Vuelve el CDS, pero no es mi querido CDS

En los años ochenta y noventa del pasado siglo voté casi siempre al CDS en las distintas elecciones que se celebraron entonces, como he recordado ya en alguna ocasión, tanto por mi gran admiración política y personal hacia Adolfo Suárez como por la ideología que dicho partido defendía mayoritariamente entonces, que era el social-liberalismo. Durante varios años, el CDS fue el tercer partido más votado en España, pero, como es sabido, a principios de los años noventa entró en una profunda crisis como partido y de pérdida masiva de votos, de la que ya nunca se llegó a recuperar. De hecho, yo diría que el CDS ha sido desde entonces un poco como el Guadiana, que aparecía y desaparecía misteriosamente en las sucesivas convocatorias electorales, sin que en realidad supiéramos muy bien cómo, cuándo ni por qué. Incluso su prevista integración en el PP, aprobada en 2005 en el XI Congreso Nacional, acabó finalmente como “el rosario de la aurora” o como “sa processó de sa moixeta”, para decirlo muy suave y elegantemente. En este contexto, yo mismo había propuesto alguna vez a mi compañero y amigo Javier Jiménez -también antiguo cedeísta convencido- refundar el partido algún día, algo que ya no será necesario, pues este fin de semana he leído en la prensa que el CDS vuelve de nuevo, al menos en Balears, aunque me temo que este CDS ya no es mi CDS, del mismo modo que nosotros, los centristas de entonces, seguramente no somos tampoco ya los mismos. Volver a utilizar unas siglas históricas o marcar distancias tanto con el PSOE como con el PP, no significa necesariamente que un partido vaya a aportar nada nuevo en el actual panorama político actual, no sólo porque en el PP y en el PSOE y en otras formaciones hay personas realmente muy válidas, sino porque la idoneidad de las ideas que uno defiende a nivel teórico se acaban demostrando siempre sólo en la gestión del día a día. En este sentido, creo que resulta por ejemplo poco relevante, al menos para mí, quién pueda haber estado mejor o peor en el Debate sobre el estado de la nación, si José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy, porque ya sabemos, hablando más en general, que ser un buen orador no es incompatible con ser un mal gobernante, o viceversa, aunque puestos a soñar, lo que uno quisiera es poder contar algún día con un buen presidente que además fuese un buen orador, o con un buen orador que además fuese un buen presidente, hombre o mujer. En cualquier caso, me alegra de verdad que vuelva el CDS, aunque ya no sea mi antiguo y querido CDS, aquel que hizo que me sintiera bien y un poco menos solo en la defensa ilusionada de Adolfo Suárez, de la tolerancia, de la convivencia y, por supuesto, del centrismo.

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07 2010

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