La reforma y la contrarreforma de Antich

Cuando hace apenas un mes se presentó de manera oficial el llamado Plan de Acción Integral de la Platja de Palma, parecía existir una cierta unanimidad sobre cuáles deberían de ser las líneas básicas de ejecución de este ambicioso y necesario proyecto. Pero a tenor de las noticias que han ido apareciendo desde entonces en los medios, parece ser que no sólo no existe tal unanimidad sino que además casi nadie parece conocer, a ciencia cierta, en qué consiste exactamente dicho proyecto, ni siquiera los partidos políticos que, sin una sola excepción, dieron su apoyo entusiasta al plan director el pasado mes de agosto. Desde hace dos años, se encuentra al frente de esta compleja iniciativa de reforma Margarita Nájera, que al parecer ha disgustado con su plan no sólo a vecinos, comerciantes y hoteleros, sino también al mismísimo presidente Antich, que esta semana ha dado un golpe sobre la mesa y ha pasado a ser el máximo impulsor de lo que podríamos denominar como la contrarreforma, de momento sólo de la Platja de Palma, emulando en este sentido a nuestros muy insignes emperadores Carlos I y Felipe II, salvando las distancias, claro. Nuestro querido president ya ha pedido a la gerente del consorcio que se retracte públicamente de sus equivocaciones, y ella, sin perder la sonrisa, ha dicho ya que sí, con la fe de la nueva conversa -“e pur si muove”-, aunque aún siguen siendo tantas las diferencias existentes entre todas las partes afectadas, que Antich ha convocado ya para la próxima semana una especie de cónclave para tratar entre todos sobre este asunto, que vendría a ser como nuestro particular Concilio de Trento, aunque confiemos en que en este caso concreto no se acabe prolongando tanto. Así que por ahora nos encontramos con lo que seguramente debe de ser el primer plan de rehabilitación integral de la historia que ha cambiado ya de los pies a la cabeza sin que ni siquiera haya finalizado aún el primer plazo para presentar alegaciones, que además se va a ampliar aún un poco más, a pesar de que parece ser que ya no queda nada o muy poco por cambiar. Mientras la contrarreforma va avanzando poco a poco, aunque de manera decidida y firme, quizás deberíamos de preguntarnos que si al final todo va a seguir igual, sin expropiaciones, ni demoliciones, ni rehabilitaciones, ni bulevares, ni zonas verdes, ni aparcamientos, ni eliminación de plazas hoteleras, ni nada de nada, qué o quién ha fallado y por qué nos hemos pasado los últimos diez años hablando de que la Platja de Palma necesitaba urgentemente un plan de reforma integral.

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03

09 2010

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