Hablar del tiempo

Durante décadas, yo diría que incluso durante siglos, hablar del tiempo fue un recurso ideal para poder hablar de algo, bien con un desconocido o bien con alguien con quien no se tuviera excesiva confianza, cuando en realidad no se quería hablar de nada en concreto. Esa época la llegamos a vivir también las personas de mi propia generación hasta hace apenas unos pocos años, cuando coincidíamos con alguien en un ascensor, cuando esperábamos en la consulta del médico o cuando nos topábamos con algún vecino de forma inesperada. La breve conversación, entre meteorológica y climatológica, solía ser mucho más fácil si en ese momento nos encontrábamos en el verano o en el invierno, pues siempre se podía decir que hacía bastante más calor o más frío, o mucho menos, que el año anterior, reflexiones sobre las que, además, solía existir casi siempre unanimidad entre las distintas personas reunidas en el ascensor, en la consulta o en la escalera de casa. Hablar del tiempo en primavera o en otoño era, en cambio, normalmente algo más comprometido, por su propia indefinición, pero casi siempre se podía salir del paso de forma más o menos airosa y digna diciendo que se notaba que pronto llegaría ya el verano o el invierno. En cualquier caso, todo esto cambió cuando, a partir de un determinado momento, los científicos empezaron a hablar de la existencia de un gran agujero en la capa de ozono. A partir de entonces, y cada vez más, ya nada volvió a ser igual. Ahora, cuando tenemos ganas de hablar de algo durante un buen rato, incluso con las personas con las que tenemos mayor confianza, podemos hacerlo durante horas y horas charlando tranquilamente del tiempo, por ejemplo del cambio climático, o de que la temperatura del agua va subiendo “x” grados cada año, o de que hay gigantescos trozos de hielo que se separan de otros aún mayores y empiezan a navegar solos, o del efecto invernadero, o del incremento de las catástrofes naturales -huracanes, inundaciones, desertización- por culpa del daño causado a la naturaleza por los propios seres humanos. Es cierto que en nuestro querido país continuamos hablando mayoritariamente, aún hoy, sólo de fútbol y de política, pero teniendo en cuenta que ello suele provocar o favorecer que nos sigamos tirando los trastos a la cabeza, de momento sólo en sentido metafórico, yo creo que sería bueno, e incluso quizás necesario, hablar cada vez más de nosotros mismos, de nuestras vidas, de lo que nos preocupa, de sentimientos, y, por supuesto también, de cómo ha cambiado y seguramente cambiará el tiempo.

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11 2010

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  1. loli #
    1

    Supongo que hablar del tiempo resulta mucho más fácil que abrir nuestros sentimientos a personas que van de paso y más cuándo cada vez más solitarios nos encontramos a pesar de estar rodeados de personas.Creo que cuánto mayor es la ciudad más solitarios nos sentimos.

  2. carlos #
    2

    josep donde estas ? necesitamos tus cronicas, no nos olvides.un saludo gracias.

  3. Tu Admiradora Incondicional #
    3

    Sí, eso digo yo también, nos tienes abandonados. Espero te encuentres bien.

  4. Liliana #
    4

    PEP!!!! DONDE TE HAS METIDO????
    EXTRAÑAMOS TU DUENDE…

  5. Marian #
    5

    Me sumo a las peticiones de que vuelvan los Duendes. No te olvides de tus lectores!! Qué pasa con la Navidad, la lluvia, los reencuentros familiares, los desencuentros, la alegría, los niños, la melancolía… si tu no nos hablas de ello? Un abrazo.