La gran valía de Manuel Alexandre

Como ha escrito hoy Antonio Astorga en ABC, “le hacíamos inmortal”. Quizás por ello creo que la muerte del gran Manuel Alexandre nos sorprendió ayer un poco a todos. Poco importa que tuviera ya 92 años. Le queríamos tanto desde hacía tanto tiempo españoles de muy diversas generaciones, que yo creo que en el fondo confiábamos en que con un poco de suerte podría llegar a ser una persona largamente centenaria, lo que permitiría que pudiera continuar siendo, de algún modo, esa especie de abuelo afable y cariñoso que ya era desde hacía tiempo para muchos de nosotros, un abuelo en el que era posible encontrar buena parte de los rasgos que caracterizaron muchos de sus papeles en el cine y en la televisión. Así, en Manuel Alexandre veíamos o podíamos ver a una persona irónica, inteligente, tierna, enamoradiza, desvalida a veces, dubitativa otras, insegura en ocasiones, e incluso un poco pilla o atrevida en algún momento, a la vez que inmensamente escéptica, lo cual no es en absoluto un mal modo de intentar afrontar con la máxima dignidad posible una vida entera, tanto a nivel personal como profesional, sobre todo si esa vida se ha desarrollado durante la práctica totalidad del convulso pasado siglo XX español. Todo ello acompañado, en su caso, de una presencia como actor y de una voz y una entonación que podemos considerar sin duda como muy peculiares e inconfundibles. Manuel Alexandre fue lo que en nuestro país se suele denominar normalmente como actor secundario, al igual que otros grandes como José Orjas, Cassen, Julia Caba Alba, José Isbert, Manolo Morán, Rafaela Aparicio, Antonio Garisa, Gracita Morales o Agustín González, todos ellos tristemente también ya desaparecidos. Pero en esa calificación de “actores secundarios” no había, por supuesto, ningún demérito hacia su valía o su saber interpretativo, extraordinarios en todos los casos citados y en otros, sino sólo una manera de señalar que rara vez llevaron a cabo papeles protagonistas en la mayor parte de obras en las que intervinieron. Aunque en el fondo, seguramente, poco importa. Dos de mis películas favoritas, lo son no sólo porque considero que son verdaderas obras maestras en su escritura y en su dirección, en concreto, Plácido, de Luis García Berlanga, y Atraco a las tres, de José María Forqué, sino también porque en ellas aparecían algunos de los actores y de las actrices ya citados, afortunadamente, por cierto, junto a otro grande de aquella irrepetible generación, José Luis López Vázquez. Es cierto que desde ayer Manuel Alexandre no está ya físicamente entre nosotros, pero estoy seguro de que en ese mundo de los sueños y de los recuerdos en el que están presentes todas las artes, y por supuesto también quienes han dedicado su vida a ellas, vivirá ya para siempre nuestro admirado, querido y respetado actor, y será, como son siempre todos los grandes artistas, verdaderamente inmortal.

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10 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    Recomiendo “¿Y tú quién eres?” de Antonio Mercero, por dos motivos. Uno es porque en ella Alexandre sí es actor protagonista y junto a José Luís López Vázquez salvan una predecible y blanda película sobre el Alzheimer -recordemos que este es el año Alzheimer, este es el segundo motivo- donde se muestra la realidad de la enfermedad, con todo su dramatismo, pero punteada con elementos de humor, tragicómicos, que la hacen más digerible. Y porque habla del necesario espíritu de sacrificio en el amor, no se puede querer sólo cuando las personas gozan plenamente de todas sus facultades, el cariño se demuestra en las situaciones difíciles.