Los cínicos me superan

En nuestra profesión suelen abundar los cínicos, las personas que parecen estar de vuelta de todo o de casi todo, los periodistas incapaces de tener una palabra buena, amable o sincera hacia casi nada o hacia casi nadie, excepto, quizás, hacia quienes son como ellos mismos. Es cierto que cínicos puede haberlos en cualquier profesión, pensemos sin ir más lejos en la política, o que podemos encontrarlos también en el seno de nuestras propias familias, pero es en el periodismo en donde parecen destacar más y en donde parece hacerse más evidente ese carácter incapaz de reconocer mérito o valor alguno a lo que objetivamente sin duda lo tiene o debería de tenerlo. Detrás de cada cínico suele haber casi siempre un amargado, un rencoroso, un ser sin escrúpulos, una mala persona. Personalmente, he conocido a varios compañeros y compañeras de profesión así, y la verdad es que me ponían y me ponen literalmente enfermo. Es como si con su cinismo, en ocasiones realmente muy extremo, nos debilitasen y agotasen por completo psíquicamente, y, al mismo tiempo, hicieran también el mundo un poco peor cada día, los días grises un poco más grises, los días malos un poco más malos aún. Un cínico nunca está contento con nada, todo le parece mal, cree estar en posesión de la verdad absoluta y cuando decide hacer daño a alguien, lo hace como nadie, a conciencia y a fondo, sin el más mínimo freno moral o ético. A un cínico se le puede descubrir antes que nada cuando habla de la vida de los demás, por supuesto siempre negativamente, o cuando emite juicios sobre, por ejemplo, literatura o cine. Un cínico no soporta de ninguna de las maneras que una historia acabe bien, que tenga un final feliz, ya sea en una novela o en una película, o incluso en nuestras propias vidas, y cuando eso sucede, enseguida empieza a poner calificativos y a hablar de cursilería, de ñoñería, de sensiblería, de almíbar o de pastel. Como respuesta a esta manera tan dura y áspera de enfocarlo todo, yo diría que a nadie le amarga un dulce… excepto a un cínico. A mí, en cambio, me encantan los finales dulces, tiernos y felices, con perdices -o ensaimadas- incluidas, aunque hasta ahora no pueda decirlo por propia experiencia personal, aunque sí, al menos, con una sonrisa. Por contra, un cínico nunca sonríe, salvo sardónicamente, y cuando se ríe no se ríe “con” alguien, sino que se ríe siempre “de” alguien. Decía el maestro Ryszard Kapuscinski, en el libro del mismo título, que Los cínicos no sirven para este oficio. Pero por desgracia son los cínicos los que más parecen triunfar hoy en él.

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09

06 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    En un principio, los cínicos formaron una escuela filosófica en la que se asumía que el mayor y último fin del hombre debía ser la búsqueda de la felicidad, a través de la virtud. Con el tiempo dejan de obedecer el orden establecido y son acusados de actuar con desfachatez. Así, a lo largo de la historia, el término fue adquiriendo un significado cada vez más peyorativo y hoy, se le asigna a quien actúa de manera procaz o desvergonzada. Los cínicos de hoy no actúan, sin embargo, en la búsqueda de la virtud, sino atentando en contra de lo que se puede considerar como éticamente admisible. En efecto, un cínico de hoy no es un hombre virtuoso, sino alguien que abusa, miente, conspira, todo sin recato o consideración alguna por el bienestar de los demás, y más aún, en detrimento de los derechos ajenos. Hay pocas cosas peores en la vida pública que sus dirigentes se conviertan en cínicos o bien, que siéndolo, puedan llegar a convertirse en representantes populares o en gobernantes. Cuando esto ocurre, es sin duda síntoma de que algo está muy mal; de que el tejido social está roto y de que las instituciones han perdido la capacidad de garantizar que sólo quienes tienen una formación y una verdadera vocación por el servicio público pueden acceder a cargos de representación o responsabilidad pública. ¿Hasta cuando el pueblo permitirá que los partidos que los encumbran en el poder continúen postulando a personas que, por su inconsistencia espiritual están muy lejos de poder construir equipos y proyectos de trabajo que permitan revertir las oprobiosas condiciones de marginación, desigualdad y pobreza que hay en nuestro país?.
    Estos personajes son a quienes Shakespeare describe como las hienas que pueden reír y reír, mientras el moribundo rey, contra quien conspiraron, yace tendido. Esta es la vida de los cínicos de hoy, mientras que en el otro extremo, los pobres, los hambrientos, llevan marcado el rostro de la desesperación, el grito y el espanto.