Lo que nos quita la vida

De algún modo, creo que todos tenemos ya más o menos asumido que nuestros médicos de cabecera tienen razón, que para tener la opción de poder vivir muchos años y además en buenas condiciones físicas es necesario combinar una buena alimentación, un poco de ejercicio físico, algo menos de sedentarismo y no acumular demasiadas tensiones ni estrés. Si a ello le añadimos el no fumar o el no consumir alcohol en exceso, parece abrirse entonces ante nosotros un futuro verdaderamente esplendoroso, marcado por la longevidad, la dicha y un bienestar casi absoluto. Por otra parte, he de reconocer que no estoy en condiciones de discutir que una tensión arterial alta o un exceso de peso, o de colesterol, son hechos perjudiciales o nocivos para nuestra salud, entre otras razones porque yo mismo los sufro. Pero pese a ello, en el fondo creo que los factores decisivos que de verdad nos acaban quitando o acortando la vida, o que poco a poco van minando de forma irreversible nuestro sistema inmunitario, son otros distintos. Tanto o más que las grasas saturadas, la bollería industrial o la contaminación medioambiental, creo que pueden llegar a afectar muy negativamente a nuestra salud la intransigencia y los prejuicios -los propios o los de los demás-, la intolerancia, la cicatería, el sentimiento de culpabilidad, el miedo continuado, la falta de afecto, la ausencia de compañerismo o de solidaridad, la hipocresía o la doblez, y quizás sobre todo esta última, es decir la posibilidad de tener ante sí a la maldad más absoluta disimulada bajo la apariencia de una dulce sonrisa. La mayor parte de malvados, de maltratadores de cualquier tipo, tienen siempre dos caras, la inmaculada, que es la que ofrecen a la mayor parte de personas, y la brutal, que es la que padecen los seres más próximos a ellos, cuando no hay luces ni taquígrafos para poder dar cuenta de su iniquidad. En este grupo tan especial de personas manipuladoras y verdaderamente temibles podríamos incluir a los padres que destrozan la vida de sus hijos o la de las posibles parejas de sus hijos, y a los hijos que destrozan la vida de sus padres, así como a algunas personas de nuestro posible entorno laboral, político o personal más próximo e inmediato. Creo que todos o casi todos hemos conocido a personas así, e incluso es posible que en algunos casos alguno de nosotros se haya llegado a enamorar o incluso haya llegado a amar a una persona de la que, en el mejor de los casos, ahora sólo podríamos decir que, como mínimo, nos parece cruel y desalmada. A veces, cuando echamos la vista atrás, no deja de sorprendernos cómo dichas personas pudieron llegar a engañarnos de tal modo o a producirnos en algún caso un daño psicológico o incluso físico casi extremo. Por todo ello, creo que si bien podemos afirmar que todo lo que no sea intentar llevar una vida más o menos sana perjudica nuestra salud, también es posible que lo que al final o en último término nos acabe acortando o arrebatando la vida sea el sentirnos solos o desamparados o la existencia de las malas personas que nunca se presentan como tales, que son como las meigas, que se crea o no en ellas haberlas haylas.

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11 2010

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  1. Tu Admiradora Incondicional #
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    No puedo estar más de acuerdo contigo. Podríamos aplicar el refrán ese que dice “no es oro todo lo que reluce”, por desgracia tampoco “somos todos lo que en principio aparentamos”, en fin que hay mucho “zorro disfrazado de ovejita”, pero por suerte en algunos casos todavía no hemos perdido la fe en el ser humano, por que buenas personas haberlas haylas, y creo que poder disfrutar de su compañía, no se si nos alarga la vida pero seguro que estás de acuerdo conmigo en que la hacen menos gris,más interesante y agradable. Doy las gracias tener la suerte de conocer alguien así, yo también intento que las personas de mi alrededor se sientan bien. Creo que es el mejor ejercicio que podemos practicar ¿no te parece?

  2. Emejota #
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    Excelente resumen del debate, pero me gustaría conocer tu conclusión.
    Siento que te hayan hecho daño, pero también opino -hace años que te leo- que tú eres una persona muy sensible y muy tierna. La perfecta víctima. Un saludo.