El placer

Como casi todos somos en el fondo un poco pillines, es posible que si vemos que un artículo o una columna en un diario o en un blog se titula precisamente así, El placer, empecemos la lectura de dicho texto pensando que, muy posiblemente, se hablará de un único tipo de placer, el que algunas personas consideran además que es el placer por antonomasia, el placer sexual, quizás -aunque no sólo- porque ese es el tipo de placer del que, sin duda, más parece hablarse o escribirse desde hace ya algunos años en la mayor parte de medios de comunicación. A veces parece, efectivamente, como si no hubiera otro tipo de placeres, o que, de haberlos, serían en el fondo menos intensos o menos importantes que aquél, algo con lo que seguro que no estarán de acuerdo quienes defienden que existen también, entre otros, el placer de la lectura, el de reflexionar, el de aprender, el que provoca ver una buena película, el placer de la comida -no digamos ya el del chocolate-, el placer de hacer deporte, el de viajar, el de pasear, el de bailar o el de escuchar música, el de descansar, el placer de poder dormir, el de estar en la grata compañía de unos familiares o de unos amigos, el de practicar nuestra afición favorita, el de poder estar tranquilos y en paz con nosotros mismos, o el placer de acariciar y de ser acariciados en una relación en donde hay verdadero amor. La buena salud o la ausencia de dolor pueden ser además -y de hecho son- dos situaciones que contribuyen a que puedan ser realmente efectivos todos los placeres ya citados, a los que podríamos añadir aquellos otros que genéricamente suelen ser denominados como los pequeños placeres de la vida, que yo creo que de hecho podrían llegar a ser considerados como prácticamente infinitos. O casi. Hasta no hace mucho, incluso fumar era un placer, y además “genial” y “sensual”, según nos cantaba nuestra querida Sara Montiel hace ya algunos años, aunque me temo que nuestro querido Gobierno dejó de estar convencido de ello hace ya algún tiempo. Aun así, supongo que nuestro bien amado Ejecutivo sí estará al menos de acuerdo en que un elemento común a casi todos los tipos de placer ya mencionados es el del decisivo papel que juega en la mayor parte de ellos la imaginación, incluido en este caso también el placer sexual, porque es en el reino de la imaginación en donde siempre se pueden hacer realidad todos nuestros sueños, desde nuestras fantasías más secretas hasta nuestros deseos más ocultos, sin que además no haya nada de malo en que en ese reino tan peculiar una persona se sienta atraída por un determinado tipo de belleza, ya sea masculina o femenina, exterior o interior, o en que le fascinen los uniformes que se utilizan en ciertos trabajos, o en que sienta verdadera adoración por unos hermosos pies femeninos y por los tacones de aguja, o en que encuentre a otra persona con la que poder compartir libremente algunas de esas fantasías u otras. Pese a todo lo dicho, el término placer y la búsqueda del mismo han sido, históricamente, dos cuestiones que muy a menudo han estado bajo sospecha o que incluso han sido consideradas directamente como perniciosas o ligadas al pecado. Y sin embargo, el placer, el verdadero placer, creo que sólo es posible encontrarlo en donde estén siempre presentes la inteligencia, la emoción, la creatividad, el equilibrio y el respeto.

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02 2011

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  1. Catalina Coll i Marí #
    1

    MOLT BONA LA DARRERA PART DEL ESCRIT,COMPARTEIX LA MATEIXA OPINIÓ,SALUTACIONS I BON DIA.

  2. Vanessa #
    2

    Hola Josep Maria!

    ¿Qué tal va ese brazo? Espero que mucho mejor y que tengas una pronta recuperación (si es que aún sigues teniendo molestias). La entrada que publicaste cuando, desgraciadamente, tuviste la caída, me ha hecho reflexionar mucho.
    Te dejo unos versos de Rodolfo Serrano que, particularmente, me encantan. Espero que también te gusten.

    Un saludo y que tengas un día de esos alegres que tanta falta nos hacen de vez en cuando.

    OTRA VIDA

    Si mi vida hubiera sido otra, por ejemplo,
    no tendría estos recuerdos del olvido,
    ni la pasión perdida de quererte
    o esas noches
    en que vuelves al filo de los sueños.
    Toda la vida otra se incluiría
    en el minuto exacto en el que leo
    un poema de amores imposibles. El instante
    en el que Dashiell Hammet se resiste
    a dar los nombres que nunca conociera.

    No tendría tu nombre entre las cosas
    que me ocupan los días y el trabajo,
    ni serían tus labios un asunto pendiente,
    ni tu cuerpo
    la voluntad de andar cambiando cosas,
    recuperando tardes, pesadillas
    urbanas, recurrentes como el hilo
    encontrado de Ariadna.

    Si mi vida hubiera sido otra. Y no supieras
    de mi existencia, ni nunca hubieras puesto
    tus ojos en este pobre cuerpo,
    y no hubieras sentido, tal vez entre los besos,
    esa pasión pequeña de quien sabe
    que el amor es tan sólo un arañazo
    que no se cura nunca,
    entonces, pienso ahora, sólo entonces
    mi vida no sería
    tan feliz como ha sido al añorarte.

  3. loli #
    3

    Leerte es siempre un placer Pep.