Los miedos que nos atenazan

Es posible que incluso la persona más valiente pueda llegar a vivir atenazada en algún momento de su vida por algún tipo de miedo, por alguno de los miedos que suelen afectarnos a la mayor parte de seres humanos, y quizás hoy más que nunca, en una situación de crisis e incertidumbre económica desconocida desde hacía décadas en prácticamente todo el mundo. Miedo a sufrir, al dolor, a la enfermedad, al sentimiento de culpa, a perder el trabajo, a no poder encontrar uno, a nuestra propia pobreza, miedo a la soledad, al desamor, a envejecer, a no ser aceptados por los demás, a la posible pérdida de los seres queridos, miedo a amar, miedo a vivir, miedo a morir, miedo al propio miedo. Cuanto más tenemos o más creemos tener, más suelen ser los miedos que hacen acto de presencia en el interior de nuestra mente, siempre tan misteriosa e indescifrable, aunque sólo sea para recordarnos lo frágiles, lo extremadamente frágiles, que somos o que podemos llegar a ser en muchas ocasiones. Sin embargo, pese a esa evidencia, rara vez solemos reconocer ante los demás que, efectivamente, tenemos tal o cual miedo, tal o cual inquietud, por el temor -otra vez el miedo- a no ser entendidos, a ser marginados, a ser olvidados. Vivimos en una sociedad por regla general tan competitiva y despiadada, es decir, tan inhumana y desquiciada, que, paradójicamente, cualquier posible gesto de duda, de reflexión, de rebeldía, de compasión hacia los demás o de simple honestidad por nuestra parte, puede ser entendido como un gesto de debilidad, de flaqueza, lo que puede suponer de forma casi automática algún tipo de sanción o de castigo por no haber sabido estar a la altura de lo que buena parte de la sociedad exige hoy de nosotros. Hay que sonreír, siempre sonreír, hay que fingir y disimular, que de esto último se sabe además mucho en ciertos estratos sociales, políticos y mediáticos de nuestro país y de nuestra isla, y seguramente también de otros países. Hay que sonreír, siempre sonreír, como en las fotografías de personas famosas que salen en las revistas de papel couché. Hay que sonreír, siempre sonreír, y, sobre todo, emulando a las grandes estrellas de Hollywood, enseñar la dentadura. Pero si no queremos sonreír de esa forma, si sólo queremos hacerlo en privado, ante las personas que de verdad significan algo para nosotros, también podemos hacerlo. En última instancia, tenemos la libertad de rechazar todo aquello en lo que no creemos, y de intentar luchar siempre, siempre, contra nuestros propios miedos.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

04

11 2010

4 Agregá los tuyos ↓

El comentario superior es el más reciente

  1. Ana Recio #
    1

    Me siento tan identificada con el duende de hoy….

  2. Marian #
    2

    Tener miedo es tan humano… Por suerte a veces contamos con personas a nuestro lado que nos infunden valor, con su apoyo, su cariño o su amor. Dejando a un lado sus propios miedos, nos ayudan y nos animan. Gracias.

  3. Catalina Coll i Marí #
    3

    veritablement és ben humà tenir pors ,molt ben descrit ,salutacions

  4. Tu Admiradora Incondicional #
    4

    Muy buen artículo, como siempre todo muy bien expresado en pocas palabras. Gracias.