El sexo

El sexo. En ocasiones, el complemento necesario para la culminación del amor, para su materialización física, aunque la experiencia o algunas grandes historias de amor nos demuestren que no siempre resulta necesario o imprescindible que dos personas estén juntas para poder vivirlo o para poder sentirlo. El sexo es también a veces, en cambio, sólo la búsqueda del placer por el placer, sin que haya ningún sentimiento que vincule a dos personas -desconocidas o no- que en un determinado momento deciden practicarlo. El sexo. Liberación, pecado, culpa, lucha casi animal, lascivia, represión, ternura, besos, caricias, fantasía, fantasías, fetichismo, perversiones, reproducción, misterio, fascinación, locura, igualdad, vacío, dominación, sumisión, éxtasis. El sexo. Perderse en otro ser, salir de uno mismo, abandonarse, dejar por unos instantes el mundo y todos sus problemas a un lado, demorarse todo el tiempo del mundo en acariciar y en sentir el cuerpo, todos los rincones del cuerpo, de la otra persona, desde los pequeños dedos de los pies hasta quizás el espacio en principio más difícil e inaccesible. O, por el contrario, la inmediatez, la urgencia, la rápida satisfacción del deseo. Y también una manera de mirar, de entonar la voz, de susurrar, de vestir, de excitar, de sugerir, de ocultar, de gemir, de desnudar, de desnudarse. El sexo. Elegancia extrema. Seda, satén, perfumes, fragancias, olores, velas, luz tamizada, lápiz de labios, ropa interior, complementos, zapatos de fino y alto tacón. Las palabras más dulces, más hermosas y más tiernas, y otras veces, en cambio, las más atrevidas, las más fuertes o incluso casi obscenas. Una fotografía, una obra de arte, una canción, un poema, un libro, unas imágenes. En otras ocasiones, también simplemente un negocio, o un problema, una adicción, un delito, una forma de explotación, de abusos, de violencia de género. El sexo. Es suficiente con haberlo imaginado, con haberlo deseado, con haberlo soñado, para haberlo vivido realmente, aunque haya sido en soledad o a pesar de la lejanía del ser amado. El sexo. Es suficiente con haberlo compartido o aun sólo soñado con la persona amada, para tener la sensación, al hacer un balance de nuestra vida, de haber vivido realmente, de no haber dejado nada hermoso ni valioso pendiente.

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03 2011

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  1. postulante a hada #
    1

    El sexo también está encarnado en esa pareja de ancianos sentados en el banco de un parque de cualquier ciudad o pueblo. No llaman la atención de nadie, los paseantes sólo ven en ellos a uno de tantos viejos matrimonios. Dos seres conviviendo en rutina forzosa, aburriéndose resignados. Una vez más, aquí y ahora, lo visible impide ver la honda verdad. Pues la pareja no está en ese banco sino en otro mundo suyo, flotando sobre lo cotidiano. Su silencio está lleno de mensajes; su momento, cuajado de recuerdos convividos, de días memorables y perennes paisajes; por eso las dos miradas ausentes, las sonrisas inefables. Duran pocos instantes. No siempre habitan en esa burbuja; el éxtasis no es sostenible. Pero de esas vivencias sublimadas manan viejas muestras de ternura y caricias, temblores de voz, secretas vibraciones de compenetración bajo la rutina. ¿Y la pasión?, dirán. Sí, parecen abalorios, cuentas de vidrio, pero son diamantes y en su brillo flamea la vida. Así es también la respiración: nada vale menos que una bocanada de aire, pero sólo su repetición constante nos salva de la muerte. Y ni nos damos cuenta. Cae la tarde, los ancianos se levantan con esfuerzo. Cada uno sostiene al otro en el andar vacilante; son doble unidad indisociable. “Están en la últimas”, se compadece un joven deportista que les adelanta velozmente. Pues sí, precisamente, y eso les sostiene. Estos amantes de ahora cuentan con la muerte; por eso cada hora vale tanto…la vivirán a la par, bien lo saben. No durará mucho el que más dure. ¿Para qué?.
    Llevan unidos largos años, o ¿fue el suyo un encuentro tardío que les dio, de repente, segura compañía?, ¡Qué importa!. En el ocaso, cuando ya nada se espera, la llama enamorada enciende otras estrellas de pasión. Aunque el joven deportista, mientras los adelanta, se pregunte qué harán los viejos por las noches. Es demasiado joven para saber que no hacen el amor. Lo son.

  2. Tu Admiradora Incondicional #
    2

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