De boda en boda

En nuestro país parece no haber término medio ni siquiera en los asuntos llamados del corazón. O nos casamos en secreto, sin que casi nadie lo sepa, u optamos por anunciar nuestra futura boda a bombo y platillo, o incluso con una orquesta entera, y a ser posible con muchos meses de antelación, bien en el ¡Hola! o bien en el resto de revistas rosas, dependiendo de nuestra posición, clase e influencia social. Del mismo modo, o nos casamos rodeados únicamente de cuatro amigos, que en algunos casos yo diría que incluso pueden llegar a ser sólo conocidos o saludados, o lo hacemos en una iglesia o una catedral con la presencia de miles y miles de invitados, todos ellos, por supuesto, únicamente familiares y amigos íntimos. En el primer caso, el escenario elegido para la boda suelen ser unas islas remotas de un país extranjero, por ejemplo Las Bahamas, mientras que en el segundo caso el matrimonio suele tener siempre lugar en España. Lo que más me sigue sorprendiendo, con todo, es que aún haya en nuestro país personas dispuestas a casarse, sobre todo teniendo en cuenta el elevadísimo índice de separaciones y de divorcios que hay últimamente en España, según he podido descubrir o constatar, por un lado, gracias a los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas, y, por otro lado, gracias a los programas Sálvame -incluida su versión Deluxe, Enemigos íntimos o Dónde estás corazón. Yo creía, sinceramente, que llegaría un día en que ya nadie se casaría en nuestro país, pero parece ser que en realidad está sucediendo justo lo contrario, pues últimamente sólo leo noticias en este sentido, como por ejemplo acerca de la reciente boda de Penélope Cruz y Javier Bardem, o sobre el enlace que tendrá lugar este fin de semana en Mallorca entre Mikel Arteta y Lorena Bernal, o sobre la boda de Susana Uribarri y Darek el próximo otoño. En las entrevistas previas o posteriores a cada enlace matrimonial, hay una frase que se repite siempre de forma invariable, “es la mujer de mi vida” o “es el hombre de mi vida”, afirmación que yo creo que nos suele parecer siempre, a un tiempo, preciosa y temeraria, preciosa por el significado que tiene y la ilusión que denota, y temeraria porque algunas de las personas que pronunciaron frases iguales o muy parecidas no hace aún mucho tiempo, hacen hoy afirmaciones absoluta y radicalmente contrarias en los citados programas del corazón, normalmente siempre unos pocos minutos antes de que llegue luego otro invitado u otra invitada anunciándonos su próxima boda. Y así, de este modo, después de la publicidad, tras la entrega de un obsequio a un espectador y justo antes de irnos a dormir, volvemos a creer de nuevo todos en la magia y en el misterio del amor.

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07 2010

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