No siempre lo peor es cierto

De este modo tan positivo y atrayente, No siempre lo peor es cierto, titula la gran historiadora Carmen Iglesias uno de sus últimos libros, que recoge diversos ensayos -todos ellos muy interesantes- sobre distintos momentos de la historia de España. Con la magnífica y elegante prosa y la gran capacidad expositiva que le caracterizan, Iglesias viene a decirnos que tanto si miramos hacia nuestro pasado como si decidimos hacer predicciones sobre nuestro futuro, deberíamos de intentar huir siempre de un cierto fatalismo y derrotismo histórico que, en mayor o menor medida, ha conseguido impregnar y distorsionar nuestra visión de conjunto de la historia de España, que parecería que desde sus inicios sólo ha oscilado entre lo malo y lo peor, cuando todos deberíamos de saber ya en estos inicios del siglo XXI que esa visión tan negativa es, además de injusta, tan sesgada como parcial. Que en nuestra historia ha habido momentos terribles y trágicos nadie lo duda, ¡cómo podríamos dudarlo!, pero también es verdad que hubo otros momentos de los que podríamos enorgullecernos o situaciones dramáticas que con un poco más de suerte, de previsión o de moderación podríamos haber evitado entre todos. Los pronósticos extremadamente negativos que se hicieron sobre nuestro futuro político en noviembre de 1975 no se cumplieron, y gracias a la Transición y al esfuerzo de millones de personas disfrutamos hoy de una de las democracias más avanzadas del mundo, lastrada únicamente por el fantasma de la corrupción. Y honestamente pienso que aquello que es válido para interpretar la historia de nuestro país o de otros países, lo es también para llegar a conocer a cada ser humano en particular. Hay personas que son esencialmente negativas y derrotistas, que lo ven todo siempre negro, sea lo que sea, y la verdad es que, por desgracia, podemos encontrarlas en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana. La visión del mundo de estas personas es unidimensional, en el sentido de que sólo está bien o sólo aceptan lo que únicamente a ellas les parece que está bien o que es aceptable, aunque ello suponga discriminar a las minorías o incluso a la mayor parte de la sociedad. Pero, por fortuna, no siempre lo peor es cierto, y hay también otras personas que representan todo lo opuesto, es decir, la tolerancia, la duda, la reflexión. “No siempre lo peor es cierto” es una expresión que podría ser, además, como una especie de lema que podríamos asumir quienes, por ejemplo, padecemos un trastorno obsesivo-convulsivo (TOC), sobre todo cuando creemos que no hemos cerrado bien el grifo del agua o la llave del gas, o que nos hemos dejado la luz encendida o la puerta de casa abierta, o también cuando nos responsabilizamos y culpabilizamos de prácticamente todos los males que han ocurrido, ocurren y ocurrirán en un futuro en casi todo el mundo. Y sin embargo, es verdad, no siempre lo peor es cierto, ni para quienes padecemos un TOC ni para otras personas que puedan estar ahora enfermas o pasando una mala situación personal, económica, afectiva, social o de otro tipo. No siempre lo peor es cierto.

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03 2011

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