Un bronce con sabor a oro

Mi bandera constitucional de España lleva casi tres meses seguidos en el balcón de casa, aguantando todo tipo de condiciones y de circunstancias meteorológicas variables, como sol, lluvia, viento, humedad, calor o frío, e incluso otro tipo de adversidades, como polvo, manchas o suciedad, motivadas por las obras que hay en mi calle, pero ahí sigue, resistiendo heroica y también -todo hay que decirlo- algo descoloridamente. Colgué la bandera en la barandilla del balcón con motivo del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, la mantuve durante el Mundial de Baloncesto masculino de Turquía, y la seguí manteniendo durante el desarrollo del Mundial de Baloncesto femenino de la República checa, que acabó ayer con la obtención de la medalla de bronce por parte de la selección española, tras vencer, en un gran partido, a Bielorrusia. A lo largo de los días que ha durado este campeonato, me he podido ir familiarizando poco a poco con los nombres hoy ya históricos de Amaya Valdemoro, Nuria Martínez, Alba Torrens, Marta Fernández, Anna Montañana o Sancho Lyttle, que ya habían jugado un partido épico en cuartos de final contra Francia, que necesitó además de una prórroga, entre otras razones porque las jugadoras galas realizaron un partido excelente, justo es también reconocerlo. En el encuentro de ayer, nuestra selección no sufrió tanto, o eso me pareció a mí como espectador televisivo, aunque también es cierto que recuerdo haber visto al entrenador, Juan Ignacio Hernández, santiguándose en algún momento un poco complicado del match, así que si bien no tuvimos ningún tipo de ayuda arbitral en este encuentro, siempre habrá quien piense que algún tipo de ayuda sí recibimos en los instantes más críticos desde otras instancias sin duda más elevadas y muy posiblemente también extradeportivas, instancias que, por otra parte, suelen ofrecernos siempre su ayuda cuando ésta resulta más necesaria. Opinión que no sé si compartirá Ramón Trecet, mítico periodista a quien había perdido la pista desde hacía algún tiempo y a quien felizmente pude escuchar de nuevo en la retransmisión de cada partido. Por tanto, para mí todo ha sido positivo en este Mundial, excepto el poco tiempo o espacio que los medios de comunicación hemos dedicado a este importante evento deportivo, que ha sido sensiblemente menor al que dedicamos cuando tuvo lugar el campeonato masculino hace unas pocas semanas, así que cuando se habla del largo trayecto que aún queda por recorrer en el camino hacia la plena igualdad, resulta inevitable fijarse todavía hoy en lo que ocurre por ejemplo en el campo del deporte. Yo, por mi parte, me emocioné ayer igual y del mismo modo que lo hago siempre con cada triunfo de la selección, sea la de fútbol o la de baloncesto, sea la masculina o la femenina, y hoy, con más motivo, sigo manteniendo mi descolorida bandera en el balcón, después de una nueva jornada de felicidad, de alegría y de gloria.

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04

10 2010

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