El Madrid de José Luis Garci

Del mismo modo que pienso que en la literatura española hay un Madrid de Pío Baroja y otro de Benito Pérez Galdós, cada uno con sus propias particularidades y a la vez fácilmente reconocibles, creo que en el cine español hay también un Madrid claramente identificable y muy bien definido, el Madrid de José Luis Garci. Hace unos pocos días, volví a ver Solos en la madrugada, que de nuevo me volvió a gustar bastante, y mientras la miraba volví a pensar que nadie ha fotografiado Madrid con tanto amor y al mismo tiempo con tanta melancolía como Garci. En la citada Solos en la madrugada hay una secuencia nocturna preciosa, mientras escuchamos la bellísima Tell Laura i love her de Ray Peterson, en la que se ven las amplias avenidas de la capital de España, así como también sus plazas y calles más recoletas, o sus carreteras de acceso, todas ellas completamente desiertas, con esa luz amarillenta, tenue y muy pálida de las antiguas farolas, que acentúa aún más, si cabe, la ya de por sí muy melancólica y como desamparada imagen que ofrece cualquier gran ciudad a lo largo de las últimas horas de la noche y hasta las primeras luces de la madrugada. Esa misma sensación de una tristeza al mismo tiempo indefinible y casi infinita recuerdo haberla tenido, también, con El crack, a pesar de que es una película en donde Madrid es fotografiada sobre todo de día, pero aun así, José Luis Garci consigue transmitirnos de nuevo, por ejemplo con imágenes de La Gran Vía y de calles adyacentes a ella, esa misma tristeza y esa misma soledad, del paisaje urbano y de los personajes, que aparecía en Solos en la madrugada y que ha aparecido también en otras películas suyas rodadas en Madrid, que no son todas, pues el otro gran amor de Garci es, como es bien sabido, Asturias, en donde ha filmado, entre otras, You’re the one, Historia de un beso o Luz de domingo, que son tres películas suyas por las que tengo además una gran estima. Su última película hasta ahora, Sangre de mayo, vuelve a tener a Madrid -el Madrid del siglo XIX- y a sus habitantes como protagonistas casi absolutos, como símbolo y reflejo de unos momentos históricos muy complejos que vivió España entonces. Ese Madrid de hace dos siglos, el de 1950, el de la Transición o casi el de ayer mismo han sido recreados siempre con maestría por José Luis Garci, como si fuera el mejor y más aventajado discípulo, en el cine, de sus admirados maestros Pío Baroja y Benito Pérez Galdós, que también amaron Madrid con melancolía.

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03 2011

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  1. Rosa #
    1

    La pelicula es muy buena .Era de lo mejor del cine español que se hacia entonces y el monólogo final de Sacristan una pasada..

    Grande Garci!!

    hablamos de 34 años antes. . .

  2. postulante a hada #
    2

    Otra adaptación galdosiana. Me gusta Garci por varios motivos, uno es que de todos los cineastas españoles en activo, José Luis Garci es uno de los más fieles a la lección aprendida en el Hollywood de la edad dorada, y es fiel a estos criterios cuando añora unas formas narrativas –las del clasicismo– que hoy van quedando en desuso. No sé si es cierto que casi todos sus seguidores somos cinéfilos a la antigua, pero es casi segura que el director ya no exige un espectador pasivo, sino un cómplice. Hacer buen cine a cuenta de recrear la Historia, es harto complicado y hoy día pocos cineastas se proponen una tarea tan necesaria y tan relegada. Y contar la Historia es contar nuestra identidad por mucho que les pese a los gestores de la corrección política.