Las prioridades

Durante años fui comprando libros y más libros, con la esperanza de que llegaría un día en que dispondría del tiempo suficiente para poder ir leyéndolos todos poco a poco, algo que desde hace ya un cierto tiempo sé que será del todo imposible, incluso aunque llegase a vivir casi tanto como Josep Mascaró, el entrañable abuelo del anuncio de la Coca-Cola. A veces, cuando de vez en cuando voy quitando el polvo de todos los volúmenes que tengo en casa, descubro aún libros que no sabía ni que tenía o de los que ya no me acordaba, y me alegra saber que están ahí y también intentar recordar cuándo fue que los compré, la mayor parte de ellos en mis lejanos años de estudiante de Filosofía, cuando soñaba con llegar a ser algún día un escritor más o menos popular y reconocido, y llevar también una vida más o menos retirada y tranquila. Haciendo ahora un poco de balance, creo que puedo decir que al menos lo segundo sí que más o menos lo habría conseguido. A esta altura de mi vida, en la etapa que muy elegantemente solemos denominar como de la madurez, me doy cuenta de que uno de los verbos que quizás debería de intentar conjugar más a partir de ahora debería de ser el verbo “priorizar”, no sólo con respecto a los libros esenciales que tendría que leer, sino también por lo que se refiere a otras posibles actividades, al ámbito de las relaciones humanas o a un uso seguramente algo más adecuado del tiempo. Tenía toda la razón del mundo Josep Mascaró en aquel hermoso y refrescante anuncio cuando le decía a la recién nacida Aitana Martínez lo siguiente: “No te entretengas en tonterías, que las hay, y vete a buscar lo que te haga feliz, que el tiempo corre muy deprisa”. Y Josep sabe bien de lo que está hablando. “Te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz”, le comentaba igualmente a Aitana. Y la felicidad, o al menos un poquito de ella, suele encontrarse muy a menudo en las cosas más sencillas, en aquellas que a veces no valoramos en su justa medida, como leer un libro o ver una película, como contemplar un paisaje o escuchar una canción, como pasear de forma pausada o charlar tranquilamente, a ser posible con la persona amada. Porque al final, como decía también Josep, de lo único que nos acordamos es siempre de las cosas buenas.

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09

07 2010

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