Yo también me he afeitado la barba

Tras varios días de gran incertidumbre, no tuve ninguna duda de que íbamos a ganar el partido contra Honduras cuando supe que horas antes Íker Casillas había decidido afeitarse la barba por completo. Estos gestos, en apariencia tan pequeños, son los que pueden acabar devolviéndonos la confianza en nuestra selección, más allá del debate sobre si debemos de seguir o no con el “tiqui-taca” o sobre si Cesc debería de jugar de titular ya desde el principio. El papel de las pequeñas supersticiones en el mundo del fútbol puede resultar a veces tan esencial y definitivo para el resultado final como lo puedan llegar a ser también un buen o un mal arbitraje o el diseño táctico del partido hecho previamente por el entrenador. Cada jugador suele tener casi siempre su propio ritual, desde el modo en el que salta al terreno de juego hasta la manera en la que celebra sus goles o sus aciertos. Incluso los entrenadores tienen también sus propias estratagemas psicológicas, como por ejemplo dar un golpe en el pecho a todos sus jugadores antes del inicio del partido, utilizar siempre la misma corbata hasta que se pierde un encuentro, o decidirse por el chándal en lugar de por el traje de marca para sentarse en el banquillo. Yo mismo, sin ir más lejos, sigo siempre pequeños y diversos rituales en mi vida cotidiana, aunque el primer terapeuta al que acudí y también todos los siguientes me dijeron que mis rituales estarían motivados, en realidad, por el hecho de padecer desde la adolescencia la enfermedad conocida como trastorno obsesivo compulsivo, más o menos como le ocurría a Jack Nicholson en Mejor imposible. La opción de llevar o no barba no formaba parte hasta ahora de esos rituales míos particulares, porque desde hace varios años, y por problemas de piel, suelo afeitarme únicamente sólo una vez a la semana, así que casi siempre llevo barba, aunque sea sólo de unos pocos días. No obstante, vistos ayer los evidentes buenos resultados de la decisión de Íker Casillas de afeitarse la barba para volver a tener buena suerte, he pensado que a partir de ahora intentaré afeitarme cada dos o tres días, ya que a lo mejor las mil cosas, poco más o menos, que me fueron mal en estos últimos años, profesional, económica, literaria, política y sentimentalmente, me fueron mal por el aspecto de mi cara. Así que justo antes de escribir estos futbolísticos ‘duendes’, y al igual que Íker Casillas, yo también me he afeitado -por lo que pueda ser- la barba.

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06 2010

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  1. Neus #
    1

    M’has enganat…
    X'(

  2. postulante a hada #
    2

    Cuando las barbas de tu vecino veas cortar…
    Mientras media España vive –sin vivir en ella- por el aspecto de Casillas, que debe ser como el acontecimiento interplanetario pajiniano futbolístico. En Somalia, un país que ha vivido un islamismo relajado ve como con el paso del tiempo se va radicalizando el régimen islamista y con ella, los castigos a latigazos, amputaciones y pena de muerte por desobedecer una orden pués ahora deben dejarse crecer la barba. Sí, debe ser una señal, un ritual…primero fue prohibir la música, las películas, el baile, las celebraciones, el fútbol…llámesele ritual, modus operandi…