Las perspectivas de la lluvia

Desde el comedor de casa, mientras estoy escribiendo ahora en el ordenador, oigo cómo cae la lluvia, una lluvia suave y tranquila. Es ya de noche. Las pequeñas gotas que caen del cielo -siempre caen del cielo- resbalan por las hojas del platanero que hay justo enfrente de casa. Yo creía, no sé muy bien por qué, que cuando llovía los grillos no cantaban, pero ahora mismo les oigo cantar, como cada noche, así que quizás hoy también canten porque en realidad también les gusta la lluvia. Como a mí. Aunque yo no cante como ellos. Ni de noche, ni de día. Por la ventana, entra una brisa muy leve y agradable, y me asomo. Quienes llevan paraguas andan sin prisas, sabiéndose bien protegidos, pero quienes han salido de casa o del trabajo sin protección aceleran el paso al mismo tiempo que, mientras andan, intentan guarecerse debajo de las cornisas. Ya dicen, y es verdad, que nunca llueve a gusto de todos. Que la lluvia nos guste o no depende, seguramente, de muchas cosas, como ocurre también con el desarrollo de nuestra propia vida. Depende, por ejemplo, de su intensidad, o de si nos estamos mojando o no, o de si provoca algún tipo de efecto sobre el campo o la ciudad, o de si en ese momento nos encontramos esperando a alguien, y de si ese alguien es o no la persona amada, esa persona amada a quien en ocasiones -a lo mejor- podemos querer besar de forma apasionada, precisamente, bajo la lluvia. El sentimiento que más solemos asociar a la lluvia, sobre todo si es otoñal o próxima al invierno, es el de la tristeza o el de la melancolía, aunque no siempre nos entristezca su observación. Algunos paisajes, si no todos, parecen hechos para la lluvia, pero yo creo que también el mar o las ciudades, sobre todo las grandes ciudades. Venecia, Nueva York, París, Londres o Madrid. En una reciente entrevista, le preguntaron a la gran actriz Ana Fernández qué es lo que más le gustaba de Madrid. Y ella respondió que el cielo y la lluvia: “Me gusta mucho la lluvia en Madrid… y ya cuando hace buen tiempo y puedes mojarte, y el asfalto está mojado y brillante, me encanta”. Desde el comedor de mi casa, escucho cómo sigue lloviendo aún, suavemente. Dentro de unos instantes, veré de nuevo Historia de un beso, de José Luis Garci, protagonizada, precisamente, por Ana Fernández y por Alfredo Landa. La lluvia tendrá un papel decisivo a lo largo de toda la película, sobre todo en el nacimiento y desarrollo de su hermosa y melancólica historia de amor. A veces hay días grises que nos iluminan el alma o nos cambian el corazón, días en que sentimos que nuestra vida es más vida y también mucho mejor. Misterios de los sentimientos. Perspectivas de la lluvia.

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09 2010

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  1. Tu Admiradora #
    1

    Cuanto echaba de menos, la lluvia, el otoño, la melancolía…………….. descritos por ti. Gracias.