Mariano Rajoy y el cinturón

Reconozcámoslo. Nuestro querido líder de la oposición, Mariano Rajoy, debería de haberse puesto el cinturón de seguridad durante la grabación del vídeo-blog en el que despide el último curso político mientras viaja en el asiento trasero de su coche oficial. “Mariano, por favor, ponte el cinturón”, debería de haberle dicho alguien en ese momento al bueno de Rajoy, quien además hace varios años sufrió un muy grave accidente de coche, e incluso unos pocos años después otro con un helicóptero. Pero creo que deberíamos de reconocer también que una vez que su partido ha pedido ya disculpas por ese error, lo ocurrido hace unos pocos días no tendría que pasar de ser ya más que una curiosa anécdota, una más que añadir a otras protagonizadas previamente por nuestro algo despistado líder opositor, como la de su primo catedrático y el cambio climático, la de su opinión sobre el desfile del 12 de octubre o la de su comentario sobre la posible defensa de Jaume Matas, por no hablar de la entrañable niña de Rajoy de la campaña electoral de 2008, que debe de ser ya una adolescente más o menos melancólica y quizás también algo desencantada. En alguna ocasión he comentado ya que a mí Mariano Rajoy me cae bien. No puedo evitarlo. Alguien que es criticado con la misma brutalidad y virulencia por Federico Jiménez Losantos y por Enric Sopena, no puede ser tan malo. Personalmente, considero que sus pequeñas meteduras de pata y algunas de sus dudas, junto a su elegante ironía, le hacen más humano, más próximo, acostumbrados como estamos en este país a políticos -o a periodistas- de una pieza, es decir, a demagogos y a tendenciosos hasta la médula, genuinos representantes del “si no estás conmigo, estás contra mí”, del “verdades como puños”  y del “las cosas claras, y el chocolate, espeso”. Además, Rajoy no provoca ningún rechazo entre muchos votantes moderados y centristas que tradicionalmente no votan al PP, algo esencial para poder ganar unas elecciones, aunque, si se me permite la broma, creo que en cambio sí provoca un cierto rechazo entre los votantes más extremistas de su propio partido. Yo veo a Rajoy capaz de ser un buen presidente del Gobierno si los electores de este país así lo quisieran de forma mayoritaria en 2012, siempre y cuando previamente algunos de los principales barones del partido y algunos periodistas especialmente combativos y guerreros dejen de conspirar dos días seguidos contra él, y al mismo tiempo Esperanza Aguirre, Francisco Camps o Francisco Àlvarez-Cascos dejen de darle problemas igualmente al menos durante dos días seguidos, cada uno a su manera, claro. Es cierto que en ocasiones Rajoy es demasiado indeciso y que debería de haber sido mucho más contundente en la lucha contra la corrupción, pero creo que muchos de sus posibles, hipotéticos o potenciales votantes aún seguimos confiando en él, entre otras razones porque creemos que representa una línea centrista de tolerancia y de diálogo que hoy nos parece quizás más necesaria que nunca, lo cual no es en absoluto incompatible con que le pidamos que, por favor, a partir de ahora se ponga siempre el cinturón, en sentido literal y también además metafóricamente.

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03

08 2010

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El comentario superior es el más reciente

  1. postulante a hada #
    1

    Y PUNTO!!. jeje