La luz del amanecer

La luz del amanecer suele ser a veces la señal que indica a los amantes de la noche, a los bohemios, a los trasnochadores, a los jóvenes que unas horas antes salieron con la intención de divertirse o de enamorarse, que quizás haya llegado ya el momento, por el momento, de retirarse a dormir y a descansar. Para otras personas, la luz del amanecer suele coincidir casi siempre, en cambio, con el instante en que se despiertan o en que deberían de despertarse para poder llegar a tiempo a su lugar de trabajo o para poder llevar a cabo todas las actividades que tienen programadas a lo largo de la jornada que acaba de iniciarse. Todas las ciudades del mundo parecen despertarse y desperezarse también con la luz del amanecer. ¡Quién no ha soñado alguna vez con poder estar en esa hora mágica del día en la ciudad mágica con la que siempre ha soñado! Es esa misma luz, la del amanecer, la que desean compartir juntos algunos amantes, mientras se besan, o se acarician, o se abrazan, o se dan mutuo calor. Aunque no siempre es así. La luz del amanecer resulta a veces molesta para quienes han pasado una nueva noche en blanco, porque les recuerda que un día más tampoco han podido dormir, por la soledad, por la angustia o por el dolor, y resulta también molesta para quienes tienen una excesiva sensibilidad hacia la luz, hacia cualquier tipo de luz, o para quienes necesitan que el espacio en donde se hallan se encuentre completamente a oscuras. Otras veces, por fortuna, quien ve llegar la luz del amanecer siente una alegría muy profunda y muy especial, porque mientras observa o siente esa luz sobre su rostro y sobre su cuerpo, es consciente de que ha podido derrotar de nuevo, una vez más, a todos sus demonios interiores, hechos casi siempre de miedos, de obsesiones, de culpabilidades que carecen de un fundamento real, de sinsentidos. Y aunque sea en completo silencio o sin mover apenas los labios, no pocas personas dan entonces gracias a Dios, o lloran por la profunda emoción que sienten, mientras ven cómo va amaneciendo poco a poco y cómo su ciudad se va llenando, a veces casi imperceptiblemente, de la luz, de la vida y de la esperanza del amanecer. De cada amanecer.

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12 2010

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  1. 1

    Buenos días Josep:
    Me ha encantado tu post, yo soy de las que doy gracias al amanecer por ver la luz de mi ciudad un nuevo día más, de las que en ocasiones he pasado una noche en blanco y otras veces he pedido,junto a mi amante, para que no amaneciera, entre caricias y abrazos.
    Denoto un tono romántico y soñador en tu post, ¿te ha tocado la varita de la felicidad?.
    Un abrazo

  2. Tu Admiradora Incondicional #
    2

    Gracias Pep, por volver con nosotros e invitarnos de nuevo a soñar, reflexionar, pensar…………… y verlo todo de otro color.

  3. carlos #
    3

    Por fin, me alegro de que hayas vuelto. Esta mañana he leído el u.h.

    y no he visto tu columna, si ha ésto, le sumamos que llevas muchos

    días sin escribir en los duendes, la verdad, me había preocupado

    mucho. Gracias por volver, un saludo…

  4. loli #
    4

    Pep muy bonito lo escrito,cada amanecer es un regalo que nos ofrece la vida,disfrutemos de cada dia como si se tratara del último dia de nuestras vidas.

  5. postulante a hada #
    5

    Amaneceres en días de Adviento.
    Tras muchos fracasos y muchas noches, asistimos, desarmados a un verdadero Adviento no sólo de la vida religiosa también de la humana, en la que intuimos “el ya, pero todavía no”. Por una parte hay indicios ciertos de una afirmación más poderosa de Dios en nuestro mundo, aunque el imperio de las tinieblas no acaba de ser superado, y nos sentimos aún caminando hacia la claridad de un nuevo día, mientras atravesamos “un largo amanecer”. Y muchas veces el hombre vive largos amaneceres en todos sus ámbitos y creo que cuando el día roza el albor, va a las fuentes para redescubrirse a si mismo, a sus sueños y utopías, el espíritu que les animaba…pero en este amanecer no acabamos de vislumbrar con claridad y nitidez aquella claridad que está ciertamente llegando y cuya presencia aviva nuestra esperanza.
    Y así como todo despierta cuando amanece… no sé si dormisteis alguna vez en el campo, pero cuando uno duerme en el campo pues… al amanecer da la sensación de que todo despierta; si ha habido un río allá al lado… también como que despierta, y el bosque, y el árbol, y … todo despierta. La luz da vida a todo, el amanecer da a todos vitalidad y como que nos hace nacer. Pues así cuando nosotros dejamos que amanezca la luz interior, entonces todo vive por nuestra mirada, todo vive gracias a que nosotros lo miramos y lo miramos sin ningún afán posesivo. El sol no busca poseer nada, todo lo ilumina, pero no busca apropiarse nada, todo vive gracias a él, pero él no vive adueñándose de nada y así tendríamos que estar nosotros en el mundo. Si esa luz ha amanecido en nuestro corazón, veríamos al mundo, veríamos las personas… pero con esa pureza, con esa condición inmaculada que nos devuelve la luz interior, verlo todo sin apropiarnos nada. El sol no tiene que hacerse dueño ni propietario de nada, la dicha del sol es sencillamente la luz, la dicha del sol no está en que ilumine el valle, o la cima de la montaña, o el océano… la dicha del sol es serlo y ésta es también la dicha del que ha encontrado la luz en su corazón. La dicha no está en los objetos, en las cosas, en lo que es extraño a nosotros, en lo que es exterior a nosotros, nuestra dicha es ser luz, nuestra dicha es ser lumbre, nuestra alegría es ser sencillamente una llamarada, lo demás es indiferente. Al sol le es indiferente el árbol, la montaña, el río… ver el mundo con una cierta indiferencia, porque nuestra alegría no viene de las cosas, no viene de los objetos sino que viene de dentro.