…Y yo con mi bandera de España

Cuando acabó el partido entre España y Suiza, empezaron a escucharse ayer por la tarde varios cohetes y petardos en la zona de mi barriada, y por un momento pensé que podrían ser de vecinos o de residentes nacidos en la hermosa nación helvética, aunque luego caí en la cuenta de que no debe de haber muchos ciudadanos de origen suizo ni en mi calle, Reis Catòlics, ni seguramente en todo el municipio entero de Palma. Otra posibilidad podía ser que las muestras de alegría provinieran de personas de ideología independentista, pero después del partido hablé con dos buenos amigos que profesan esa ideología, y la verdad es que creo que aún estaban mucho más desolados y hundidos que yo por la derrota de nuestra selección. La tercera posibilidad, nada desdeñable, podría ser la de que quienes lanzaron los cohetes fueran en realidad aficionados acérrimos de la ‘roja’, que tras haberse gastado quizás medio sueldo en la adquisición de petardos debieron de pensar, tal vez, que era mejor ir gastándolos ya ahora todos en la primera fase, poco a poco, por si al final no llegásemos ni siquiera a los octavos de final. De hecho, yo creo que en apenas dos horas casi todos pasamos de vernos ya prácticamente campeones del Mundial a hacer todo tipo de cábalas y de cálculos matemáticos para ver qué opciones reales tenemos de no caer eliminados ya en la primera fase. En otras palabras, hemos vuelto de nuevo a nuestros orígenes futbolísticos mundialistas, a pasar de la euforia absoluta a la desmoralización total sin término medio, a pensar de nuevo en Cardeñosa, en Eloy, en Julio Salinas o en todos los cuartos de final que no superamos, incluido el del Mundial de Japón y Corea. Sin embargo, creo que nuestro entrañable derrotismo de siempre quedó ayer al menos en parte justificado tras haber observado todo lo acontecido en el terreno de juego: un penalti a favor que no nos pitan, un gol encajado en el que de verdad es imposible tener más mala suerte y varias opciones claras a nuestro favor para poder empatar como mínimo el partido, sin que llegue a materializarse finalmente ninguna. A diferencia de mis vecinos, yo no tengo ni petardos ni cohetes, ni buscapiés ni tampoco tracas, pero desde hace unos días sí tengo una hermosa bandera constitucional de España en casa, que pensaba colgar en el balcón cada vez que lográsemos un triunfo en este Mundial. De momento, mi bandera sigue bien plegadita en su bolsita de plástico, colocada sobre mi barojiana o azoriniana mesa camilla, pero creo que al final la acabaré colgando ya esta misma semana, como hizo un vecino mío ayer, para que si alguien la ve en mi balcón pueda decir o pensar con una cierta mezcla de fatalismo, de tristeza y de ternura: “Mejor que la cuelgue ahora, que con nuestra selección pasa luego casi siempre lo que pasa”. Casi siempre, sí, aunque igual, quién sabe, acabaré teniendo la bandera en mi balcón todo un mes entero, hasta el mismo día de la final del Mundial de Sudáfrica.

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06 2010

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  1. Neus #
    1

    S’han akabat s dinars…
    X'(((((