En una caricia

Por diversas razones, que todos conocemos bien, el mundo -el mundo en el que vivimos- se va convirtiendo poco a poco en un lugar cada vez más inhóspito, cada vez más deshumanizado, y, por tanto, a la vez menos cálido y acogedor, un lugar en el que poco a poco parecen ir ganando un terreno cada vez más importante y más amplio la tristeza, la soledad, las carencias sociales de todo tipo, la desesperación. Y esto me temo que no existe, ay, ningún partido político, ni tampoco ningún candidato ni ninguna candidata, capaz de arreglarlo. Ninguno. Aunque seguramente quizás fue siempre así. En el fondo, uno se acaba ya conformando con que la mayor parte de los gobernantes -o de los jefes- que nos toquen en suerte no lo acaben estropeando todo aún un poco más. Es en esos momentos de escepticismo casi radical o tal vez de un muy profundo desengaño cuando creo que pensamos con mayor intensidad y convicción que el único refugio que tenemos, si por fortuna lo tenemos cuando todo parece fallarnos o cuando nos sentimos más incomprendidos o más solos que nunca, es un refugio que parece encontrarse ubicado únicamente en el mundo de los sentimientos, en el de los afectos interpersonales, en el del amor. Aunque, muy posiblemente también, quizás fue siempre así. Cuando todo parece fallarnos, cuando parece que no hay nada ni nadie a lo que poder asirse o acogerse, seguramente daríamos casi lo que fuera, no por ser millonarios o por tener un trabajo más digno o mejor, sino solo porque alguien nos abrazase muy fuerte de forma prolongada o porque nos acariciase de forma repetida, muy lenta y dulcemente, durante mucho, mucho tiempo. Quizás esto sea así porque en un abrazo o, sobre todo, en una caricia se encuentra todo, o casi todo, lo que en un determinado momento podemos necesitar para seguir adelante, para seguir viviendo, pues en un abrazo o en una caricia se encuentran o pueden encontrarse el deseo, el afecto, la sensualidad, la protección, el cariño, el respeto, el amor, el querer perderse en el alma del otro, la inteligencia, la delicadeza, la ternura, la bondad. Casi todo aquello por lo que vale la pena vivir se halla o puede hallarse, de una u otra forma, en la calidez y en la dulzura de un abrazo, de una mano que roza, de una caricia.

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17

05 2011

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El comentario superior es el más reciente

  1. Ana #
    1

    Completamente de acuerdo Pep!

  2. Vanessa #
    2

    Te mando una caricia virtual, espero que te guste

    http://www.youtube.com/watch?v=dlF3hiudcKg

    Saludos!

  3. loli #
    3

    Cuánta razón tienes,hay veces que tan sólo notar el calor de otra persona ya es suficiente para poder tranquilizarnos.A mí personalmente me ayuda mucho en los momentos que estoy baja de moral.Te mando un fuerte abrazo Pep,hasta pronto.

  4. postulante a hada #
    4

    Aprendí que el abrazo de cualquier persona no me llena porque son abrazos conformistas. Que lo ideal es abrazar y ser abrazado por la persona que uno desea. Me gustan los abrazos largos y profundos porque son la forma más elevada del abrazo. El abrazo sublime, prolongado, afectuoso, abierto, genuino…aquel que expresar amor puro e incondicional.