Pleno en el pleno

De las 156 propuestas de resolución presentadas y votadas finalmente en la segunda jornada del ‘Debate sobre el estado de la ciudad’ del Ajuntament de Palma, fueron aprobadas en total… las 156 propuestas, y de ellas, dos terceras partes además por unanimidad. Un resultado así, que yo creo que nunca se llegó a dar ni siquiera en los congresos más tranquilos del antiguo Partido Comunista de Bulgaria, demostraría, a mi juicio -y mucho mejor que cualquier posible análisis que se pueda hacer-, hasta qué punto se encuentra el consistorio palmesano en una situación de profunda crisis institucional, yo diría que además casi desde el principio del actual mandato, aunque mucho más acentuada desde el pasado mes de febrero, con la ruptura del tripartito. A dicha crisis habrían contribuido en mayor o menor medida las cuatro formaciones que cuentan con representación municipal en este mandato, el PSOE, el PP, el Bloc y UM, aunque en el caso del partido nacionalista yo diría que su “contribución” ha sido constante, tanto cuando estaba en el equipo de gobierno como cuando ahora ha pasado a estar en la oposición. El portavoz del PSOE en Cort, José Hila, afirmó que el de ayer había sido “el pleno del consenso”, pero sinceramente yo no lo veo así, y pienso, en cambio, que en realidad habría sucedido ayer casi más bien lo contrario. Si entendemos que en política buscar el consenso es intentar llegar a acuerdos entre gobierno y oposición, sean del color que sean, en aquellos asuntos considerados como esenciales, pensando en el bien de la ciudadanía en su conjunto y más allá de los escaños con que pueda contar cada partido, creo que podríamos estar de acuerdo en que lo que ayer pasó en el pleno no fue exactamente eso, del mismo modo que creo que podríamos coincidir también en que si hay algo de lo que hoy carece nuestro consistorio, con unas pocas y admirables excepciones en cada partido, es de personas que crean de verdad en el diálogo y en el respeto. No puede existir de verdad consenso cuando continuamente se está intentando machacar al adversario político día tras día, y, luego, por razones de aritmética o de conveniencia política, se llega en los plenos a muchos acuerdos in extremis entre el equipo de gobierno y la oposición, o viceversa, a pesar de no creer en el fondo en ellos. No puede existir de verdad consenso cuando en una institución se vive en una situación de crispación casi constante y de descalificaciones personales de muy grueso calibre, a la vez que el descalificador apela a la urgente necesidad de reunirse y de hablar con el descalificado, papeles que además se están intercambiando casi continuamente entre los distintos partidos. Si se me permite un símil futbolístico, coincidiendo con la celebración del Mundial, este mandato está siendo en el Ajuntament de Palma como aquellos partidos de fútbol que pese a alguna buena jugada o a algún destello de elegancia y de calidad, al final sólo se acaban recordando por el juego sucio, las entradas criminales, los golpes bajos, los goles en fuera de juego, las lesiones o las expulsiones habidas en cada equipo, con independencia de quién fuese el que inició la bronca o el que dio la primera patada. Sólo los hooligans de cada equipo, en forma de simpatizantes incondicionales, entrenadores sancionados que quieren dirigir a sus jugadores desde la grada -o incluso desde fuera del estadio- y periodistas sin ética ni principios, pueden llegar a defender lo absolutamente indefendible de ese comportamiento, mientras los buenos aficionados, es decir, la mayoría de ciudadanos, miran el reloj ansiosos, esperando que acabe de una vez ese partido y que se renueven luego ambos equipos, que en este caso será ya, para nuestra suerte, el próximo mes de mayo.

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06 2010

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