Los últimos románticos

Uno de los breves ensayos que más me gustan de mi admirado Andrés Trapiello y que sin duda más he citado es El penúltimo romántico, que el reconocido autor leonés iniciaba recordando uno de los versos más famosos del gran poeta y dramaturgo irlandés William Butler Yeats: “Fuimos los últimos románticos”. Ese nostálgico y melancólico verso le daba pie a Andrés Trapiello para que pudiera exponer en ese mismo ensayo cuál era su propia visión sobre la esencia de los poetas románticos. “Todos los poetas de cualquier siglo o país han pronunciado palabras semejantes, incluso con anterioridad a que al romanticismo se le llamara romanticismo. En cierto modo la conciencia crepuscular de ser los últimos les resarce a los poetas del dolor de ser románticos, es decir, hombres que nunca, ni antes ni después, llegarán a nada. Podríamos definir esta manera de ser poeta, tal vez la única, así: la alegría de estar tristes o la melancolía de haber conocido unos días alegres”, escribía el autor de Las vidas de Miguel de Cervantes. Cuando oímos decir de alguien que se dedica a la literatura, a la música o al cine que es una persona esencialmente romántica, solemos sentir siempre, no sabría decir muy bien por qué, como una mezcla de simpatía, de ternura y de afecto casi inmediatos hacia esa persona, y enseguida queremos conocer las obras que ha escrito, escuchar las canciones que ha compuesto o ver las películas que ha dirigido si no las conocíamos previamente ya. Quizás lo que más nos atrae de los artistas románticos es saber que sobre todo nos hablarán de la vida, de los sentimientos y del amor, y que, además, lo harán siempre en un grado superlativo, absoluto, apasionado, extremo. Si nos fijamos bien o escuchamos con atención, no parece haber vida más plena o más vacía, ni día más hermoso o más terrible, ni amor más maravilloso o más lleno de sufrimiento -y siempre además sin término medio-, que los vividos por las personas que cuentan con un temperamento o con un carácter que podríamos definir como claramente romántico. En el día a día de nuestra vida cotidiana, en nuestro entorno familiar o en nuestro círculo de amistades, rara vez solemos coincidir o encontrarnos con personas esencialmente sentimentales o románticas, así que cuando aparece un ser así en nuestra vida, solemos cuidarle y protegerle siempre de un modo muy especial, por si finalmente fuera verdad que se trata de uno de los últimos románticos, de uno de esos seres maravillosos que con su mirada, sus acciones, sus suspiros o sus palabras nos hablan de la alegría de estar tristes o de la melancolía de haber conocido unos días alegres.

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08

06 2010

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  1. Tu Admiradora #
    1

    Hola Pep, si que existimos los románticos, no se si somos los últimos, o realmente somos los únicos que nos atrevemos a decirlo abiertamente. Yo soy romántica, y no me avergüenzo de ello. Mi corazón sufre por amor, me emociono por una canción, me alegra una carta, me enternece una mirada que no necesita palabras,me gusta regalar flores, me emociona un gesto inesperado………… y muchos más pequeños detalles que sería demasiado extenso exponerlos, y que a muchos les parecerían noños, inexplicables e imperceptibles. Me alegro de mi excesivo románticismo, aunque sufra, también en mis momentos de lucidez me siento más viva que los critican mi sensibilidad. Le doy gracias a mi corazón por hacerme sentir tan viva y tan enamorada del Amor.