El primer amor

Cerca de la entrada de un instituto de enseñanza secundaria de Ciutat, dos adolescentes de unos 14 años -una chica y un chico- mantenían hoy una muy interesante conversación acerca de los sentimientos amorosos de una persona que en esos momentos no se encontraba presente. “A Laura tú le gustas”, afirmaba la chica citada con convicción y rotundidad, mientras que el chico replicaba, algo desanimado, “no, no le gusto”. Tras un breve silencio, la joven volvió a insistir, “que sí, que sí le gustas, de verdad”, mientras el joven siguió con su melancólico escepticismo, “que no, que no le gusto”. Seguramente, la conversación debió de continuar todavía un rato más, pero no pude llegar a averiguar si, finalmente, el chico había acabado convenciéndose de la sinceridad de los sentimientos de Laura hacia él. En principio, no parecía que fuera a ser el suyo un amor tan desgraciado y triste como el de los dos adolescentes más famosos de la historia de la literatura universal, Romeo y Julieta, pero se veía que el chico no lo estaba pasando demasiado bien. Seguro que además debía de pesar en él un poco de ansiedad añadida por la proximidad de las vacaciones de Navidad, por la incertidumbre de no saber si podrá quedar o no con su amada Laura para poder verse algún día durante estas fiestas, o por la preocupación de que quizás pueda conocer a alguien en las celebraciones de Nochevieja y de Año Nuevo. En la adolescencia, suele haber casi siempre una gran urgencia para intentar resolver cuanto antes los enigmas afectivos y amorosos que puedan estar preocupándole a uno en ese momento, como si el tiempo o el mundo se fuesen a acabar de un momento a otro. Esos enigmas son los que hacen que uno duerma mal, o no preste mucha atención en clase, o esté algo más ensimismado que de costumbre cuando se encuentra con su grupo de amigos. En esos instantes, suele agradecerse de una manera muy especial la intervención de algún mediador o de alguna mediadora, como por ejemplo la amiga de Laura ayer, intentando que ese amor adolescente pueda llegar finalmente a buen puerto. A veces suele decirse que nunca se vuelve a estar tan enamorado, con la misma ilusión y la misma fe, que cuando uno siente nacer dentro de sí ese primer amor, y sin duda hay ocasiones en que ocurre así, pero en otras creo que hay personas adultas que se enamoran con la misma ilusión de la adolescencia, ya sea con treinta, cuarenta, cincuenta o más años. Porque cuando nos enamoramos de verdad, yo creo que sentimos muy parecidas emociones, o incluso quizás exactamente las mismas, que las experimentadas en la caótica adolescencia, en ese primer amor.

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12 2010

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  1. Tu Admiradora Incondicional #
    1

    Hola Pep, me gusta tu duende de hoy. Si que es cierto que el primer amor es el más puro y en algún momento nos hace sufrir o dudar, como en el caso del joven que describes. Pero también es muy cierto que el amor en la madurez en muchas ocasiones te hace retroceder a esos momentos de incertidumbre e inquietud de la juventud. No se si es por que lo somos más conscientes de lo que vivimos, después de otras experiencias, o simplemente es por que el amor nos da mágia, vitalidad, la capacidad de volver a soñar, ansia por conseguir a esa persona……… o simplemente es por que enamorarse de verdad es maravilloso, sin contar la edad, el sexo,la raza, y muchos de los impedimentos que a veces nos encontramos. Por el amor somos capaces de hacer muchas cosas que no haríamos por otras circunstancias. Y como soy una romántica empedernida, y me enorgullezco de ello, pienso que el Amor mueve el Mundo. Amar es vivir ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  2. carlos #
    2

    felices fiestas pep a tí, y por extensión a todos los fans de los

    duendes.A ver si el año que viene entre todos conseguimos que pep

    escriba más y resuelva sus problemas con u.h. Animo y un prospero 2.011

  3. Emejota #
    3

    ¿Quién es u.h.? ¿unstituto de hacienda????