Archivo de octubre, 2010

Las calles mojadas

Quizás porque solemos identificar casi siempre la lluvia con la tristeza o con la soledad, en muchas películas policiacas clásicas de los años cuarenta y cincuenta la acción suele transcurrir, al menos en parte, en escenarios urbanos nocturnos en donde la presencia de la lluvia o de las calles mojadas se acaba convirtiendo en un elemento más del relato o de la historia que se nos está contando, contribuyendo a darle ese tono entre sombrío y melancólico que buscaban grandes directores como Nicholas Ray, John Huston o Fritz Lang cuando rodaron películas encuadradas en el género denominado “cine negro”. La lluvia y las calles mojadas solían acompañar la tristeza y la soledad de los personajes protagonistas de esos filmes, agentes de policía o detectives privados solitarios, íntegros y honestos, que solían moverse casi siempre en un entorno más bien algo hostil, ya fuera el de los bajos fondos, el de las altas esferas sociales, políticas y mediáticas o el de los propios compañeros de profesión, tres ámbitos en apariencia completamente distintos que, a ciertos niveles y en determinados casos, solían coincidir y tener en común la presencia de una corrupción prácticamente institucionalizada, la absoluta falta de escrúpulos de cualquier tipo y la permanente estrategia de la simulación, poco más o menos como sigue ocurriendo también hoy en día, sin que además sea ahora ya necesario recurrir al cine o a la ficción para mostrar esa triste realidad, ni tampoco situar los hechos o los acontecimientos delictivos en un país diferente o muy lejano al nuestro. Seguramente, en algún momento de nuestras vidas todos -o casi todos- hemos querido ser como esos policías o esos detectives solitarios que descubrimos en las películas de nuestra infancia, personas capaces de ser como una especie de isla desconocida y misteriosa a la que no dejaban que se acercase nadie, salvo, quizás, algún amigo o algún compañero, o, en algunos casos muy especiales, alguna persona posiblemente tan solitaria y escéptica como ellos, únicamente para dar una oportunidad o una mínima esperanza a la posibilidad de poder encontrar también, pese a todo, un poco de afecto y algo de amor. Ya sea en las películas o en nuestra vida cotidiana, en las calles mojadas por la lluvia se reflejan siempre durante las horas nocturnas, con una imagen bella pero inevitablemente un poco triste y desolada, la luz pálida y frágil, y solitaria, de las farolas o de los neones, que es también a veces un fiel reflejo de la luz pálida y frágil, y a la vez solitaria, de nuestras propias almas, de nuestras propias vidas.

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10 2010

El dolor de vivir

Cuando una persona padece una depresión, el hecho mismo de vivir puede llegar a ocasionarle un profundo dolor o sufrimiento en los momentos más difíciles o duros de esta grave enfermedad, de ahí que en ocasiones haya personas que consideren que no hay motivos para seguir viviendo y se planteen una salida que, sin ninguna duda, es la peor de todas las posibles salidas, porque es la única en verdad irremediable, la única que no permite ninguna vuelta atrás. A veces, un pequeño o gran milagro en forma de hecho en apariencia casual es lo que finalmente consigue mantener atadas a la vida a esas personas, quizás una llamada hecha en un momento de desesperación absoluta que ha encontrado un interlocutor al otro lado del hilo telefónico, o tal vez la observación de un rayo de sol que ha salido de una forma imprevista e inesperada en medio de una mañana o de un cielo gris, o el canto de un pájaro, o la sonrisa de un niño, o un recuerdo dulce o hermoso que en ese instante ha acudido a la mente. El sentimiento de culpabilidad, el miedo, padecer malos tratos, la baja autoestima, pertenecer a una familia desestructurada, las críticas excesivas o despiadadas de los demás, la sensación de soledad, unas condiciones laborales cada vez más inhumanas y opresivas, encontrarse sin trabajo o sin recursos, o la tristeza provocada por una situación de desamor, pueden contribuir a agravar aún más cualquier cuadro depresivo previo, por su misma esencia ya de por sí casi siempre especialmente grave. Y resulta muy difícil poder encontrar hoy en nuestra sociedad estímulos positivos o favorables capaces de revertir o de hacer menos duras todas esas sensaciones o realidades, sobre todo en los casos, por desgracia hoy tan frecuentes, en que podemos encontrarnos con jefes despóticos y sin alma o con compañeros de trabajo claramente insolidarios, en un marco de competitividad cada vez más brutal. Nunca he visto o conocido a ninguna mala persona que haya padecido una depresión, y he conocido a bastantes malas personas a lo largo de mi vida, sobre todo entre la clase política y entre la clase periodística, y, en cambio, muchas de las buenas personas o de las personas buenas que también he conocido han padecido o padecen aún precisamente esta enfermedad, lo que supone una muestra más de lo injusto que suele ser tantas veces el mundo. Por todo ello, llega un momento en que cuando por ese motivo, por padecer una depresión, vemos a alguien sufrir de verdad a nuestro lado, nos parece banal o absurdo o sin sentido ya casi todo, las cotidianas disputas políticas o mediáticas, la práctica totalidad de la programación televisiva y lo que en ella se nos cuenta, la burbuja de hipocresía y de frivolidad en la que vive la parte económicamente más afortunada de nuestra sociedad. En esos momentos, sólo parece tener sentido aportar luz y esperanza a esa persona que implícita o explícitamente nos está pidiendo ayuda, ayuda para poder dejar atrás, algún día, el dolor de vivir.

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10 2010

La política balear es hoy Can Bum

La dedicación y el esfuerzo que, en general, está destinando la clase política balear a tenernos entretenidos a todos a lo largo de esta legislatura no tiene precio. Ni siquiera James Cameron y su Avatar en tres dimensiones es capaz de ofrecernos en la actualidad tanta variedad y emoción. Desde hace tiempo, rara es la semana en la que no pasa algo fuera de lo normal que merezca los titulares y las portadas de todos los medios de comunicación isleños e incluso nacionales. Cuando no es una imputación o una declaración ante el juez es la ruptura de un pacto, y cuando no es una crisis interna o una dimisión es una iniciativa que se presenta de la peor manera posible. Sin embargo, hay que reconocer que en estas últimas semanas la mayor parte de partidos de las Islas están superando muy ampliamente cualquier tipo de posible expectativa que se pudiera tener en este sentido, y de un modo muy especial el PP balear, que es el que parece poner un mayor ímpetu y empeño en intentar distraernos y en captar nuestra atención. Esta misma semana, sin ir más lejos, hemos visto cómo el mismo partido -Unió Mallorquina- que hace unos pocos meses culpaba de casi todos los males del mundo a Aina Calvo y apoyaba además una posible moción de censura del PP contra ella, es el que ahora le ofrece a la alcaldesa de Palma la posibilidad de alcanzar un pacto estable hasta el final del actual mandato. Mientras tanto, en el Consell de Ibiza ha dimitido por dignidad y honestidad personal el consejero de Política Territorial, Miquel Ramon, sin que el presidente insular, Xico Tarrés, haya movido un solo músculo ni haya pestañeado lo más mínimo. Al mismo tiempo, el Govern decide prorrogar los Presupuestos de la Comunidad sin darnos la oportunidad de que podamos conocer en el Parlament cuál era el proyecto que inicialmente quería aprobar el bipartito. ¿Seguirán hablando Francesc Antich y Gabriel Barceló de transparencia tan jactanciosamente como lo hacían hasta ahora?  Pero sin duda, el asunto político estrella de esta semana ha sido la decisión de José Ramón Bauzá de designar a Maria Salom como candidata del PP al Consell de Mallorca, decisión que ha provocado la enésima disputa interna entre el sector llamado regionalista y el sector llamado españolista del partido. Si uno lee con atención en Internet los comentarios que ha provocado cada una de las últimas decisiones de Bauzá, observará que es tal la saña y la brutalidad con que se insultan, se ofenden o se menosprecian mutua y recíprocamente los seguidores más airados de ambos sectores del PP balear, que ni siquiera un Antoni Diéguez o un Eberhard Grosske en sus mejores momentos de diatribas contra el PP serían capaces de llegar a un nivel tan extremo de desprecio y de crueldad. Y sin embargo, lo que hemos visto hasta ahora no es nada comparado con lo que podremos ver el día en que sea designado de forma oficial el candidato o candidata del PP a la Alcaldía de Palma. Si hoy aquí la política es ya Can Bum, es mejor no imaginarse, al menos por ahora, lo que puede llegar a ser mañana.

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10 2010

La devoción por el tacón de aguja

Cada cierto tiempo, los traumatólogos y los podólogos más responsables nos advierten muy seriamente acerca de los inconvenientes de calzar zapatos con demasiado tacón, inconvenientes que pueden acabar convirtiéndose en problemas en los pies, las rodillas o la espalda cuando se usan de foma habitual zapatos con más de cinco centímetros de altura. Año tras año, dichos especialistas suelen mostrar, además, una preocupación realmente muy especial por el calzado específico femenino, normalmente de una mayor altura que el masculino. Sin embargo, y pese a esas sabias advertencias médicas, desde hace tres décadas rara es la temporada en que no están de moda, en mayor o menor medida, los zapatos y las sandalias de tacón alto y fino, los tacones de aguja, los stilettos, los taconazos o los tacones de vértigo, que pueden llegar a situarse entre los diez y los quince centímetros de altura, aproximadamente, algo que un espectador o un analista en principio neutral puede considerar sin duda excesivo, o incluso directamente un suplicio, palabra que además muchas mujeres utilizan para calificar el hecho mismo de portar o de haber portado en alguna ocasión zapatos de estas características. No obstante, también es cierto que hay un número importante de mujeres que, en cambio, se declaran absolutamente apasionadas e incondicionales de este tipo de calzado, un calzado que además gustan de llevar prácticamente cada día, ya sea por razones de estética, de estilización, de elegancia, de sutil seducción o incluso de una muy profunda y sugerente sensualidad, sin que ninguna de estas cinco razones sea en absoluto excluyente de las demás. En cuanto al espectador o al analista de estos hechos, puede ocurrir que en este caso no sea tampoco del todo neutral, sobre todo si siente una profunda devoción por la observación de unos pies hermosos, como le ocurría a Mario Benedetti en el poema del mismo título, o una devoción aún mayor por unos pies igualmente hermosos y cuidados que portan unos zapatos, unas botas o unas sandalias de tacón de aguja con cintas o tiras muy finas de piel, que llegan muy elegante y finamente hasta la altura de los tobillos o a veces un poco más allá. En determinadas circunstancias o en situaciones muy concretas, la combinación de estas muy potentes armas de seducción con prendas de vestir o complementos en donde están presentes la seda, las joyas o el cuero negro son o pueden ser el preludio de un tipo de actuaciones llamémoslas afectivas o amorosas que en ningún caso son objeto de estudio en el frío, racional y aséptico análisis de hoy. Un análisis en el que aun reconociendo que los traumatólogos y los podólogos tienen, sin ninguna duda, toda la razón del mundo, uno desearía que en el fondo, y desde el máximo respeto a la salud y a la libertad de todos, no se acabase nunca la profunda y misteriosa devoción que algunos hombres y algunas mujeres sienten por los pies hermosos, los stilettos y el tacón de aguja.

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10 2010

Mi Jerry Goldsmith preferido

Uno de los temas para mí más bellos del músico Jerry Goldsmith -y considero que compuso muchos realmente extraordinarios- es el que podemos escuchar en los títulos de crédito de Río Lobo, película que debemos a otro gran maestro, éste en el campo de la dirección cinematográfica, Howard Hawks, autor además de una de mis películas favoritas de todos los tiempos, El Dorado. Cada vez que escuchamos una canción que nos emociona profundamente o cada vez que más adelante luego la recordamos, creo que no debería dejar de sorprendernos nunca ni de maravillarnos el gran poder de evocación que sin duda puede llegar a tener una composición musical, como ocurre, precisamente, en el caso del citado tema de Jerry Goldsmith con el que empieza la última obra que dirigiría el gran Hawks, perfectamente interpretado a la guitarra por Gregg Nestor. Es esa una composición tan profundamente triste como, al mismo tiempo, sosegada y hermosa, que evoca un mundo desaparecido ya para siempre, un mundo que, en algún momento y llevados por nuestra imaginación, podemos llegar a pensar que alguna vez fue también, en cierto modo, el nuestro. Pues así como sin duda hay psicólogos capaces de hipnotizarnos y de hacernos retroceder en el tiempo, descubriéndonos quizás una vida anterior que no recordábamos o que tal vez desconocíamos, existen también canciones que cuando nos dejamos llevar por sus notas y acordes, nos pueden ayudar a “descubrir” también una vida pasada que hasta ese momento no recordábamos o igualmente desconocíamos, que en el caso de Río Lobo podría ser, quizás, la de una infancia o una primera juventud vivida en algún pueblecito perdido del Oeste, con los abuelos maternos, seguramente propietarios de una tienda de ultramarinos. Una infancia o una primera juventud marcada por el hecho de haber sido testigos de algún robo y de algunas pocas peleas en el Saloon del lugar, y de la presencia de un sheriff honesto, y de la constante llegada de diligencias. Una infancia o una primera juventud con el recuerdo de nuestro abuelo fumando un cigarrillo en el porche y de nuestra abuela descansando en la mecedora, mientras nosotros mirábamos las estrellas en la noche, o nos resguardábamos de la lluvia y del viento, o percibíamos fragancias y olores que ya siempre nos acompañarían. Uno de los mejores discípulos del filósofo José Ortega y Gasset, el también pensador Antonio Rodríguez Huéscar, decía que las películas del Oeste recogen la épica de un país que estaba naciendo, con todo lo bueno y todo lo malo que ello conlleva siempre. De alguna manera, todos los que vimos esos westerns en la infancia formaremos ya parte, para siempre, de aquel país, que Jerry Goldsmith también nos daría a conocer con su música, con extraordinarias bandas sonoras como las de Río Conchos, El planeta de los simios, El detective, Star Trek, Chicago en rojo o Desafío total. Un país que también se encuentra en los hermosísimos acordes de esa guitarra que parece llorar en la noche al inicio de Río Lobo.

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10 2010

El amor es el mejor analgésico

Hasta ahora, los mejores remedios para nuestros dolores de cabeza y para casi todo tipo de dolores solían ser, según los casos, una aspirina efervescente, una cápsula de ibuprofeno o un comprimido de paracetamol -sin duda, mi favorito-. Sin embargo, como suele ser cierto que, como decían en la zarzuela La verbena de la Paloma, hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, ahora acabamos de descubrir, gracias a un estudio de la prestigiosa Universidad de Stanford, que existe un nuevo remedio para casi todos nuestros males: el amor. Sí, sí, el amor. Según dicho estudio, los sentimientos que provoca la pasión amorosa pueden tener en nuestro cerebro la misma eficacia ante el dolor que, por ejemplo, el más potente de los analgésicos o, incluso, que la droga más adictiva. El amor apasionado consigue activar siempre determinadas zonas de nuestro cerebro, los llamados centros de recompensa, gracias a la labor de un neurotransmisor sin duda maravilloso, la dopamina, de ahí que estar profundamente enamorados suela provocarnos por regla general sensaciones especialmente placenteras, muy posiblemente incluso en los casos de las parejas que practican el bondage. Los investigadores de la mencionada universidad han llegado a la conclusión de que pensar en la persona amada puede disminuir o aliviar casi por completo un posible dolor físico que estemos sintiendo en un momento determinado. O dicho de otro modo, cuando uno está enamorado, los dolores de cabeza son menos dolores de cabeza, la artrosis es menos artrosis, y las molestias en las cervicales son menos molestias en las cervicales, aunque me temo que en el caso de algunas gripes o de los catarros más fuertes, los efectos beneficiosos del amor deben de ser algo más moderados. Estoy hablando en abstracto, claro. En cualquier caso, y sin desmerecer en absoluto a los sabios investigadores de Stanford, creo que casi todos sospechábamos ya que el amor puede ser capaz de aliviarnos de casi todos los males, como por otra parte nos habían venido enseñando ya los poetas y los filósofos más pasionales y románticos a lo largo de los últimos veinticinco siglos. Además, el mencionado estudio fue realizado con 15 personas jóvenes que tenían pareja desde hacía muy pocos meses justo en el momento en el que se llevaron a cabo las distintas pruebas, circunstancia que sin duda debemos de tener en cuenta, sobre todo si pensamos qué habría ocurrido si, por ejemplo, el estudio se hubiera realizado con personas adultas que llevasen, por poner una cifra cualquiera, treinta años casadas. Por otra parte, todos sabemos que el amor puede llegar a provocar también un gran sufrimiento y en algunos casos incluso una profunda desesperación, sobre todo cuando no es correspondido, o cuando es imposible, o cuando se ve afectado por la distancia. Y cuando esas situaciones se producen, normalmente no suele haber ningún analgésico ni ninguna droga capaz de calmar ese dolor, como seguramente algún día nos descubrirá también otro nuevo estudio de la Universidad de Stanford.

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10 2010

La gran valía de Manuel Alexandre

Como ha escrito hoy Antonio Astorga en ABC, “le hacíamos inmortal”. Quizás por ello creo que la muerte del gran Manuel Alexandre nos sorprendió ayer un poco a todos. Poco importa que tuviera ya 92 años. Le queríamos tanto desde hacía tanto tiempo españoles de muy diversas generaciones, que yo creo que en el fondo confiábamos en que con un poco de suerte podría llegar a ser una persona largamente centenaria, lo que permitiría que pudiera continuar siendo, de algún modo, esa especie de abuelo afable y cariñoso que ya era desde hacía tiempo para muchos de nosotros, un abuelo en el que era posible encontrar buena parte de los rasgos que caracterizaron muchos de sus papeles en el cine y en la televisión. Así, en Manuel Alexandre veíamos o podíamos ver a una persona irónica, inteligente, tierna, enamoradiza, desvalida a veces, dubitativa otras, insegura en ocasiones, e incluso un poco pilla o atrevida en algún momento, a la vez que inmensamente escéptica, lo cual no es en absoluto un mal modo de intentar afrontar con la máxima dignidad posible una vida entera, tanto a nivel personal como profesional, sobre todo si esa vida se ha desarrollado durante la práctica totalidad del convulso pasado siglo XX español. Todo ello acompañado, en su caso, de una presencia como actor y de una voz y una entonación que podemos considerar sin duda como muy peculiares e inconfundibles. Manuel Alexandre fue lo que en nuestro país se suele denominar normalmente como actor secundario, al igual que otros grandes como José Orjas, Cassen, Julia Caba Alba, José Isbert, Manolo Morán, Rafaela Aparicio, Antonio Garisa, Gracita Morales o Agustín González, todos ellos tristemente también ya desaparecidos. Pero en esa calificación de “actores secundarios” no había, por supuesto, ningún demérito hacia su valía o su saber interpretativo, extraordinarios en todos los casos citados y en otros, sino sólo una manera de señalar que rara vez llevaron a cabo papeles protagonistas en la mayor parte de obras en las que intervinieron. Aunque en el fondo, seguramente, poco importa. Dos de mis películas favoritas, lo son no sólo porque considero que son verdaderas obras maestras en su escritura y en su dirección, en concreto, Plácido, de Luis García Berlanga, y Atraco a las tres, de José María Forqué, sino también porque en ellas aparecían algunos de los actores y de las actrices ya citados, afortunadamente, por cierto, junto a otro grande de aquella irrepetible generación, José Luis López Vázquez. Es cierto que desde ayer Manuel Alexandre no está ya físicamente entre nosotros, pero estoy seguro de que en ese mundo de los sueños y de los recuerdos en el que están presentes todas las artes, y por supuesto también quienes han dedicado su vida a ellas, vivirá ya para siempre nuestro admirado, querido y respetado actor, y será, como son siempre todos los grandes artistas, verdaderamente inmortal.

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10 2010

Predicciones meteorológicas

Hubo una vez un tiempo en que las predicciones meteorológicas no eran tan fiables como sin duda lo son normalmente ahora. En aquella época, sentíamos siempre una cierta incertidumbre cuando los hombres y las mujeres del tiempo nos decían, a través de la tele, que iba a hacer sol, o que tendríamos muchísimo viento, o que llovería y llovería durante varios días seguidos. Un tema recurrente de conversación era entonces el de debatir sobre los niveles de acierto o no de las predicciones meteorológicas, y solía haber coincidencia en que habitualmente no eran muy elevados, sobre todo durante el otoño y la primavera. Pero eso era antes. Si ahora nos dicen en la televisión que mañana va a llover, llueve, y si nos dicen que hará sol, hace sol, y si nos dicen que va a ser un día raro, pues es un día raro, aunque por una cosa o por otra, no directamente relacionada con el tiempo, yo creo que todos los días lo son. Raros y extraños, quiero decir, aunque por supuesto puedan ser también fascinantes y maravillosos. A veces pienso que los actuales hombres y mujeres del tiempo nos podrían decir, incluso, la hora exacta a partir de la cual va a empezar a llover o el minuto justo en que dejará de hacerlo, así como los litros por metro cuadrado que caerán en cada localidad y, si me apuran, hasta en nuestra propia barriada o incluso en un tramo de nuestra misma calle. Por no hablar del kilometraje exacto de las rachas de viento o del porcentaje en el grado de humedad. En ocasiones, creo sinceramente que los hombres y las mujeres del tiempo de la actualidad se contienen un poco a la hora de hacer sus predicciones, para no apabullarnos, y por eso en ocasiones prefieren hablarnos de otras cosas o mostrarnos, por ejemplo, las hermosas fotografías que les remiten los televidentes, ya sean de un amanecer rojizo y sereno, de un espectacular rayo en una ciudad sumida en una tormenta o de un paisaje silencioso y nevado. Y eso teniendo en cuenta que por culpa del cambio climático uno no acaba de estar nunca seguro de casi nada, aunque también es cierto que sin el cambio climático uno no suele estar tampoco excesivamente seguro de gran cosa en su propia vida, quizás porque también nuestras propias existencias se mueven o se desarrollan a menudo del mismo modo que lo hace también el tiempo meteorológico, por las altas presiones, las bajas presiones, las perturbaciones, las situaciones estables, las olas de aire frío o las de aire tropical. Pero en nuestro caso sólo un vidente o nuestro estado de ánimo pueden predecir, y me temo que no siempre con acierto, si en la vida nos irá bien, regular o mal.

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10 2010

El fin del mundo está cerca

Un buen amigo me ha comentado hoy que las dos fechas más probables para el fin del mundo parecen ser en estos momentos los años 2012 y 2040, según ha podido descubrir hablando con varios amigos suyos y viendo determinadas informaciones y reportajes a través de Google y de Youtube. Yo, por mi parte, ya sospechaba que algo no iba demasiado bien desde hacía algún tiempo. Y no sólo por la crisis. Lo podía comprobar cada noche televisiva escuchando a algunos de los contertulios más clarividentes y visionarios de El gato al agua, que ya dejaban entrever con gran vehemencia no que el Apocalipsis llegaría en breve, sino que de hecho habría ya llegado, si bien de momento sólo a España, por culpa -no haría falta decirlo- de José Luis Rodríguez Zapatero, que vendría a ser, para dichos contertulios, como una especie de híbrido entre un ser galáctico de otro planeta y un terrorífico ángel caído. La teoría de que el fin del mundo podría llegar en 2012 me ha causado, al escucharla, una honda preocupación, no tanto por mí sino por el bueno de Mariano Rajoy, ya que de este modo sería verdad que, como habían predicho sus críticos, nunca podría llegar a ganar a Zapatero. Sin embargo, mi buen amigo me ha tranquilizado y me ha dicho que la fecha prevista para el final de todo sería, según Nostradamus, el 21 de diciembre de 2012. Así que Rajoy podría gobernar aún al menos durante medio año, y algunas cosas creo yo que sí podría llegar a arreglar, sobre todo sabiendo que no tendría que preocuparse ya de intentar reducir la deuda o el déficit. En cuanto a mí, no sé muy bien qué hacer a partir de ahora, pues llevaba varios meses haciendo caso a mi buen médico de cabecera y portándome extraordinariamente bien, manteniendo cada día a raya al colesterol y a los trigliceridos, para acabar descubriendo ahora, ya ven, que casi sería mejor, al menos anímicamente, volver a comer cada día aquellos robiols y crespells que tan feliz y dichoso me hacían no hace aún demasiado tiempo. Si al final todo ha de acabar en 2012, quizás sería bueno empezar a relativizar muchas de las cosas que ahora nos preocupan, y valorar en cambio las verdaderamente importantes, como por ejemplo nuestros éxitos deportivos. Así, nos quedará el consuelo de que podremos irnos de este mundo con la satisfacción del deber cumplido, sabiendo que al menos hemos ganado un Mundial de Fútbol, porque todo apunta a que seguramente no habrá ya tiempo para más. Claro que también nos dijeron hace una década que el fin del mundo sería el año 2000 o el 2001, y ya ven, aún seguimos aquí. Si el Apocalipsis llegase en cambio en 2040, yo ya sería entonces muy viejecito -de seguir aquí- y viviría además en una sociedad en la que muy posiblemente la economía mundial llevaría ya varios años en la más absoluta bancarrota. Por no hablar de los efectos del cambio climático, que no cabe duda de que entonces serían aún mucho peores que ahora. Sea en una fecha o sea en otra, en estos momentos sólo se me ocurre dar un único y sabio consejo a las personas que conozco: Arrepentíos, el fin del mundo está cerca.

10

10 2010

El resbalón de José Ramón Bauzá

Todos podemos tener un mal día y todos podemos equivocarnos. De hecho, podríamos ir un poco más allá y afirmar, sin temor a equivocarnos, y valga la redundancia, que todos hemos tenido alguna vez un mal día -incluso varios malos días en un mismo día- y que todos nos hemos equivocado en alguna ocasión. Así le pasó hoy al presidente del PP balear, José Ramón Bauzá, con la polémica provocada sobre la normativa que tiene previsto derogar en caso de suceder al socialista Francesc Antich al frente del Ejecutivo autonómico. Por la mañana, Bauzá había afirmado en Ona Mallorca que tenía previsto derogar la Ley de Normalización Lingüística, de 1986, y por la tarde ha dicho que lo que en realidad había querido decir unas pocas horas antes era que lo que derogará será el llamado Decreto de Mínimos, de 1997. Ambas normas, aprobadas cuando el PP gobernaba en Baleares. De inmediato, han surgido todo tipo de interpretaciones sobre lo que habría sucedido realmente hoy en ese breve intervalo de tiempo. Hay quienes dicen que el sector regionalista del PP habría obligado a Bauzá a rectificar de inmediato, y quienes señalan que el propio Bauzá habría decidido dar marcha atrás con respecto a sus propósitos iniciales al ver la espectacular reacción habida en contra de su primer anuncio. Sin embargo, ocurre que incluso en el caso de la hipótesis en principio más favorable para el líder popular, la de que habría cometido un error o un lapsus al que no se tendría que dar mayor importancia, habría motivos para, al menos, sentirse algo preocupados por el hecho de que a estas alturas el candidato del partido más votado en Baleares y con muchísimas opciones de sustituir a Antich -al menos hasta hoy-, todavía pueda confundir la citada ley con el mencionado decreto. Por poner dos ejemplos concretos, desde hace tiempo sabemos qué piensa Carlos Delgado en materia lingüística y sabemos también qué piensa Jaume Font, pues las posiciones de ambos son nítidas y claras en este sentido, lo que siempre merece un gran respeto, más allá de lo que uno mismo pueda pensar sobre este asunto. En cambio, después de lo sucedido hoy puede haber quien se pregunte de buena fe en qué posición se encuentra exactamente José Ramón Bauzá, algo que no le beneficia ni a él ni a su partido. Bauzá ha conseguido hoy algo realmente difícil, provocar un descontento generalizado en casi todo el mundo, incluidos los militantes y simpatizantes de la propia formación que preside, pues quienes están más cerca de los postulados de Delgado ven en esa rectificación una posible falta de valentía, y quienes están más próximos a los postulados de Font critican que Bauzá cuestione la unidad de la lengua catalana. Personalmente, creo que existe un consenso mayoritario en la sociedad balear acerca de que en las Islas se habla la lengua catalana, si bien con un léxico específico propio del Archipiélago, en buena medida muy diferente del que se habla en Cataluña. En este sentido, debería de preocuparnos el gran empobrecimiento que ha habido en estos últimos años del catalán que se habla en Mallorca -que también podemos llamar mallorquín- por la adopción mecánica y acrítica de palabras o expresiones que forman parte del catalán estándar que se habla en Cataluña, pero que nunca se utilizaron en la isla ni forman parte de nuestra tradición oral. Otra cuestión, más política que lingüística, es saber si las personas que hablan en castellano pueden haber sido discriminadas en alguna ocasión, algo que no debería de permitirse en ningún caso, como tampoco en el caso de quien se expresa en catalán, o si hay partidos que defienden la existencia de los llamados Països Catalans, idea que de forma mayoritaria rechazan los habitantes de las cuatro islas. Creo honestamente que la mayor parte de votantes del PP, con pequeñas variantes, lo ven también así. No hace falta tener grandes dotes adivinatorias para aventurar que si Bauzá opta por seguir otra línea en materia lingüística, ganará unos votos que ahora tenía perdidos y perderá otros que tenía ya ganados, pero me temo que serán muchos más los que perderá que los que ganará, por lo que al final no podrá derogar -ni aprobar- ya nada, porque volverá a gobernar Francesc Antich.

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10 2010