Obama también redecora su despacho

Siempre que leo una noticia positiva o estimulante en el diario me alegro, que es lo que me ocurrió hace sólo dos días cuando vi que el presidente Barack Obama, por el que siento una gran simpatía, acaba de redecorar su lugar de trabajo, el Despacho Oval. En esto, hay que reconocerlo, se le adelantó nuestra querida alcaldesa, Aina Calvo. Al parecer, Obama no era muy partidario de hacer cambios, pero su mujer, Michelle, finalmente le convenció. Al fin y al cabo, si exceptuamos al bueno de Jimmy Carter, que durante su mandato no cambió ni siquiera los pequeños ceniceros de cristal, desde hace cien años la llegada de cada nuevo presidente ha supuesto casi siempre pequeños cambios decorativos. Para poder comparar con la época de George W. Bush, a lo largo de estos días hemos podido ver fotos del “antes” y del “después”, y lo cierto es que el Despacho Oval me gusta más ahora, si exceptuamos el papel pintado que los Obama han decidido colocar en la pared, que a mí no me acaba de convencer del todo. En cambio, los nuevos sofás y sillones, así como las lamparillas y la nueva alfombra me gustan más; no sé, le dan al despacho un tono como más luminoso y alegre. Me he fijado también en que Obama ha cambiado incluso la silla de su escritorio, lo cual me parece igualmente muy bien, pues lo verdaderamente importante en el lugar de trabajo, aunque pueda ser más o menos temporal, es sentirse bien, relajado, a gusto, sobre todo si tienes que pasarte casi todo el día intentando arreglar tu propio país e incluso a veces también el resto del mundo, despachando con tus colaboradores, recibiendo a visitantes ilustres, impidiendo conspiraciones, promoviendo acuerdos económicos, o hablando telefónicamente con la CIA o con el Pentágono, con el Departamento del Tesoro o con los principales dignatarios del planeta, incluido nuestro querido presidente, aunque en este caso sea sólo para reñirle más o menos cariñosamente. Con todo, estoy seguro de que debe de haber también momentos un poco más sosegados y tranquilos, por ejemplo a primera hora de la tarde, cuando lo que seguramente apetece en esos instantes es poder tomar un té o un café mientras uno contempla, meditativo, el hermoso jardín del Ala Oeste de la Casa Blanca. En este sentido, yo creo que Obama debe de ser más de café que no de té, a diferencia de la ex candidata republicana a la presidencia, Sarah Palin, y del sector más conservador de su partido, más partidarios, al parecer, del “Tea Party”. Sea como sea, el bueno de Obama tiene que enfrentarse en estos momentos a tantos problemas, y además de tan variada índole, que seguro que debe de tranquilizarle un poco saber que de momento ya ha podido arreglar al menos uno, el del nuevo color de las paredes y los muebles de su despacho.

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02

09 2010

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  1. loli #
    1

    Al volver de las vacaciones me encontré con la sorpresa de tus nuevos articulos,es un placer volver a leerte,gracias por estos buenos ratos.