Volver a casa

Quizás si en general fuéramos más conscientes de que la vida es siempre tan valiosa como frágil, tan hermosa como imprevisible, en muchas ocasiones actuaríamos quizás de una forma distinta a como lo solemos hacer normalmente. Quizás, sólo quizás, porque la experiencia suele demostrarnos también que, casi ocurra lo que ocurra o pase lo que pase, los seres humanos solemos ser una y otra vez, con las debidas excepciones, contumaces en el error, o también en nuestros propios prejuicios, o en nuestro exceso de egoísmo. Sólo los sueños, nuestros propios sueños, cuando son compartidos con otras personas, parecen capaces de poder cambiar esa dinámica tan poco interesante y atractiva. Porque cuando la realidad no nos gusta o la encontramos injusta, entonces optamos por soñar o por imaginar, en el mejor y más noble de los sentidos. Soñamos o imaginamos que las cosas podrán cambiar si cada uno de nosotros pone un poco de voluntad para que así sea efectivamente, para que haya mayor igualdad, o tolerancia, o justicia a todos los niveles, o protección social. Soñamos o imaginamos que de verdad intentaremos ser un poco mejores de lo que lo solemos ser cada día. Soñamos o imaginamos que un día conoceremos a una persona que nos amará tan profundamente como nosotros la amaremos a ella. Soñamos o imaginamos que al final de nuestras propias vidas podremos mirar hacia atrás y ver que la mayor parte de cuanto hicimos tuvo un sentido, aunque seguramente no todos nuestros sueños pudieran llegar a cumplirse finalmente. En una de las películas de ciencia ficción para mí más hermosas de estos últimos años, Gattaca,  su director, Andrew Niccol, nos habla del valor de la amistad, del amor, del propio esfuerzo personal, del deseo de superación, de la necesidad de relativizar la propia herencia genética, de no rendirse ante las dificultades, de no aceptar determinadas normas que podemos considerar injustas, a pesar de que no siempre podamos salir finalmente victoriosos de ese noble empeño. En una de las secuencias más emotivas de la película, uno de sus protagonistas se despide de forma definitiva de su mejor amigo a través de una carta, una carta que en cierta forma es también como un epitafio, un epitafio en el que pese a todo hay también un sueño en forma de esperanza: “A pesar de ser alguien no apropiado para este mundo, de pronto me resulta difícil dejarlo. Dicen que cada átomo de nuestro cuerpo fue antes una estrella. Quizás no me voy. Quizás vuelvo de nuevo a casa”. Quizás, cuando también nosotros nos vayamos un día, volveremos a formar parte de alguna lejana estrella, volveremos en realidad de nuevo a casa.

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02

06 2010

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  1. Catalina Coll i Marí #
    1

    Preciós escrit per començar el mes de Juny.