La vocación literaria del juez Castro

Desde que el juez José Castro dictó su primer auto contra el ex presidente autonómico balear, el popular Jaume Matas, la expectación ante cada nuevo auto o cada nueva interlocutoria del magistrado ha sido siempre muy grande, pero no tanto por las decisiones tomadas con respecto a Matas o al PP, que también, sino por el estilo con el que todos esos textos suelen estar redactados, en donde son frecuentes las argumentaciones o las reflexiones irónicas, cínicas o sarcásticas, algunas de ellas, hay que reconocerlo, especialmente ingeniosas o brillantes, al menos literariamente hablando, claro. De hecho, yo diría que desde hace unos pocos meses nos ha salido a todos los columnistas, tanto a los integrados que triunfan en las ediciones de papel como a los outsiders que fracasamos en las ediciones digitales, un duro competidor en el arte de escribir, aunque no sabría decir en qué ámbito, si en el género de la ficción o en el de la no ficción, aunque es posible que las sentencias y los autos sean a veces una especie de sabio compendio de ambos. Si en lugar de dedicarse a la justicia, José Castro hubiera optado en su juventud por dedicarse profesionalmente a la literatura o a la filosofía, no tengo ninguna duda de que más pronto o más tarde hubiera acabado llamando la atención, cuando menos por su profundo y radical escepticismo. Aunque ya dice el refrán que nunca es tarde si la dicha es buena o si la dicha llega, que nunca acabo de estar del todo seguro de cuál de las dos conclusiones es la correcta con respecto a la dicha. Es también cierto, no obstante, que en la actualidad existen en nuestro país algunos magistrados que compaginan su trabajo en los tribunales con su vocación ensayística o divulgativa, que suelen hacer efectiva bien a través de artículos en diarios y revistas, o bien incluso publicando en alguna ocasión algún libro. En estos casos puntuales y concretos, las sentencias y los autos que redactan dichos jueces no suelen llamar prácticamente nunca la atención, a no ser que formen parte del Tribunal Constitucional y que hablen del Estatut de Catalunya, en cuyo caso se disparan también los índices de expectación, de lectores y de audiencia. Por otra parte, es igualmente cierto que, en general, los textos de carácter jurídico no suelen destacar casi nunca por la brillantez de su prosa, que a veces es incluso algo confusa y enmarañada, algo que, para intentar ser de verdad justos, yo creo que ocurre también hoy en día con los textos de buena parte de los articulistas de mayor éxito en nuestro país, lo cual debería de ser considerado, al menos en principio, como estilísticamente un poco más preocupante, incluso yo diría que como una pequeña falta, sin alcanzar por supuesto en ningún caso la condición máxima de delito ni exigir tampoco la imposición de ninguna medida cautelar, por mucho que puedan estar corrompiéndose al mismo tiempo nuesto ánimo y el lenguaje, y por mucho que en ocasiones pueda parecernos casi todo un fraude.

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07 2010

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