dado. Pero la “verdadera” democracia sólo puede hacerse y mejorarse entre todos, partiendo del respeto básico y previo a las personas y a la ley, sin que nadie se crea que es el único que está en posesión de la verdad o quiera imponernos, por las buenas o por las malas, su modelo de “democracia” a los demás. Dicho esto, este es, históricamente, un país de indignados. Desde ciertas columnas y medios de comunicación, se lleva inoculando el odio y la total falta de respeto hacia quien no piensa igual desde hace ya muchos años. Curiosamente, quienes han hecho de ese odio y del insulto su seña de identidad, se rasgan ahora farisaicamente las vestiduras ante un ambiente emponzoñado que, al menos en parte, han contribuido a crear. Es deber de todos intentar mejorar nuestra democracia, pero sin que ello suponga vulnerar ni uno solo de nuestros derechos como personas y como ciudadanos. A mí, quienes nunca me representan y nunca me representarán son aquellos que, traicionando el mismo movimiento del que dicen formar parte o el espíritu de lo que debería de ser el periodismo, quieren acabar con la libertad de todos, con nuestra propia libertad.

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06 2011

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  1. Gustavo #
    1

    Comparto tu opinión,sobretodo cuando te refiere a que de esta manera no mejoraremos nuestra democracia.

  2. Hay que hacer un ejercicio real de autocritica. #
    2

    Hay que hacer un ejercicio real de autocritica. La culpa no puede ser siempre de los demas o de algun ente externo y misterioso. El infantilismo al enfrentarse a los problemas es lo que caracteriza de forma ya parodica y patetica estos ultimos acontecimientos. Pero se empezo dando demasiado valor al “papa-estado”, para pedir y para quejarse. Siempre los demas…. Eso es imposible. Simple y llanamente imposible. Sin autocritica no hay credibilidad ni visos de realidad alguna. Tampoco arte: este se basa precisamente en trascender la realidad no en ignorarla por temor y-o desconocimiento.

  3. focus #
    3

    No creo que por unos pocos´antisistema´ que han actuado con violencia hacia algunos políticos se pueda afirmar que el movimiento 15M sea violento, también en una sociedad democrática existen ciudadanos violentos y no por ello se debe pensar que toda la sociedad es así.
    Sin embargo creo que estamos ante un cambio de actitud positivo,el hecho de que sean sobre todo los jóvenes a tomar las plazas y no precisamente para hacer botellón, como estabamos acostumbrados estos últimos años, es sin duda noticia y esperanza.Confieso que me preocupaba y preguntaba a menudo ¿por qué tanto conformismo entre los jóvenes? cuando las cosas están realmente mal, sobre todo para aquellos que no tengan todavía la suerte de vivir ó ser mantenidos por sus padres.Indignados lo estamos todos aunque no acampemos, sobre todo no puedo entender como últimamente se repiten como hipnotizados ciertos cargos públicos,diciendo que hay que bajar los sueldos,trabajar más y subir los impuestos,lo dicen éstos, que seguro ganan más de 200.000 Eu. al año.El capitalismo ha despertado y ha mutado en un virus letal, un cambio que tiene que ver con con una variación en las cuotas de equilibrio entre el mercado y la protección social, un cambio de las reglas de juego, un cambio que ha venido con la intención de quedarse y que va a modificar las condiciones y las relaciones laborales, favoreciendo la precariedad y la explotación, con consecuencias nefastas para toda la sociedad.Quien siga mirando para otro lado o es ciego o es un cobarde.

  4. postulante a hada #
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    Hay que recordarles a estas personas que tomaron Plaza España que precisamente estaban ahí amparados por la “democracia real” que tanto desean. Hmmm…sinceramente a las personas hay que darles una formación académica y cultural sólidas. A esto le llamo yo mear fuera del tiesto, con perdón de la expresión. La indignación como oposición a la instrumentalización del poder es lo normal, es lo único que queda y expresar la indignación es el único espacio de una ética pública. Pero recordemos que la ética del `cabreo´ está basada en la emocionalidad, por tanto desconoce el diálogo y el consenso.
    Yo seguiré esperando que esos indignados salgan enardecidos también por otro tipo de cosas que hay que cambiar, aunque sólo sea para concienciar a la población, que ya es mucho. Recordemos a las personas en situación de vulnerabilidad, a los grandes olvidados: los ancianos y los niños. ¿Cuándo nos indignaremos por ellos?.