Archivo de agosto, 2010

La plantación inesperada

Cuando yo era pequeño, hace ya varios siglos, cada vez que oía hablar de plantaciones, enseguida acudían a mi mente imágenes de plantaciones de algodón y de películas norteamericanas en Technicolor ambientadas en algún estado esclavista del Sur. Las plantaciones por antonomasia eran para mí entonces ‘Tara’ y los ‘Doce robles’, que aparecían al principio de Lo que el viento se llevó, película que recuerdo haber visto varias veces, aunque creo que nunca llegué a ver por completo en su integridad, quizás porque siempre se me hacía un poquito larga o porque no acababa de entender nunca del todo la tormentosa y tortuosa relación existente entre Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) y Rhett Butler (Clark Gable). Y que los admiradores de este mítico filme y de ambos actores por favor me perdonen. No fue hasta muchos años más tarde cuando descubrí que había también otros tipos posibles de plantaciones, por ejemplo las dedicadas a la coca o la marihuana, según había podido aprender en este último caso concreto en diversas películas y series norteamericanas del género policiaco o de acción, y en las páginas de sucesos de los diarios. Sea como sea, uno se imaginaba siempre ese tipo de plantaciones bien al aire libre o bien en un invernadero, o como mucho en una pequeña maceta de alguna pequeña terraza, pero nunca en el interior de un piso o de una finca, y mucho menos en un piso o una finca de alguna barriada de mi propia ciudad. Así que ayer quedé realmente muy sorprendido cuando vi en IB3 Notícies Migdia que el Cuerpo Nacional de Policía había desmantelado en varias casas de La Soledat la mayor plantación de marihuana de todas las encontradas hasta ahora en Mallorca, con cerca de 3.000 plantas incautadas en total. Todo un inmenso jardín interior, sin duda, al que, por razones obvias, no llegaba a dar nunca el sol, ni siquiera a través de una pequeña ventana con discretas cortinas o discretos visillos, aunque al parecer unos flexos muy modernos cumplían, al menos en parte, con esa función solar, y al parecer no mal del todo, según pude comprobar observando el perfecto estado de las plantas también a través del noticiario de IB3. A quienes se dedican a ese cultivo ilegal y a otros igualmente prohibidos por la ley, supongo que de poco servirá recordarles que podrían plantar cualquier otra cosa, como por ejemplo hortalizas, pimientos y tomates, y que casi todos -descontando a los traficantes y a los consumidores- les estaríamos además muy agradecidos. Es cierto que con los años casi todos solemos cambiar mucho en casi todos los sentidos, aunque me alegra comprobar que siguen sin gustarme absolutamente nada las mismas plantaciones que ya no me gustaban absolutamente nada cuando era un niño.

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08 2010

Barack Obama o ‘Si tú me dices ven…’

Leyendo la agenda de hoy me he dado cuenta de que este mismo miércoles cumplen años nuestro querido presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, exactamente 50, y nuestro querido presidente de Estados Unidos, Barack Obama, exactamente 49. Esta curiosa coincidencia, que reconozco que hasta ahora desconocía, podría ser una de las razones que explicarían el inocultable arrobo amoroso que siente Zapatero por Obama ya desde la primera vez que se vieron, o quizás incluso desde un poquito antes, aunque estoy seguro de que debe de haber también otras razones para explicar ese enamoramiento puro y platónico, ideológicas en su mayor parte, que en cierto modo acaban siendo también siempre un poco sentimentales. Cada vez que les veo juntos, no puedo evitar pensar en una de las canciones para mí más maravillosas de Los Panchos, Si tú me dices ven, porque así veo yo ahora a nuestro presidente, capaz de hacer cualquier cosa -o casi- por Obama, tanto si se la pide como si no. “Si tú me dices ven, lo dejo todo./ Si tú me dices ven, será todo para ti./ Mis momentos más ocultos,/ también te los daré./ Mis secretos, que son pocos,/ serán tuyos también”, dice la canción. Es cierto que Zapatero no domina el idioma inglés, y ni siquiera el idioma tejano, como en cambio sí hacía nuestro querido ex presidente, José María Aznar, cuando hablaba con George Bush, pero ya se sabe que el lenguaje del amor está hecho sobre todo de gestos, de miradas, de sonrisas, de un poco de ternura y de apenas dos o tres palabras. De hecho, no sé en qué idioma debieron de hablar el pasado mes de mayo, cuando Obama llamó a Zapatero para pedirle que tomase de inmediato medidas para intentar reducir el déficit público, pero lo cierto es que el líder demócrata norteamericano consiguió en apenas unos pocos minutos lo que no habían logrado en los doce meses anteriores ni la Unión Europea, ni el PP, ni parte de su propio partido, ni El País y ni siquiera, que ya es decir, su amigo Pedro J. Ramírez. Fue hablar con Obama y cambiar radicalmente de opinión, para pasar a anunciar el ‘decretazo’ apenas unos pocos días después. “Si tú me dices ven, todo cambiará./ Si tú me dices ven, habrá felicidad./ Si tú me dices ven, si tú me dices ven”, prosigue la canción. En el sentido último de esta estrofa creo que se encuentra también un poco la clave del recién recuperado optimismo y buen humor de nuestro presidente, tras unas semanas de melancolía y de tristeza, altibajos anímicos muy propios, por lo demás, de cualquier persona que está profundamente enamorada. Cada vez que Obama le llama, nuestro presidente se siente enseguida mejor y sonríe, y yo añadiría que incluso parece que levanta la ceja un poco más. Y nosotros, indirectamente, también nos sentimos entonces un poco mejor. Confiemos en que hoy Obama le llame y en que ambos puedan felicitarse al menos por sus respectivos cumpleaños, porque en estos momentos, la verdad, uno no ve tampoco muchos mayores motivos de dicha ni de felicitación.

04

08 2010

Mariano Rajoy y el cinturón

Reconozcámoslo. Nuestro querido líder de la oposición, Mariano Rajoy, debería de haberse puesto el cinturón de seguridad durante la grabación del vídeo-blog en el que despide el último curso político mientras viaja en el asiento trasero de su coche oficial. “Mariano, por favor, ponte el cinturón”, debería de haberle dicho alguien en ese momento al bueno de Rajoy, quien además hace varios años sufrió un muy grave accidente de coche, e incluso unos pocos años después otro con un helicóptero. Pero creo que deberíamos de reconocer también que una vez que su partido ha pedido ya disculpas por ese error, lo ocurrido hace unos pocos días no tendría que pasar de ser ya más que una curiosa anécdota, una más que añadir a otras protagonizadas previamente por nuestro algo despistado líder opositor, como la de su primo catedrático y el cambio climático, la de su opinión sobre el desfile del 12 de octubre o la de su comentario sobre la posible defensa de Jaume Matas, por no hablar de la entrañable niña de Rajoy de la campaña electoral de 2008, que debe de ser ya una adolescente más o menos melancólica y quizás también algo desencantada. En alguna ocasión he comentado ya que a mí Mariano Rajoy me cae bien. No puedo evitarlo. Alguien que es criticado con la misma brutalidad y virulencia por Federico Jiménez Losantos y por Enric Sopena, no puede ser tan malo. Personalmente, considero que sus pequeñas meteduras de pata y algunas de sus dudas, junto a su elegante ironía, le hacen más humano, más próximo, acostumbrados como estamos en este país a políticos -o a periodistas- de una pieza, es decir, a demagogos y a tendenciosos hasta la médula, genuinos representantes del “si no estás conmigo, estás contra mí”, del “verdades como puños”  y del “las cosas claras, y el chocolate, espeso”. Además, Rajoy no provoca ningún rechazo entre muchos votantes moderados y centristas que tradicionalmente no votan al PP, algo esencial para poder ganar unas elecciones, aunque, si se me permite la broma, creo que en cambio sí provoca un cierto rechazo entre los votantes más extremistas de su propio partido. Yo veo a Rajoy capaz de ser un buen presidente del Gobierno si los electores de este país así lo quisieran de forma mayoritaria en 2012, siempre y cuando previamente algunos de los principales barones del partido y algunos periodistas especialmente combativos y guerreros dejen de conspirar dos días seguidos contra él, y al mismo tiempo Esperanza Aguirre, Francisco Camps o Francisco Àlvarez-Cascos dejen de darle problemas igualmente al menos durante dos días seguidos, cada uno a su manera, claro. Es cierto que en ocasiones Rajoy es demasiado indeciso y que debería de haber sido mucho más contundente en la lucha contra la corrupción, pero creo que muchos de sus posibles, hipotéticos o potenciales votantes aún seguimos confiando en él, entre otras razones porque creemos que representa una línea centrista de tolerancia y de diálogo que hoy nos parece quizás más necesaria que nunca, lo cual no es en absoluto incompatible con que le pidamos que, por favor, a partir de ahora se ponga siempre el cinturón, en sentido literal y también además metafóricamente.

03

08 2010

El ‘botellón’ nos incumbe a todos

El derecho al silencio, a la tranquilidad, al descanso, debería de ser uno de los más sagrados que existieran, incluso en países como el nuestro, tan dados a la fiesta y a la celebración, y, por tanto, también al ruido en la calle. En este sentido, el ‘botellón’ representa un grave problema de salud pública para quienes lo padecen, y, en otro sentido, puede llegar a suponerlo también para quienes lo practican, dados los conocidos riesgos que conlleva siempre el consumo excesivo de alcohol. La futura ordenanza reguladora del uso cívico de los espacios públicos pretende dar solución a ambos aspectos del problema, y en este sentido sólo cabe felicitar muy sinceramente a la regidora de Igualtat i Drets Cívics, la socialista Cristina Ferrer, y a su equipo por el trabajo hecho hasta ahora para poner en marcha una ordenanza de estas características, objetivo que además ha contado con valiosas aportaciones del Grupo Municipal Popular en el Ajuntament de Palma. Creo que tanto en el pasado mandato, con la popular Catalina Cirer, como en el actual, con la socialista Aina Calvo, se han ido dando pasos positivos en la buena dirección para intentar solucionar los problemas derivados de la práctica del ‘botellón’, cuya solución creo honestamente que nos incumbe a todos y no sólo a los responsables políticos y técnicos de las distintas instituciones. En primer lugar, creo que sería conveniente intentar tener siempre un poco de perspectiva cuando hablamos de nuestros hábitos de ocio, para no acabar culpabilizando siempre de todo a los jóvenes. Los graves problemas de ruidos y de suciedad habidos años atrás y durante mucho tiempo en La Lonja no los causaron nunca ni el ‘botellón’ ni los más jóvenes, sino personas de todas las edades, muchas de las cuales tenían además un gran poder adquisitivo, del que dejaban constancia tanto en invierno como en verano, en una época en la que además no había la grave crisis económica que en cambio sí hay ahora. Por otra parte, personalmente pienso que los fines de semana se han ido convirtiendo poco a poco, sobre todo en los adultos, más en una vía de escape algo descontrolada de todas las tensiones acumuladas de lunes a viernes en el trabajo o de diversas frustraciones personales, que no en un momento de ocio tranquilo y relajado. En los adultos, esas tensiones acumuladas, fruto sobre todo de las constantes presiones laborales, suelen derivar cada vez más en profundas depresiones, o en adicciones al alcohol o a las drogas, o en desórdenes de tipo alimenticio, situaciones dramáticas que a casi nadie parecen preocupar o interesar de verdad, o no al menos mientras esas mismas personas sigan ayudando a dar beneficios tanto a las empresas en las que trabajan como a los locales de ocio a los que acuden. En los jóvenes, creo que las salidas de fin de semana siguen estando aún muy vinculadas a que pueden ser un buen vehículo de socialización, aunque en ocasiones puedan ser también una manera de intentar escapar, de un modo muy poco aconsejable, de difíciles situaciones familiares. El ‘botellón’ y otras formas de ocio ligadas a un consumo abusivo de alcohol, tanto en jóvenes como en adultos, son sólo una muestra más de una sociedad desarrollada que, más allá de las apariencias, no funciona en muchos aspectos esenciales, y que seguirá sin funcionar mientras sigamos queriendo dar la culpa de todos nuestros problemas a tal o cual institución y no pongamos nada de nuestra parte para intentar solucionarlos en lo que de nosotros mismos dependa, algo que creo que podríamos hacer si ayudamos, como posible y deseable punto de partida inicial, a mejorar el civismo, el respeto y la educación.

02

08 2010

El ejemplo de Carles Puyol

Hoy he sentido una gran alegría cuando he visto que Carles Puyol ha anunciado, a través de su blog, que continuará jugando con la selección española aún dos años más. Creo que es una excelente noticia para todos los aficionados al fútbol, y de un modo muy especial para quienes creemos que no es en absoluto incompatible sentirse esencialmente o en primer lugar catalán -o vasco, o andaluz, o canario, o madrileño- y al mismo tiempo desear jugar con España y dar lo mejor de uno mismo como jugador y como persona, como es el caso de este gran defensa del Barça y también de nuestra selección, que además nos llevó a la final con su golazo de cabeza ante Alemania. El Mundial de Sudáfrica creo que ha sido, en este sentido, un buen e inmejorable ejemplo de lo que estoy exponiendo ahora, pues han coincidido a las órdenes de Vicente del Bosque jugadores de diversas autonomías y regiones -o naciones, si alguien lo siente así- durante cincuenta días, y su convivencia ha sido exquisita desde el principio hasta el final de la competición. Y si pensamos ahora únicamente en los jugadores que tienen una relación más directa con Cataluña, ha habido en la selección catalanes que juegan fuera de su tierra de origen, catalanes que juegan desde siempre en el Barça y jugadores nacidos en otros puntos de España -o del Estado, si alguien lo siente así- que antes o ahora forman parte de la plantilla del club blaugrana. La pluralidad que un observador desapasionado puede ver en el día a día de nuestro país, en este mundo real, global y cambiante del siglo XXI, tiene también, por fortuna, un fiel reflejo en nuestra selección de fútbol. En este sentido, una de las imágenes que más me emocionó una vez concluido el partido contra Holanda y habiéndonos proclamado ya campeones del Mundo, fue la del intenso abrazo que se dieron Carles Puyol e Íker Casillas. Es cierto que desde ciertas columnas periodísticas y desde ciertos espacios de radio y de televisión se promueve, casi diariamente, el odio, el insulto, la intolerancia o la falta de respeto hacia quien piensa diferente, algo que ocurre tanto en una dirección como en otra. Y buena parte de nuestra actual clase política parece ir también, por desgracia, en esa misma línea, también tanto en una dirección como en otra. Quienes crean y mantienen ese clima constante de discordia civil creo que en el fondo son una minoría, pero como gritan u ofenden a través de los medios de comunicación o del poder, a veces puede parecer, por la resonancia y el eco que tienen, que son muchos más de los que realmente son en realidad. Es cierto que a veces resultan suficientes cuatro iluminados -o en ocasiones incluso algunos menos- para conducir a un país, a cualquier país, al desastre, pero quiero creer y creo todavía que en nuestro país hay aún una gran mayoría de personas capaces de respetar, de comprender, de disentir respetuosamente y de apostar por la convivencia, más allá de lo que en un momento dado puedan pensar, por ejemplo, del nuevo Estatut o de los toros, que creo que son las mismas personas que, desde cualquier rincón de Cataluña o de otros puntos de España, estoy seguro de que están o estarán hoy encantadas con la decisión del gran Carles Puyol.

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08 2010