Mi Jerry Goldsmith preferido

Uno de los temas para mí más bellos del músico Jerry Goldsmith -y considero que compuso muchos realmente extraordinarios- es el que podemos escuchar en los títulos de crédito de Río Lobo, película que debemos a otro gran maestro, éste en el campo de la dirección cinematográfica, Howard Hawks, autor además de una de mis películas favoritas de todos los tiempos, El Dorado. Cada vez que escuchamos una canción que nos emociona profundamente o cada vez que más adelante luego la recordamos, creo que no debería dejar de sorprendernos nunca ni de maravillarnos el gran poder de evocación que sin duda puede llegar a tener una composición musical, como ocurre, precisamente, en el caso del citado tema de Jerry Goldsmith con el que empieza la última obra que dirigiría el gran Hawks, perfectamente interpretado a la guitarra por Gregg Nestor. Es esa una composición tan profundamente triste como, al mismo tiempo, sosegada y hermosa, que evoca un mundo desaparecido ya para siempre, un mundo que, en algún momento y llevados por nuestra imaginación, podemos llegar a pensar que alguna vez fue también, en cierto modo, el nuestro. Pues así como sin duda hay psicólogos capaces de hipnotizarnos y de hacernos retroceder en el tiempo, descubriéndonos quizás una vida anterior que no recordábamos o que tal vez desconocíamos, existen también canciones que cuando nos dejamos llevar por sus notas y acordes, nos pueden ayudar a “descubrir” también una vida pasada que hasta ese momento no recordábamos o igualmente desconocíamos, que en el caso de Río Lobo podría ser, quizás, la de una infancia o una primera juventud vivida en algún pueblecito perdido del Oeste, con los abuelos maternos, seguramente propietarios de una tienda de ultramarinos. Una infancia o una primera juventud marcada por el hecho de haber sido testigos de algún robo y de algunas pocas peleas en el Saloon del lugar, y de la presencia de un sheriff honesto, y de la constante llegada de diligencias. Una infancia o una primera juventud con el recuerdo de nuestro abuelo fumando un cigarrillo en el porche y de nuestra abuela descansando en la mecedora, mientras nosotros mirábamos las estrellas en la noche, o nos resguardábamos de la lluvia y del viento, o percibíamos fragancias y olores que ya siempre nos acompañarían. Uno de los mejores discípulos del filósofo José Ortega y Gasset, el también pensador Antonio Rodríguez Huéscar, decía que las películas del Oeste recogen la épica de un país que estaba naciendo, con todo lo bueno y todo lo malo que ello conlleva siempre. De alguna manera, todos los que vimos esos westerns en la infancia formaremos ya parte, para siempre, de aquel país, que Jerry Goldsmith también nos daría a conocer con su música, con extraordinarias bandas sonoras como las de Río Conchos, El planeta de los simios, El detective, Star Trek, Chicago en rojo o Desafío total. Un país que también se encuentra en los hermosísimos acordes de esa guitarra que parece llorar en la noche al inicio de Río Lobo.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

18

10 2010

La publicación de comentarios está cerrada.