Las gotas de lluvia

Las gotas de lluvia deberían de resbalar siempre sobre nuestro rostro o sobre las calles de nuestra ciudad, al amanecer, del mismo modo que suenan las notas tristes de una melodía romántica en un piano que escuchamos en algún lugar, a lo lejos, cuando está ya anocheciendo. Deberíamos de buscar y de encontrar siempre las palabras más hermosas para decirlas a las personas que más amamos, las palabras más dulces, las que menos duelen, las que están más llenas de esperanza, de sincera y luminosa esperanza. Eso es lo que, muy posiblemente, siempre deberíamos de intentar hacer. Eso es lo que, muy probablemente, casi nunca logramos, o no hacemos del todo bien, o no como debiéramos. Los enfados, la mayoría motivados casi siempre por pequeñas trivialidades, no deberían de durarnos nunca más de un minuto o, a lo sumo, de dos. Cada vez que nos hemos equivocado en un juicio de valor, cada vez que hemos sido injustos, cada vez que hemos hecho daño a alguien, aun sin querer, deberíamos de pedir perdón. En la vida de cada uno de nosotros debería de haber siempre un recuerdo, como mínimo al menos uno, precioso e imborrable. El tiempo, el tiempo de nuestra vida, debería de ser siempre lo suficientemente largo, o lo suficientemente pleno, para que al marcharnos no echáramos en principio nada esencial de menos de lo que cada ser humano debería de haber vivido o conocido a lo largo de su existencia. Nunca deberíamos de olvidarnos de dar gracias a Dios o a nuestro ángel de la guarda. Las historias de amor, las comedias románticas y las películas del Oeste deberían de terminar siempre bien. Siempre deberíamos de tener tiempo para poder quedar con la persona con la que queremos quedar o para quedar quizás también en soledad. Siempre deberíamos de disponer de tiempo para poder estar más tiempo con la familia o con las amistades, o, cuando se tiene pareja, con la persona con la que queremos estar, con la que queremos compartir nuestra vida. El chocolate y muchas otras cosas buenas no deberían de engordar. Los zapatos de tacón de aguja y las medias negras de seda no deberían de pasar nunca de moda. Los periódicos de papel, las librerías y los cines deberían de existir siempre. No deberíamos de acordarnos de Santa Bárbara -o de las gotas de lluvia- únicamente cuando truena o llueve.

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05

04 2011

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  1. Tu Admiradora Incondicional #
    1

    Tienes razón, debemos tener en cuenta esas pequeñas gotas de lluvia que nos pasan desapercibidas, pero que son lo importante de nuestras vidas.

  2. loli #
    2

    Tenemos que aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida,como contemplar el amanecer y el atardecer,pasear por el campo,el bosque o la playa.Sentir esas gotas de lluvia sobre nuestro rostro,el viento..Escuchar nuestra música preferida,y disfrutar de todo lo que nos proporcione sosiego.Un beso Pep,siempre es un placer leerte.