Un cuadro misterioso

De vez en cuando, justo al lado de los contenedores que hay ubicados frente a la puerta de casa, aparecen algunos trastos viejos que algún vecino ha optado por depositar allí, no sabemos muy bien si por comodidad o porque duda de la eficiencia del servicio específico de retirada que puso en marcha Emaya hace ya algunos años. A veces aparece algún somier, otras aparecen colchones, butacas, cortinas, cómodas, e incluso también algún televisor o alguna lavadora. Hoy ha sido uno de esos días, en el que lo que de verdad ha llamado mi atención entre diversos objetos abandonados junto a los contenedores ha sido un cuadro de mediano tamaño en el que aparecía el retrato de una niña pequeña que lloraba, con dos lágrimas que le caían de la mejilla izquierda y una de la mejilla derecha. La niña, de unos tres o cuatro años, miraba directamente a los ojos del retratista, y, por tanto, dirigía también su mirada hacia cualquier posible observador de ese extraño y misterioso cuadro. He estado contemplando ese oleo durante unos segundos, como estoy seguro de que le habrá ocurrido también a lo largo del día de hoy a cualquier otra persona que haya pasado por el lugar y lo haya visto igualmente. Mientras lo estaba mirando, y después, me he estado preguntando quién debió de ser la persona que inmortalizó la tristeza de esa niña, tal vez su padre o su madre, o algún otro familiar, o a lo mejor un ser por completo desconocido para ella, aunque luego he pensado que ni siquiera podía estar seguro de que ese retrato se hubiera inspirado efectivamente en un modelo real. Aun así, también he sentido curiosidad por saber qué podría haber movido al autor o a la autora a pintar una obra de estas características, porque creo que hasta ahora nunca había visto el retrato de alguien llorando, y al mismo tiempo me he preguntado qué debió de ser lo que provocó las lágrimas de la pequeña, que de existir realmente quizás sea ya hoy una mujer adulta, y a lo mejor más o menos dichosa y feliz, que no se acuerde ya de ese cuadro o de qué fue lo que lo motivó, aunque tampoco de esto podamos estar seguros. Para ninguna de esas preguntas he encontrado una respuesta que pudiera ser considerada por mí como satisfactoria, ni siquiera para el hecho de que ese cuadro haya sido abandonado junto a un contenedor justo esta misma mañana, en un domingo soleado de este mes de noviembre. El misterio que esconde ese cuadro y los interrogantes que ha suscitado en mí seguramente quedarán ya sin respuesta para siempre. Nunca sabremos por qué alguien decidió pintar un día un cuadro de una niña pequeña que lloraba, de una niña triste que todavía hoy, tanto tiempo después, aún llora.

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07

11 2010

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