La hamburguesa incorrupta

Sin duda, la hamburguesa más famosa del mundo en estos momentos es la que desde el pasado 10 de abril lleva inmortalizando cada día con su cámara la fotógrafa y pintora canadiense Sally Davies. Su Happy meal project, con el que quiere demostrar los posibles efectos nocivos de la llamada comida rápida, está siendo un gran éxito en todo el mundo a través de Internet. Observando las más recientes imágenes tomadas por Sally, podemos comprobar que la hamburguesa que ella compró hace casi cinco meses se encuentra casi en el mismo estado que entonces, quizás sólo algo encogida, tras haber permanecido hasta ahora un total de 148 días fuera de la nevera, en un pequeño platito colocado sobre la mesa del salón de su casa, en Nueva York. El pan que acompaña a la hamburguesa también está resistiendo muy bien el paso del tiempo, al igual que las patatas que están justo al lado, por las que no parece haber pasado ni un solo día, de tan radiantes y hermosas que están. No sabemos qué deben de opinar de esta iniciativa los responsables de McDonald’s y de otras cadenas ni los creadores del famoso menú infantil Happy Meal, pero creo que podríamos estar de acuerdo en que al menos se trata de algo que puede darnos un poco que pensar. Podemos preguntarnos, por ejemplo, qué pasaría si pusiéramos ahora esa hamburguesa y esa magraneta y esas patatas a calentar cinco minutos en el horno microondas, ¿se volverían blanditas, suaves y tiernas, y estarían tan jugosas como siempre?, ¿tendrían quizás un sabor un poco raro, nuevo o diferente?, ¿nos provocarían tal vez algún pequeño problema de salud de tipo gástrico o intestinal? Con independencia de las posibles respuestas a estas preguntas, debo de reconocer que yo, por mi parte, seguiré yendo a McDonald’s con la misma frecuencia que hasta ahora. Sally, por su parte, tiene decidido seguir de momento con su proyecto, que aún no sabemos si acabará convirtiéndose finalmente en eterno o en intemporal, pues ha comentado ya que conoce el caso de una maestra que guarda en su casa una hamburguesa desde hace 12 años, cuya carne sigue aún tal cual, sin descomponerse, más o menos como se encontraba ya a finales del siglo pasado. En este mundo actual, en el que casi todo es volátil, efímero y frágil, incluidos los amores, los sueños y los espacios televisivos con menos de un 10 por cien de audiencia, reconforta saber que hay cosas que al menos duran algo más de unas pocas semanas. “Nada es para siempre”, decía una hermosa y melancólica canción de Cómplices, y eso es lo que muy posiblemente creíamos también casi todos hasta ahora, justo antes de conocer la existencia de la hoy popularísima hamburguesa de Sally Davies, una hamburguesa que, como las grandes pasiones eternas, quizás acabe, quién sabe, por no tener nunca un final.

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05

09 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    Woow!! !!. esto cae en manos de un sacerdote para la causa de los santos y tenemos a la Santa Catalina Thomas de yanquilandia. Teniendo en cuenta que si le quito la piel a una manzana en pocos segundos adquiere un color amarilento. Imagináos comerla pleno sol, comiéndola lentamente, muy lentamente, acabaría asomando la cabecito de un gusanito:plop! mientras está a punto de ser decapitada por mis incisivos. Agghh! creo que me quedo con la proteína del amigo Mc. Aishh…la denostada hamburguesa, al fin se hizo justicia ;o)