El Vargas Llosa periodista, también maestro

El primer artículo leído en El País del que guardo recuerdo fue uno publicado por Mario Vargas Llosa a principios de los años ochenta, en el que criticaba que el autor alemán Günter Grass no defendiera para los países de América Latina el mismo modelo de democracia que entonces era posible disfrutar ya en la mayor parte de países occidentales, incluida España, modelo en el que el propio Grass creía. La argumentación de Vargas Llosa en favor de la democracia en todas las naciones de Hispanoamérica, incluida por supuesto también Cuba, era impecable, y con el mismo tono respetuoso con el que ha tratado siempre a las personas que tenían o tienen un punto de vista político o literario diferente al suyo. En aquella época, mi situación económica y la de mi familia era especialmente delicada, pero el impacto de ese artículo fue tal para mí, que en aquel momento decidí que siempre que tuviera unas pocas pesetillas compraría El País o el ABC, el otro gran periódico nacional que me gustaba especialmente, en ese caso concreto por su reconocido interés por la cultura y también por las ‘terceras’ del filósofo Julián Marías y de otros grandes escritores, incluido también el autor de La ciudad y los perros. Fue aquel excelente -y lejano ya- artículo de El País uno de esos textos que son capaces de crear fidelidad a un periódico, como así ocurrió en mi caso, así que cuando mi situación económica mejoró un poco algunos años después, compraba siempre ambos diarios cada día, pues eran para mí como dos pequeñas grandes universidades a distancia. Fue precisamente en el ABC en donde recuerdo haber leído a mediados de los años noventa el texto íntegro del discurso de ingreso de Vargas Llosa en la Real Academia, en el que eligió como asunto central de su exposición la figura de Azorín, un escritor al que también admiro mucho, en consonancia con mi sentimiento de innegable gratitud hacia otros grandes autores de la Generación del 98, como Pío Baroja, Antonio Machado, Miguel de Unanumo o Àngel Ganivet. Por esas y otras razones, me ha alegrado hoy sinceramente mucho saber que habían concedido el Premio Nobel de Literatura al maestro peruano. A lo largo de casi tres décadas, he seguido de forma ininterrumpida su trayectoria como periodista, bien en sus artículos de opinión o bien en sus crónicas y reportajes. Y en todos sus trabajos he encontrado siempre las mismas virtudes, su claridad, su talante liberal -pero de verdad-, el tono pausado en el que escribe, el modo en el que nos intenta persuadir, siempre respetuoso, y su valentía ética y moral, que le ha hecho posicionarse en su momento contra Augusto Pinochet, Fidel Castro o Alberto Fujimori, o ahora contra Hugo Chávez. Qué suerte tuve, hace ya casi treinta años, de haber encontrado en el camino de mi vida a un maestro de la literatura y del periodismo, un maestro capaz de ayudarnos a pensar y, sobre todo, a vivir.

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admin

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07

10 2010

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  1. carlos #
    1

    Estoy totalmente de acuerdo contigo josep, Vargas Llosa es de los pocos

    intelectuales que se merecen ser leídos, y no como otros que solo les

    gusta la democracia en su país, sobre todo si vivien a cuerpo de rey, y

    no en Cuba ni en Venezuela etc.,

  2. postulante a hada #
    2

    Según el informe oficial dice que se le otorga el premio “por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del indivíduo”.
    Para mí lo que en realidad quiso decir quién redactó lo anterior, probablemente, es que Vargas Llosa se animó a describir y denunciar lo que le parecía horrendo. Es decir: usó su derecho a la libertad de expresión, y lo usó bien.
    Además de novelas, su obra incluye ensayos, teatro, crítica, periodismo y memorias todo lo cual lo convirtió en una especie de político literario. De hecho, en 1990 se postuló para presidente de Perú. No logró su objetivo. Yo creo que nunca abandonó la política, sólo se atrincheró entre los libros. Pero eso está bien. Eso está mejor, la sociedad peruana no está preparada para tipos como él, quizá toda Iberoamérica no lo esté.