Zapatero acaba de cumplir diez años

Nuestro querido presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cumplió ayer diez años, diez años como secretario general del PSOE, quiero decir, y me alegró ver que parece haber superado ya la “depre” que le atenazaba hace apenas algo más de un mes, cuando nuestro querido ex presidente del Gobierno, Felipe González, llegó a afirmar que veía a su partido sumido en una “depre colectiva” y a Zapatero “golpeado por la realidad de la crisis”. Ayer, sin embargo, volvimos a encontrarnos al Zapatero de siempre, al de toda la vida, al Zapatero que unos llamarían optimista, otros ingenuo y otros algunas cosas tal vez un poco peores, al político seguro de sí mismo que, sin embargo, parece vivir en realidad en otro país, por no decir en otro mundo. “Estamos mucho mejor de lo que parece y lo vais a vivir”, afirmó ayer ante sus compañeros de partido, al parecer sin ponerse colorado y sin que le creciera tampoco la nariz. Cuando le escucho decir frases como ésa o muy parecidas, siempre pienso que nuestro presidente es como una especie de niño grande, un niño con la mentalidad de un chavalín de diez años, los mismos que lleva dirigiendo el partido, que se quedarían en sólo seis en el caso de la dirección -por llamarla de algún modo- de nuestro país. Cuando somos niños, solemos ver las cosas de un modo muy diferente a como las solemos ver luego de adultos, y pienso que eso a veces es bueno, porque hay en la etapa infantil una credulidad y una capacidad de fabulación que suelen ir perdiéndose poco a poco conforme vamos cumpliendo años, y que seguramente no deberían de llegar a perderse nunca del todo. El problema puede surgir cuando esa credulidad y esa capacidad de fabulación se mantienen absolutamente intactas en la madurez y cuando quien las mantiene es el presidente del gobierno de una nación. Seguramente, Zapatero debió de ser en su infancia un niño siempre alegre, fantasioso y optimista, del mismo modo que yo fui, en cambio, un niño mayormente melancólico, sensible y reservado, lo que no me impidió ser también a ratos un niño alegre, fantasioso y optimista, pero, ya digo, sólo a ratos. Zapatero parece haber superado ya su reciente “depre” y también su partido. Me alegro. De verdad. Me gusta verles a ambos contentos. Ahora ya sólo hace falta que quienes superemos nuestra profunda “depre” seamos los casi 46 millones de españoles restantes, los que cada día que pasa nos sentimos más y más afectados por esta crisis que a veces parece no acabar nunca. Aunque me temo que para que podamos acabar saliendo finalmente a flote, necesitaremos contar algún día con un dirigente que sea algo más que un ya talludito niño grande.

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07 2010

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