La adoración del pie femenino

Cuando una persona se confiesa como fetichista en mayor o menor grado o cuando lee algún artículo científico sobre esta cuestión, normalmente acaba sintiéndose siempre un poco rara o incluso algo culpable, sobre todo porque no acaba de saber nunca del todo si en el fondo es una especie de “bicho raro” o tal vez incluso algo aún peor, alguien que necesita de forma urgente la ayuda de un buen discípulo o de una buena discípula del gran Sigmund Freud, que muy probablemente es lo que debe de suceder en mi propio caso. Esto último es algo que, además, deben de saber ya muy bien los lectores y las lectoras más fieles de los ‘duendes’, pues cuando el contenido concreto de un determinado artículo lo ha permitido, a lo largo de estos años no han sido infrecuentes las referencias a mi fascinación absoluta por los pies femeninos o por el calzado de tacón de aguja, que, según descubrí en la para mí ya imprescindible Wikipedia, son dos tipos de parafilias distintas, ya que la primera sería en realidad ‘parcialismo’ y la segunda ya sí ‘fetichismo’, por lo que “deben recibir un tratamiento diferenciado por parte de la psicología y la sexología”. Bueno es saberlo, sobre todo para el día en que finalmente acuda al psicoterapeuta y le comente que en lugar de un problema, creo que es muy posible que en realidad tenga como mínimo dos. Las diferentes teorías propuestas hasta ahora para explicar el fetichismo del pie femenino o del calzado de tacón tienen en ocasiones, no obstante, algunos puntos en común, relacionados en mayor o menor medida con el a veces complejo funcionamiento de nuestro cerebro por lo que se refiere a qué es lo que, en determinadas circunstancias o situaciones, puede llegar a despertar en nosotros el interés, la atracción, el deseo o la sexualidad, o por lo que hace referencia a qué podemos llegar a entender como símbolos relacionados de forma directa con el poder, la seducción, la sumisión o el placer. En mi caso concreto, mi cerebro me viene diciendo más o menos desde la adolescencia que, en este contexto en el que estamos hablando ahora, una posible combinación perfecta es la de poder observar -siempre con una gran discreción y respeto, claro- a una mujer portando unas sandalias de altísimo tacón de aguja que dejen al descubierto o permitan entrever la belleza absoluta del tobillo, el empeine, la planta, el talón y los dedos de los pies, sin desmerecer en absoluto, por supuesto, los casos en que se prefiere optar por los stilettos cerrados o por las botas de tacón. Unas medias negras de seda y otros posibles complementos pueden ser también, en este mismo contexto, de una gran ayuda para nuestro parcialista o fetichista -o ambas cosas a la vez- cerebro. Todo ello sin entrar ahora en el ámbito privado de aquellas parejas que tienen la fortuna de compartir ambas parafilias y de disfrutar no sólo acariciando y dejándose acariciar por las manos, sino también por los pies. No quisiera acabar estos ‘duendes’ sin señalar que, por supuesto, una persona no puede ni debe ser reducida nunca a una sola parte de su cuerpo, aunque sea para admirarla, pues una persona es siempre un todo, un ser hecho de cuerpo y alma, y además extremadamente rico y complejo, pero con permiso del gran Sigmund Freud, reclamo mi derecho a seguir siendo, discreta, dichosa y muy respetuosamente, un parcialista y un fetichista modélico.

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06

03 2011

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  1. Catalina Coll i Marí #
    1

    l´ESCRIT CORRECTE ,M´AGRADA LA PART QUE VA DES DE ” NO QUISIERA ACABAR ESTOS “DUENDES”…………………………FINS UN FETICHISTA MODÉLICO”. PEL QUE VEIG LA GENT NO HA ANAT DE COMENTAR AQUEST TEXT….SALUTACIONS

  2. postulante a hada #
    2

    `Fetiche´ era la palabra que designaba una especie de culto religioso o místico que se basaba en la creencia que los objetos materiales podían tener propiedades mágicas o protectoras, claro, hasta que llegó el amigo Freud, como bien dice Pep. Será una de las tantas cosas que son filogenéticas.
    No cabe duda que unos buenos tacones estilizan, son explícitos y agresivos. Es un artículo para mirar y admirar. ¿Qué mujer no se siente una diosa con unos taconazos?, ¿a qué mujer no le gusta saberse el centro de atención de algún hombre o mujer o incluso de su deseo?. Supongo que todos podemos evocar una de las tantas imágenes de los años 40 en las que las mujeres arreglaban la línea vertical de sus medias negras, eso sí, con tacones. O en tiempo de postguerra y hambruna, cuando se pintaban esa línea con carbón para simular que las llevaran puestas.Así que, tanto en vertical como en horizontal, taconazos y si pueden ser de metal…mejor!.

  3. loli #
    3

    Amigo Pep pues soy de las que cuándo se calzan un zapato siempre compruebo su ligereza y flexibilidad,porque como me encanta disfrutar de largos paseos creo que lo primero es la comodidad.Eso sí,para salir de noche,lo ideal cómo no,un poquito de tacón,Las sandalias en verano me encantan,todo depende del momento.Un abrazo.

  4. Natura #
    4

    Me pensava que havies agafat un avió cap a Paris………..gràcies pel teu nou escrit.