Añoranza de la ‘femme fatale’

Gracias al cine, descubrimos que una de las profesiones más entretenidas que podía haber en la vida, al menos en Estados Unidos, era la de detective privado, porque a pesar de algún que otro pequeño sobresalto o de algún que otro moratón o rasguño, no había un solo caso en que uno de esos solitarios y taciturnos detectives no conociera a alguna mujer realmente fascinante y misteriosa, que, normalmente también, solía tener lo que aún hoy solemos denominar como un turbio y muy oscuro pasado. Desde entonces, creo que siempre deseé conocer a una auténtica  femme fatale, a una “mujer fatal” fatal de verdad, como las que empezaron a aparecer en las películas norteamericanas de serie B de los años treinta y cuarenta, o como las que siguieron apareciendo, aunque ya en mucha menor medida, en las producciones de Hollywood de décadas posteriores. Y si entonces era posible encontrar mujeres fatales en el cine, al parecer era también posible poder encontrarlas fuera de la gran pantalla, en el momento más imprevisto o en el lugar más insospechado de cualquier gran ciudad. Como en realidad nunca he sido de mucho salir -aunque en realidad nunca he sido de mucho nada-, no podría decir si ahora hay más o menos mujeres fatales que antes, pero me atrevería a decir que es muy posible que, por desgracia, hoy haya muchísimas menos que en otras épocas, para empezar por culpa de las continuas restricciones en el consumo del tabaco. Una auténtica femme fatale siempre fumaba, sobre todo, ay, en los espacios públicos, por lo que conseguía seducirnos por completo o arrastrarnos directamente hacia la perdición más absoluta y total simplemente en el breve lapso de tiempo que transcurría entre una suave calada y la posterior formación de una voluta de humo. Una auténtica femme fatale solía tener, además, un carácter extremadamente reservado, poco dado a hablar de sí misma o de su vida actual o anterior. No obstante, en su mirada casi siempre era posible vislumbrar pasiones y lascivias más o menos ocultas, propias de las almas más enigmáticas y atormentadas. A veces, una femme fatale podía parecer extremadamente despreocupada y alegre, es cierto, pero esa aparente felicidad solía ser muy a menudo una máscara con la que esconder su tristeza, su melancolía o su soledad. Por lo que respecta a su forma de vestir, ¡ah, su forma de vestir!, no podemos sino decir que era siempre de una extrema y maravillosa elegancia y sensualidad. Vestidos preciosos, ajustados y sugerentes, junto con las mejores joyas y los mejores complementos: guantes, foulards, medias de seda, zapatos de tacón de aguja, y, quizás, una pulsera dorada en uno de sus hermosos y finos tobillos, tan hermosos y finos como sus manos o sus pies. Y los labios siempe rojos, por supuesto, incluso en las películas en blanco y negro. Las mujeres fatales podían ser crueles, rencorosas o malas malísimas, es cierto, pero también las había nobles, románticas y de buen corazón. Nada de ese mundo parece existir hoy ya, ni en el cine ni en nuestra más o menos convencional vida cotidiana. Ahora, aparte de la crisis, casi todo lo que podemos ver o bien es aburrido o bien es superficial, así que uno no puede sino sentir añoranza de cuando, aunque fuera sólo trabajando de detective privado, se podía conocer a una auténtica, fascinante y misteriosa, femme fatale.

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06 2011

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  1. postulante a hada #
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    Es difícil imaginar una película americana de temática criminal de los 40-50 sin una femme fatale. Mujer que no necesita ser diestra con las armas, con o sin un revólver en sus manos, es una amenaza. La femme fatale es peligrosa, porque para el héroe (mejor, antihéroe), más confiado de lo que él mismo supone, es una mujer frágil e inocente. Más importante: es dueña del deseo del protagonista y lo sabe.
    Al menos tres figuras míticas anticipan ya la femme fatale: Eva, Pandora y la menos conocida Lilith. Eva, fue inducida por el demonio en forma de serpiente, para pecar y convencer a Adán de que siguiera su ejemplo. Pandora, obsequiada al titán Prometeo, enamoró a su hermano Epimeteo, y lo convenció de abrir la caja que contiene las desgracias de la humanidad. Y entre los mitos judíos tenemos a Lilith, 1era esposa de Adán, que a diferencia de Eva, fue creada usando suciedad y heces en vez de polvo. Ésta vendría a ser la 1era feminista…se oponía a estar a la sombra de Adán y a usar la postura del misionero, que consideraba humillante…así que huyó del paraíso…Bellas y seductoras, Eva y Pandora son la tentación que pierde al varón. Lilith es la bruja, la mujer emancipada, la que posee una voluntad más allá de la del hombre.
    Mujer contradictoria. Aparentemente fuerte , segura y a la vez con baja autoestima y sensible. Su fatalismo revierte en ella misma. A veces devoradora otras devorada. Desenvuelta y a la vez acorralada. Deseando amar y a la par teniendo miedo a ello. Víctima de sus propias mentiras y trampas. Imposible de reconocer si está del lado del Bien o del Mal. Dominante y dominada. Hmm…muy alejada de las castas heroínas del western, pero eso ya es otra historia.