Un Mundial diferente

Quizás sea sólo una percepción subjetiva y personal, pero pienso que en esta ocasión el Mundial de Fútbol está despertando entre la ciudadanía un interés real sensiblemente menor que en ediciones anteriores. Es cierto que el despliegue de las cadenas de televisión, las emisoras de radio y los periódicos para cubrir este evento deportivo está siendo espectacular, como también lo es que muchos de los anuncios que podemos ver ahora tienen una relación directa o indirecta con nuestra selección, pero aun así, creo que va a ser un Mundial que muchas personas vamos a seguir por primera vez con una cierta distancia, a pesar de lo mucho que nos pueda gustar el fútbol. Tal vez influya en este hecho la creciente mercantilización de cualquier acontecimiento deportivo de dimensión internacional, lo que supone que muchas empresas hagan una gran inversión -que a veces considero que puede ser realmente excesiva- con el objetivo de obtener luego un extraordinario rendimiento económico. Un objetivo como este no tendría por qué ser a priori en absoluto malo, sino más bien todo lo contrario, pero lo que a mi juicio ocurre es que en no pocos casos esos resultados económicos se quieren obtener a través de una cierta saturación o sobresaturación de información o de publicidad, que creo que en ocasiones puede acabar produciendo un efecto contraproducente y contrario al deseado, en el sentido de que puede llegar a provocar un gran agobio en el receptor de esos mensajes, por muy buen aficionado que incluso pueda ser, un aficionado que entonces, paradójicamente, buscará espacios en donde, aunque sólo sea por un breve periodo de tiempo, no se hable nada de fútbol. Nada me encantaría más que nuestra selección ganase el Mundial de Sudáfrica, pero cabe preguntarse qué ocurrirá si no se repite el éxito de la Eurocopa, si más o menos repetimos el papel que hemos hecho en las últimas ediciones. Si esto fuera así, a nuestra gran decepción personal habría que añadir la decepción de quienes, como decía antes, han hecho una inversión quizás algo desproporcionada en la actual situación de crisis económica. Quizás el hecho mismo de que exista esta crisis, de que esté siendo más larga y esté afectando a más personas de lo que hubiéramos podido llegar a imaginar nunca, puede estar influyendo también en ese cierto desapego de una buena parte de la ciudadanía hacia este acontecimiento deportivo, porque ya ni siquiera el fútbol parece capaz en estos momentos de hacer desaparecer esa tristeza sorda y ese desánimo más o menos latente que nos embarga, sobre todo cuando para millones de compatriotas intentar llegar a final de mes se ha acabado convirtiendo en un objetivo tan heroico y valioso como llegar a ganar finalmente un Mundial.

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06 2010

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  1. postulante a hada #
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    Nadie pone en duda que el deporte ayuda a sacar a la clase mas menesterosa durante 90 minutos de, por así decirlo, un pronunciado letargo. Y todo lo que consigue atraer masas desvía la atención de otros temas. Durante mucho tiempo se ha jugado, y nunca mejor dicho, a usar este recurso infalible, los deportes son el opio del pueblo y no a religión como dijo Marx. Quizá llegó un momento en que la realidad social que vivimos es tan paupérrima que es difícil de opacar. Supongo que el españolito de a pié tiene inquietudes más apremiantes para preocuparse y/o interesarse por el peinado de fulanito, la lesión de menganito o si ganó el equipo de zutanito. En esta España sangrante lo único rojo son el estado de las cuentas bancarias de los que están en situación de desamparo.