El ‘botellón’ nos incumbe a todos

El derecho al silencio, a la tranquilidad, al descanso, debería de ser uno de los más sagrados que existieran, incluso en países como el nuestro, tan dados a la fiesta y a la celebración, y, por tanto, también al ruido en la calle. En este sentido, el ‘botellón’ representa un grave problema de salud pública para quienes lo padecen, y, en otro sentido, puede llegar a suponerlo también para quienes lo practican, dados los conocidos riesgos que conlleva siempre el consumo excesivo de alcohol. La futura ordenanza reguladora del uso cívico de los espacios públicos pretende dar solución a ambos aspectos del problema, y en este sentido sólo cabe felicitar muy sinceramente a la regidora de Igualtat i Drets Cívics, la socialista Cristina Ferrer, y a su equipo por el trabajo hecho hasta ahora para poner en marcha una ordenanza de estas características, objetivo que además ha contado con valiosas aportaciones del Grupo Municipal Popular en el Ajuntament de Palma. Creo que tanto en el pasado mandato, con la popular Catalina Cirer, como en el actual, con la socialista Aina Calvo, se han ido dando pasos positivos en la buena dirección para intentar solucionar los problemas derivados de la práctica del ‘botellón’, cuya solución creo honestamente que nos incumbe a todos y no sólo a los responsables políticos y técnicos de las distintas instituciones. En primer lugar, creo que sería conveniente intentar tener siempre un poco de perspectiva cuando hablamos de nuestros hábitos de ocio, para no acabar culpabilizando siempre de todo a los jóvenes. Los graves problemas de ruidos y de suciedad habidos años atrás y durante mucho tiempo en La Lonja no los causaron nunca ni el ‘botellón’ ni los más jóvenes, sino personas de todas las edades, muchas de las cuales tenían además un gran poder adquisitivo, del que dejaban constancia tanto en invierno como en verano, en una época en la que además no había la grave crisis económica que en cambio sí hay ahora. Por otra parte, personalmente pienso que los fines de semana se han ido convirtiendo poco a poco, sobre todo en los adultos, más en una vía de escape algo descontrolada de todas las tensiones acumuladas de lunes a viernes en el trabajo o de diversas frustraciones personales, que no en un momento de ocio tranquilo y relajado. En los adultos, esas tensiones acumuladas, fruto sobre todo de las constantes presiones laborales, suelen derivar cada vez más en profundas depresiones, o en adicciones al alcohol o a las drogas, o en desórdenes de tipo alimenticio, situaciones dramáticas que a casi nadie parecen preocupar o interesar de verdad, o no al menos mientras esas mismas personas sigan ayudando a dar beneficios tanto a las empresas en las que trabajan como a los locales de ocio a los que acuden. En los jóvenes, creo que las salidas de fin de semana siguen estando aún muy vinculadas a que pueden ser un buen vehículo de socialización, aunque en ocasiones puedan ser también una manera de intentar escapar, de un modo muy poco aconsejable, de difíciles situaciones familiares. El ‘botellón’ y otras formas de ocio ligadas a un consumo abusivo de alcohol, tanto en jóvenes como en adultos, son sólo una muestra más de una sociedad desarrollada que, más allá de las apariencias, no funciona en muchos aspectos esenciales, y que seguirá sin funcionar mientras sigamos queriendo dar la culpa de todos nuestros problemas a tal o cual institución y no pongamos nada de nuestra parte para intentar solucionarlos en lo que de nosotros mismos dependa, algo que creo que podríamos hacer si ayudamos, como posible y deseable punto de partida inicial, a mejorar el civismo, el respeto y la educación.

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02

08 2010

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  1. focus #
    1

    Muy acertado tú artículo, estoy de acuerdo en que no hay que confundir y creer que todos los jovenes son botelloneros,el consumo de alcohol a todas edades ha ido en aumento en nuestro País y ya de por sí, creo que eso indica que algo no funciona en nuestra sociedad.