Un país en la mochila

Seguramente, todos hemos soñado en alguna ocasión con llevar una vida un poco o un mucho diferente a la que quizás llevamos ahora, o a la que llevamos en el pasado, o a la que muy posiblemente llevaremos en el futuro, una vida tal vez más aventurera, o a lo mejor más sedentaria, o quizás más plena a todos los niveles, o en algunos casos incluso un poco más solitaria. Para mí, una de esas hipotéticas vidas futuras deseables hubiera consistido en poder recorrer a pie, paso a paso, las distintas tierras que conforman España. Por eso me gustan tanto los ensayos literarios de Miguel de Unamuno, Azorín o José Ortega y Gasset que abordan esa temática, o los libros de viajes de Josep Maria Espinàs. Y por eso me gustaba también mucho el programa de Televisión Española Un país en la mochila, que conducía con maestría José Antonio Labordeta. Siempe me cayó muy bien este polifacético artista y escritor aragonés, así que cuando ayer tuve noticia de su fallecimiento, sentí esa pena y esa tristeza que sentimos siempre por las personas que no hemos conocido personalmente pero que admiramos por su manera de ser, por su honestidad, por su trabajo y por su defensa de las ideas y los principios en los que creen. En los diversos episodios de Un país en la mochila que a lo largo de varios años pude verrecuerdo que Labordeta escuchaba más que hablaba, lo cual siempre me ha parecido un signo de tolerancia, de respeto y de inteligencia. “No me pertenece el paisaje,/ voy sin equipaje por la noche larga,/ quiero ser peregrino por los caminos de España”, decía una de las canciones más hermosas de otra persona que también admiro muy profundamente, la cantautora Cecilia. Y así era José Antonio Labordeta en aquel programa, un peregrino que, con su mochila siempre a cuestas, nos hablaba de un país que normalmente no suele salir en televisión, un país aún mayoritariamente rural en muchas zonas, un país de gente humilde y trabajadora, un país de personas que con su esfuerzo callado y anónimo contribuyen a que no todo nos parezca entre regular y malo cuando hoy en día miramos a nuestro alrededor. Es posible que hoy haya quien recuerde a Labordeta únicamente por un enfrentamiento verbal muy puntual que tuvo hace unos años con unos pocos diputados del Partido Popular, cuando estaba hablando desde la tribuna del Parlamento en representación de la Chunta Aragonesista. Mi recuerdo de él va mucho más allá de esta pequeña anécdota, como ya he señalado, y abarca también con admiración su vertiente como cantautor y como poeta. En mi país ideal, en ese en el que sueño desde que era un niño, en ese país en el que sería posible poder vivir y convivir armoniosamente y en paz sean cuales sean nuestras ideas y nuestras creencias, estaría y estará siempre José Antonio Labordeta.

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09 2010

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